Seguro que en numerosas ocasiones me habéis leído que el fútbol no gira únicamente en torno al balón. Son varios los factores externos, estados de ánimo, factores condicionales…El fin de semana pasado encaramos el partido más complicado de la temporada frente al cadete de un equipo de LaLiga, el cual está obligado a ganar la competición.

Cuando juegas este tipo de partidos tienes que tener claro que son superiores a ti pero que tú no eres inferior. Ya sé, diréis que es una incongruencia pero usar vocablos que devalúen al grupo no será para nada beneficioso. Es sensato recordar que son mejores y que la presión recae sobre ellos, que tienen la obligación de ganar. Uno de los días de entreno jugamos un partido contra nuestro filial con consignas bien claras y teniendo en mente el complicadísimo partido que nos esperaba el fin de semana.

Pues bien…nada salió bien, saques de banda rápido, faltas rápidas, circulaciones en zonas de penalización sin sentido, juego en corto iniciado por el portero e incluso en ocasiones cierta complacencia, que por cierto, no la soporto. Voy a hacer un paréntesis. Mi objetivo como entrenador, el mío, insisto, otros tendrán otros, se resume en generar el mayor número de ocasiones posible y por el contrario que no nos las generen en contra, que mi equipo sepa competir, el camino escogido es lo que diferencia a unos de otros. Para ello tengo que adaptar las virtudes de mis jugadores a los rivales que nos encontremos. Digo esto por comentarios del tipo “renunciar a un estilo“, “perder tiempo”, etc. Prosigo.

Equipo del Numancia temporada 1996

Ejemplo de saber competir fue el Numancia de la temporada 1996, donde llegó a cuartos de Copa del Rey estando en Segunda B y tras eliminar a: San Sebastián de los Reyes, Real Sociedad, Racing de Santander y Sporting de Gijón.

Estos partidos duran más que nunca 80´digo esto porque un gol puede venir en cualquier momento, me explico. Encajar o meter pronto no debe hacer cambiar el planteamiento del partido, si eres víctima de un gol en contra…paciencia, ir a por el empate puede favorecer que el rival aproveche los espacios que otro rival a lo mejor no lo hace pero el que nos ocupa sí. Cerrar espacios por dentro es factor primordial si queremos rozar el éxito ante equipos combinativos, ir a por el gol a tumba abierta nos desprotegería. Otro aspecto importante es “matar” el ritmo de partido, habrá momentos en los que no nos interese porque el ritmo nos beneficie pero serán mucho menos numerosos. ¿Cómo lo detenemos?  No soy partidario de la falta fácil, principalmente porque te puedes cargar de tarjetas y a la larga te puede penalizar. Si ya es complicado competir en igualdad, hacerlo en inferioridad puede ser devastador. Me interesa más hacer de cada saque de banda o meta, de una falta, un respiro, una bocanada de aire que dé un margen para organizarse.

Por último la intensidad es imprescindible. Si renunciamos al choque, a correr, a la disputa, estamos muertos antes de ponernos las botas. Ir a estos partidos como víctimas y conformándonos con que un 4-0 o 5-0 es bueno, es matar lo único por lo que trabajamos de lunes a viernes. Competir. Si renunciamos a eso nada merece la pena. Nos pueden ganar en muchos aspectos, más altos, más fuertes, más guapos y con las botas más caras pero a ganas, actitud y concentración nadie debería de ganarnos.

Sobre El Autor

Entrenador Nivel 2, dirige la sección "La pizarra de Héctor"

Estudié Ciencias de la Actividad Física, soy Técnico en Psicomotricidad y entrenador de fútbol, mi pasión de siempre. Llevo entrenando desde los 18 años y lo que más me gusta es el trabajo de campo, el contacto con el jugador, la tarea y sus evoluciones. Mis gustos se decantan hacia el fútbol de toque, vistoso y con ritmo, digamos que el Barça de Rijkaard es una referencia.

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