En el fútbol, como en la vida, las posibilidades de revancha ante una derrota se presentan siempre. Unas veces más tarde y otras más pronto, pero siempre llegan. Sólo hay que tener paciencia y estar listos y preparados para cuando el destino haga que te vuelvas a cruzar con quién te venció.

En la Eurocopa de Alemania de 1988, el equipo anfitrión se las prometía muy felices cuando, en la semifinal frente a Holanda, Lothar Matthäus consiguió el 1-0 a los diez minutos de la segunda mitad del partido. Sucedió entonces que la selección de Van Basten, Gullit, Rijkaard y Koeman, entre otros, logró remontar el gol alemán imponiéndose por 1-2.

El equipo holandés terminaría logrando la victoria en la Final frente a la URSS con aquel maravilloso gol de Marco Van Basten y otro de Gullit.

Dos años después, en el Mundial de Italia, el vigente campeón europeo partía como uno de los favoritos para alzar la Copa del Mundo. Pronto se vio que no andaba fina la selección naranja, con un fútbol más bien ramplón. Se clasificó para la siguiente ronda tras empatar los tres partidos de la Fase de Grupos ante Egipto, Inglaterra e Irlanda.

En el cruce de Octavos le tocó jugar frente a Alemania, a la que se le presentó la oportunidad de tomarse la revancha por el partido de la Euro´88. Y lo hizo.

En un Giuseppe Meazza abarrotado, los germanos bailaron a la selección dirigida por Leo Beenhakker. Jürgen Klinsmann y Andreas Brehme dejaron el partido finiquitado con dos golazos, aunque Ronald Koeman puso algo de emoción con el gol anotado en el último minuto del partido. Alemania terminó ganando ese Mundial y los holandeses fueron la mayor decepción del campeonato, del que Van Basten se fue sin anotar un solo gol.

Pero lo curioso de ese encuentro llegó cuando todavía el marcador no se había movido. En el minuto veinte, Frank Rijkaard fue amonestado tras zancadillear a Rudi Völler. Ambos jugadores se encararon y el ex entrenador del F.C. Barcelona escupió en la rizada melena del alemán.

Rudi fue a quejarse al árbitro y vio la tarjeta amarilla por la protesta. En el saque de esa falta, el portero holandés agarró la pelota con la oposición de Völler, que amagó con chocarse y terminó por los suelos. Van Breukelen le recriminó al delantero esa acción y Rijkaard le agarró de los pelos.

El rubio, fuera de sí, se encaró con el portero y terminó por los suelos de manera lamentable, ya que nadie le empujó para que acabara derrumbándose. Rijkaard y Völler vieron otra amarilla y ambos fueron expulsados. El holandés buscó al alemán y le volvió a escupir en los rizos. Rijkaard se partía el pecho de la risa mientras Völler, que estuvo torpe, pardillo e inexperto como un alevín, no salía de su asombro.

Dos años después ambos países volvieron a enfrentarse en la Eurocopa de Suecia. Holanda venció por 3-1 y Rijkaard anotó el primer gol en un encuentro en el que el otro protagonista de esta historia no participó. Parecía que el equipo de Van Basten y compañía volvía a tener el nivel de 1988, pero no contaban con que en esa edición del campeonato continental, se produjera una de las mayores sorpresas de la historia del fútbol, protagonizada por Dinamarca.

Quien sabe, quizás en el próximo Mundial de fútbol vivamos un nuevo capítulo de este cuento entre dos rivales históricos. Veremos.

Sobre El Autor

Apasionado del fútbol y Bético por encima de todas las cosas. Continuamente pendiente de la actualidad del club verdiblanco, disfruto y sufro con las alegrías y sinsabores del Betis. Ser Bético es real como la vida misma, ya que uno aprende a levantarse tras continuas caídas. Y ahí está la verdadera fuerza del Betis: en sobrevivir a los contratiempos.

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