Jugaba ayer el Cádiz ante el Espanyol uno de los encuentros de dieciseisavos de final de la Copa del Rey y me vino un nombre a la memoria. Álvaro García. En menor o mayor medida, casi todos los andaluces, en Jerez no pensarán igual, le guardamos cariño al histórico conjunto amarillo. Por ello, cuando se difunden sus partidos en televisión, béticos, sevillistas, recreativistas, etc., suelen echar un vistazo a la evolución del equipo gaditano y apuntar el nombre de sus jugadores destacados. Por ello, me preguntaba ayer qué había sido de un extremo con tanta proyección como el utrerano. Sabía que se había ido al Rayo Vallecano en verano pero no había oído hablar de él como se apuntaba a tenor de los numerosos clubes que lo pretendían. Entonces lo entendí, este año es un revulsivo.

Muchos jóvenes se preguntaran qué es eso, un término con ese sabor tan añejo. Y no les falta razón. El aumento de la exigencia física que caracteriza al fútbol moderno deja poco espacio a la utilización de estas piezas. Hoy en día, la preparación de los equipos es tan alta en cuanto a lo físico que vivimos una época de igualdad centrada en el desnivel técnico. Resulta muy difícil encontrar resultados a primer nivel que queden desequilibrados por la diferencia de condiciones, cuando hace décadas marcaba más de una derrota. Ahora es el detalle táctico o de calidad el que decanta el signo de un partido, algo que podemos constatar en la liga más disputada del siglo. Por ello, parece casi obsoleto convertir a un jugador en revulsivo, decantador de segundas partes.

Solskjaer final Champions 1999

Solskjaer en la famosa final de Champions del 99 ante el Bayern.

Sin embargo, desde que el fútbol es fútbol siempre ha existido la figura. Un actor tan protagonista como secundario, pues si abandona el banquillo ya pierde su condición. Entre los muchos que podemos destacar en la historia del balompié, nos encontramos con leyendas como Salvatore Toto Schillaci. El italiano no daba para titular pero con su carácter cosechaba un gran bagaje goleador en los minutos finales, como los seis que consiguió en Italia 90. O Paco Llorente, eterno suplente de la Quinta del Buitre, pero decisivo en muchas segundas partes. También se disfrutó de otro revulsivo en la otra acera, la colchonera, que disfrutó entre sus filas de un claro referente, el vaquerito Sabas, desatascador habitual en el primer Betis de Serra. Pero tampoco hay que olvidar a Bierhoff, que le brindó la Eurocopa del 96 a la selección alemana, o al noruego Solskjaer, que le salvó más de un punto al bueno de Ferguson en Old Trafford.

Por tanto, podemos establecer un perfil más o menos definido del jugador revulsivo tipo. Lo primero es que debe deambular en posiciones de ataque. Lógicamente, cuando se da entrada a un jugador de este corte se busca una reacción positiva en un contexto negativo, por lo que su incidencia se debe centrar en la portería contraria. Por lo cual, lo normal es que jueguen de arietes o extremos. La segunda condición es la velocidad. Para darle la vuelta a una dinámica y sorprender ante la extenuación de las defensas rivales es necesario contar con la chispa suficiente. Esto entronca con la baja estatura de la mayoría, que unida a esa rapidez dificulta el marcaje de los cansados centrales. La tercera condición es el carácter. El revulsivo debe saber que lo es y creer en esa misión. Sin el aporte mental necesario para salir enchufado, el futbolista no puede cumplir con el objetivo. Y lo más importante, debe tener gol. Sin gol no hay desequilibrio, pese a que algunos le baste con regate o pase.

Bierhoff Euro 96

Bierhoff brindó la Eurocopa 96 a Alemania con dos goles en 26 minutos de juego.

De todos estos ingredientes se compone un jugador revulsivo, una especie en peligro de extinción. Con la carga de partidos que se sufre en la élite es difícil que no se aproveche a estos jugadores para titularidades intersemanales, perdiendo así el halo que les caracteriza. Sin embargo, parece que algunos entrenadores buscan recuperar esta figura que tantas alegría dio a las aficiones. De hecho, Valverde alabó a Dembelé ante el Atlético por ello: “En el fútbol está poco valorado y es importante los jugadores que pueden cambiar la dinámica del partido y no todo el mundo tiene esa cualidad.” Como romántico del fútbol ansió la vuelta del jugador revulsivo, su capacidad para sorprender y dotar de locura al aburrido fútbol control. Porque con revulsivos, las segundas partes siempre fueron buenas.

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