Consternado aun por la repentina y triste muerte de Sebastián Alabanda, es imposible no recordar el día más feliz que he vivido como bético. Bien sabría Alabanda a lo que me estoy refiriendo, ya que él, 28 años antes, vivió como jugador lo mismo que los jugadores que ganaron la Copa del Rey en 2005.

Os voy a contar como viví aquel 11 de junio histórico. Llegué a Madrid a las diez de la mañana. Cervecita (hacía mucho calor para un café) y bocadillo para reponerme del viaje en autobús con mis amigos de Almensilla: Tomás, Martín, Alejandro, Maki, Alfredo y mi hermano Joaquín. Tras el desayuno, fuimos a ver donde quedaba el Calderón. El ambiente a esas horas ya era enorme, pero mínimo para como sería solo unas horas después. Pasamos la mañana refrescándonos con más cervezas y cantando y animando. Nos acercamos hasta la Plaza Mayor de Madrid y allí el colorido era espectacular.

Las dos aficiones conviviendo sin incidentes y disfrutando de un día maravilloso. Tras descansar un poco tumbados en el césped de un parque, nos dirigimos hacia el estadio para entrar prontito y evitar bullas. En la puerta estábamos cuando apareció el autobús del Real Betis que, a duras penas, intentaba avanzar. Los gritos y cánticos de ánimo de aquel momento han sido los más grandes que he pegado en mi vida.

Los jugadores del Real Betis celebrando la consecución de la Copa del Rey

Los jugadores del Real Betis celebrando la consecución de la Copa del Rey

Ya dentro del Calderón, los nervios iban en aumento conforme se acercaba el comienzo del encuentro. La primera parte fue de mucha prudencia por parte de Osasuna y Betis. Había mucho miedo a perder. Oliveira, a un cuarto de hora para el final, adelantó a los verdiblancos tras aprovecharse de un error de Cruchaga y Elía. La victoria estaba cerca, pero Aloisi consiguió empatar la Final en el minuto 82. El nerviosismo creció en la prórroga hasta límites desconocidos. Y cuando todos nos encomendábamos a Doblas para la ronda de penaltis, el Betis realizó un contragolpe modélico que culminó Dani con un zurdado cruzado para darle al club andaluz su segunda Copa del Rey.

Recuerdo a mi primo Javier con la cabeza metida entre las piernas sin querer ver ni un solo minuto de la prórroga y a mí diciéndole que la contra era buena. Y vaya si fue buena. Cuando Pérez Burrul pitó el final del partido, la explosión de alegría fue indescriptible. Volvimos a cantar aquello de “arriba, arriba, arriba, arriba Betis campeón, somos campeón de España, somos campeón de España en el Vicente Calderón”. Ver a tu equipo conseguir un título es lo máximo que puedes vivir como aficionado. Las lágrimas eran incontrolables y caían sin remedio. Fue el día más bonito y feliz como bético.

Nueve años después, ya veis cual es la situación del club verdiblanco. Recién descendido a Segunda, está viviendo una crisis institucional y deportiva que tienen una complicada solución. Y encima tenemos que soportar mazazos tan tristes y desgarradores como la muerte de un bético que hace pocas semanas decidió entrar a formar parte del Consejo de Administración para ayudar al equipo de sus amores en estos difíciles momentos.

Así de cruel es la vida. DEP Alabanda.