España vapuleó ayer a Argentina en un partido difícil de olvidar para ambas selecciones, sobre todo estando a pocas fechas del Mundial. El 6-1 final nos habla de una diferencia sideral en cuanto a eficacia y un salto de calidad entre ambas selecciones, acrecentado por las bajas, pero innegable. Mientras España parecía un equipo de club, acostumbrado a verse a diario, bien trabajado y dirigido, Argentina parecía una banda digna de un partido de solteros contra casados. Buenos jugadores desconectados, inseguros y fallones.

Ambos equipos llegaban al partido con buenas sensaciones, lo que lo convertía en una cita de lo más interesante. España debutaba en la que se rumorea que podría ser su sede fija para partidos importantes, el Metropolitano madrileño, tras una brillante fase de clasificación y un partido ante Alemania más que esperanzador. Los argentinos tuvieron que contener la respiración durante la liguilla en la que se deciden los billetes sudamericanos para el Mundial, salieron victoriosos a pesar de las dudas en cuanto al juego y empezaban a recargar las baterías de su ánimo de cara al verano ruso que les espera, sobre todo con la solvente victoria de la pasada semana ante Italia. Como hablábamos hace unos días en esta misma página, la pasión de la afición albiceleste es un arma de doble filo, y la derrota de ayer, a buen seguro, va a hacer mucho daño a las expectativas de cara al Mundial.

Lopetegui formó un habitual 4-3-3, con muchísimo toque en el centro del campo y vértigo en la línea superior. Con dos laterales muy profundos y extremos con mucha movilidad, que aparecen tanto por dentro como por fuera. A pesar de las bajas de Busquets y Silva, dos jugadores importantísimos para la selección, el once resultaba de lo más competitivo y atractivo. Por su parte, Sampaoli dispuso un 4-2-3-1 que, con las bajas de Di María, Agüero o Messi como hombres más importantes, resultó una alineación poco habitual, provocando falta de coordinación. Como siempre, quisieron el balón y trataron de adelantar líneas, pero dejaron demasiados espacios en defensa que fueron aprovechados por España.

En ambas selecciones formaban de salida los metas del Manchester United. El titular en España, De Gea, que fue poco exigido y pecó de confiado. Este portero tranquilo a veces comete fallos de este tipo, aunque eso no le reste un ápice de su calidad. No obstante, cabe decir que en el gol de Argentina comete un error grave minimizado por el abultado resultado final, pero el balón se le cuela entre los brazos de una forma difícil de entender. Eso sí, se hizo perdonar en la espectacular asistencia para el gol de Iago Aspas. A Romero no le podemos juzgar, estuvo seguro en las primeras acciones, incluso teniendo que fabricar juego con los pies, pero un duro golpe con Diego Costa en la jugada del primer gol, donde fue valiente en la salida, le mandó al banquillo a los 20 minutos. Su sustituto, Caballero, no puede ser considerado culpable de la goleada, pero pudo hacer algo más en algunos de los goles.

Los laterales españoles, Alba y Carvajal, estuvieron tan brillantes como acostumbran. Muy presentes en ataque y en su sitio a la hora de defender, sin rehuir la batalla. Los centrales, Ramos y Piqué (del que hablaremos un poco más adelante), tuvieron algún pequeño despiste probablemente por verse un tanto sobrados ante sus rivales, pero son un seguro y dos de los mejores de su puesto a nivel mundial ¿qué más puede pedir Lopetegui? En esta línea, Azpilicueta salió por un Piqué que arrastra molestias a 20 minutos del final y Marcos Alonso debutó con unos minutos que mostraron algo de su calidad. Por parte argentina, Bustos y Tagliafico ocuparon los laterales y, como ante Italia, estuvieron fuera de sitio, llegando tarde a las ayudas y a la hora de bascular. Incluso Tagliafico debió haber terminado expulsado. En cuanto a los centrales, Otamendi y Rojo se vieron superados claramente por la movilidad de sus rivales. El primero de ellos al menos marcó, pero el del Manchester United solo encontró a sus rivales para pegarles.

Thiago Alcántar celebra gol Espña

El centro del campo español fue una delicia. Tal vez le faltó en algún momento esa seguridad y el apoyo a los defensas que le da Busquets, y se perdió algún balón de más en zonas comprometidas, pero Thiago, Koke e Iniesta tuvieron momentos de combinación en los que recordaron a los mejores momentos de nuestra selección. Mención aparte merece Koke, quien con Lopetegui se está afianzando tras unos primeros años dubitativos a las órdenes de Del Bosque. Estuvo casi perfecto en la distribución del balón, pero también colaboró en la destrucción. Y quien quiso enterrar a Iniesta por su pasada temporada, está tragando bilis este año. Este mediocampo, además, mezcla perfectamente el habitual pase corto con buenos desplazamientos largos. También ingresaron en el segundo tiempo Saúl Ñíguez por Iniesta, que no desentonó y dejó algún buen detalle cuando se necesitaba más músculo en esa línea, y Parejo, que debutó por Thiago sin tiempo de hacer grandes cosas.

Argentina contó con Mascherano y Biglia en línea para la contención. En el primer tiempo aguantaron el esqueleto del equipo, e incluso el del Milan logró sacar algún buen balón desde atrás para conectarlo con las líneas ofensivas, pero en la segunda mitad se diluyeron hasta prácticamente desaparecer. El exbarcelonista fue sustituido cuando la tormenta española ya había decidido el partido. Entró por él Cristian Pavón, un joven extremo de mucha calidad que tardará poco en llegar a algún buen club europeo. Por delante de ellos, Banega cubría la mediapunta con Meza y Lo Celso en las bandas. El sevillista no manejó demasiado el juego, ya que las llegadas argentinas vinieron de robos de balón en tres cuartos de campo o de contraataques rápidos, y acabó sustituido por un Pablo Pérez que dejó algún detalle en los minutos finales. Meza, otro de los jóvenes que aun juegan en la liga argentina fue probablemente el mejor de su equipo. Muy profundo por la izquierda, dejó buenos centros. Lo Celso por su parte adoleció de su habitual frialdad, que congela muchas veces su calidad. Marcos Acuña salió por él sin tiempo para mostrar nada.

La delantera española presentó la vuelta de Diego Costa como ariete. Anotó a los 11 minutos un gol de punta nato, jugada en la recibió un fuerte golpe que le penalizó hasta el descansó, cuando fue sustituido. En su lugar entró Iago Aspas, que se movió magistral en el espacio dejado por la adelantada defensa argentina, anotó y asistió con brillantez. Muy difícil que Lopetegui no lo lleve al Mundial. Fueron intercambiando posiciones Isco y Asensio. Los dos amigos y compañeros en el Real Madrid mejoraron cada balón que recibieron. Aunque Asensio se fue diluyendo con el paso de los minutos, su arranque fue muy brillante, y sigue dejando la impresión de que el futuro es suyo.

Pero qué decir de Isco. Fue sin duda el mejor del partido, pero es que es uno de los mejores futbolistas del mundo y sabe que este Mundial puede suponer su salto definitivo. Anotó tres goles apareciendo en el sitio perfecto en el momento exacto y definiendo con precisión quirúrgica. En cada intervención denotó superioridad y elegancia. Incluso en sus declaraciones de después del partido fue elegante al darle un palo a Zidane, autoinculpándose de no haberse ganado su confianza. Fue sustituido por un Lucas Vázquez que aprovechó sus 15 minutos para dejar alguna buena jugada y salió entre la ovación de un público rendido a la magia.

En Argentina formó arriba Higuaín, que tuvo una clarísima oportunidad a los cinco minutos que pudo cambiar el partido y aportó buena presencia. Fue sustituido para la última media hora por Lautaro Martínez, que demostró ser una interesante promesa, muy potente e inteligente, pero algo verde aun para duelos como el de ayer.

Sergio Ramos besa bota Isco Alarcón

El partido mostró dos tiempos muy diferentes. En la primera mitad se alternaron en el mando, aunque España arrancó dominando y jugando muy bien el balón, Argentina tuvo la primera oportunidad. Pero España quien acertó, primero por medio de Diego Costa y luego con el primero de Isco, ambos a pases de Asensio. Con 2-0 antes de la media hora, Argentina despertó y buscó algún manejo. En los breves minutos que tuvo el control, encontró un gol de Otamendi al rematar un córner en el que midió mal Sergio Ramos para el despeje y De Gea falló al ir a agarrar la pelota. Al descanso se llegó con la sensación de que España fue mejor, pero que Argentina tenía mimbres para asustar.

Avalancha de fútbol en el segundo tiempo

En la segunda mitad, quiso Sampaoli adelantar líneas. Pero cuando adelantas la defensa, debes dominar el centro del campo, así que como la medular era territorio hispano, los centrocampistas locales pudieron inflarse a buscar los movimientos de desmarque de Aspas, capaz de recibir, levantar la cabeza y encontrar la mejor opción. Así llegaron antes de los diez minutos de la reanudación un nuevo gol de Isco y el de Thiago, para decidir el partido con media hora por delante. Ese tiempo transcurrió con Argentina desintegrándose a base de desajustes posicionales y patadas fuera de lugar, y con España gustándose al ritmo de los olés del Metropolitano y rematando la faena con dos goles casi seguidos de Aspas y, por tercera vez, Isco. Cuando el malagueño se fue, con 15 minutos por delante, se acabaron los goles, como si de una señal de respeto se tratara. Argentina apretó algo, con más corazón que cabeza, y el partido terminó con un histórico 6-1 para disfrute del personal local, e incredulidad de Messi, que lo veía desde el palco.

No deben tomarse conclusiones aceleradas sobre el papel de favorito de España. Ayer Argentina tenía bajas y el partido salió a la perfección, el resultado fue algo exagerado aunque sí demuestra la superioridad de los locales. Pero, siendo conscientes de que son muchos los combinados peligrosos que podrían ser capaces de ganarnos en el Mundial, no debemos ocultar nuestra condición de candidatos al título, con un juego que mezcla brillantez y eficacia, tenemos derecho a ir ilusionados a Rusia. En cambio Argentina, con poco cuajo como equipo, deberá encomendarse a San Leo Messi (que no es poco) y a la suerte e inspiración que puedan tener todos durante ese mes. A veces los Mundiales dan sorpresas.

PD: Siempre que juega la selección hay que echarle un vistazo al “asunto Piqué”. Tras haber podido borrarse de esta concentración por la lesión de rodilla que arrastra desde hace tiempo, o por la fiebre que no le dejó entrenar en los primeros días, a tirado de compromiso para ayudar a su equipo, poniendo en riesgo el resto de la temporada. Incluso dijo en una carta hace una semana que el mejor momento de su vida fue ganar el Mundial (mientras que, por ejemplo, un capitán de sobrada españolía como es Casillas, dijo en su día que le ilusionaba más ganar la Champions con el Real Madrid). Sin embargo, algunos siguen pitándole cada vez que toca el balón. De tontos está el mundo lleno. Al menos, al ser cambiado pudo escuchar un amplio aplauso de los presentes ayer en el Metropolitano.