Santiago Bernabéu, 20:45 de un 14 de Febrero, dícese día del amor, día perfecto para no tener que rendir cuentas a nadie. Lo más cariñoso que hubo fue el saludo inicial entre Marquinhos y Ramos antes del pitido inicial. Comenzó el partido como se esperaba, el PSG llevando la intención con balón y los blancos con presión alta, pero sin chispa, al menos no esa chispa agresiva, esa que no cesa, que no especula, la que te mete ese miedo en el cuerpo como rival y que te hace preguntarte que hace uno en San Valentín en el Bernabéu pudiendo estar acurrucadito en el sofá abrazadito a la parienta.

El PSG estuvo cómodo, demasiado a mi parecer para estar como visitante. A pesar de la mencionada presión alta no sufrió e incluso en determinados momentos consiguió llegar a tres cuartos con cierta facilidad. Y ahí las tuvo, no ocasiones del gol claras de mano a mano con Keylor pero sí situaciones que deberían replantear a Zidane el trabajo defensivo que está realizando con los suyos. Kroos no estuvo fino hoy, el encargado de cubrir la espalda de Marcelo no llegaba, parecía que llevara lastre en las piernas, y es que es por ahí por donde llegaron las primeras de los parisinos, ganando la espalda del brasileño. Sobra decir que no hace falta hacer un máster en análisis del rival para saberlo, pero sorprende que el conjunto blanco se deje atacar por ahí. Por otro lado Emery tiene mucho potencial arriba a pesar de un sobrevalorado M’Bappe o un muy generoso Neymar en la noche de ayer. Con espacios son letales.

Con el 0-1 en una nueva contra por el carril derecho bien finalizada por el canterano Rabiot, el PSG adelantó las líneas y fue a buscar al R. Madrid a su propio campo. Me sorprendió y me gustó, pues critiqué a Unai tras el 6-1 en el Camp Nou por regalar 60 metros a los blaugranas y ahora estaba tomando medidas. Tras el empate de los blancos esta conducta se vio cambiante y es que el Madrid despertó, no en cuanto a juego colectivo si no a chispazos, esos cambios de ritmo de Marcelo que es el jugador más diferencial junto al croata Modric. Las llegadas por fuera de los blancos por ambos carriles son sinónimo de peligro. Y es que las tres acciones de los goles blancos vienen por el carril izquierdo, ¿casualidad? Podría, pero un servidor no lo cree.

Los de Zidane no están bien, y eso se detecta en cuatro acciones, fase ofensiva y defensiva con juego directo e ídem en posicional. El Madrid no ataca con unos mecanismos claros y eso se agrava cuando el factor sorpresa recae totalmente sobre Marcelo, que sin la presencia de Carvajal se ve sobreexplotado. A la contra no es tan explosivo como lo era antaño y es que Benzema, Cristiano y compañía cumplen años y la contundencia mengua. Cristiano tiene dos ocasiones, una con cada pierna que hace un lustro acabarían con el Bernabéu coreando su nombre. Sirva a modo de reseña que la entrada de Asensio y Bale dieron otro aire y de ahí el 2-1 y posterior 3-1. A nivel defensivo… en fin, Helenio Herrera, que en paz descansé, debe estar dándose cabezazos. La temporada pasada, aún no teniendo un patrón de ataque reseñable sí defendían en bloque y eran un equipo de once al que hacerle un gol era casi imposible. Ahora el conjunto se descompone en los ataques directos del rival y en los ataques posicionales no existen las ayudas oportunas, Ramos cayendo a banda y nadie cubriendo su espalda, los repliegues llegan tarde…

Zidane banquillo Madrid

El resultado de la noche de ayer es muy engañoso y me atrevería a decir que injusto. Ni el Madrid mereció ganar ni los franceses llevarse tres goles de vuelta a París. No me preguntéis qué es, si Juanito, Di Stefano o Prosinecki pero el Madrid es más Real en la Champions donde los detalles priman y los errores penalizan. Desde un análisis objetivo los blancos tienen muchos aspectos que mejorar para sacar algo esta temporada. Una vez más concluye un partido muy trascendental de los de Chamartín con la sensación de que se desconoce el juego. La única esperanza que me queda es pensar que Zidane quiere los partidos como los de hoy, cortos, en los que no pase nada, jugar a esperar esos destellos cada vez menos frecuentes.

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