El banquillo del Real Betis es más inestable que el trabajo en España, que ya es decir. Dieciséis entrenadores distintos (varios de ellos con dobles etapas) en desde el año 2000: a entrenador por año.

Esa inestabilidad en el cargo de primer técnico del equipo de Heliópolis es un hándicap para que el club verdiblanco crezca y se sitúe en el lugar que merece por historia y afición. Este año ya se ha producido un relevo de entrenador y la dirección deportiva anda buscando a otro que le sirva para encabezar el proyecto bético de aquí a unos años. Por este motivo sigue Juan Merino al frente del Real Betis.

No nos engañemos: la labor de Merino es digna de elogio. Ya lo fue en la temporada pasada, cuando logró un pleno de victorias en los cuatro partidos que estuvo dirigiendo al equipo andaluz, antes de que llegara Pepe Mel. Este año, dejando al margen el partido de vuelta de Copa del Rey frente al Sevilla, ha logrado que un equipo muerto y sin alma compitiera sin complejos ante el Villarreal C.F. y el Real Madrid, obteniendo dos meritorios empates.

Pero está claro que desde la dirección deportiva bética quieren a otro entrenador para que sea el mandamás del proyecto. Y razón no les falta. Merino no tiene la experiencia que se requiere para ser el entrenador del Betis para una planificación a largo plazo. Es cierto que a ganas, entrega y beticismo no le va a ganar nadie, pero eso no es suficiente para asumir las riendas de la primera plantilla de Heliópolis.

Juande Ramos y Capi Betis

Capi y Juande Ramos en la temporada 2001/2002

De momento seguirá una jornada más dirigiendo al club de sus amores y no es descartable que siga hasta final de la temporada. Pero lo que parece claro, salvo sorpresa mayúscula, es que no será el entrenador que quieren los dirigentes del Real Betis para consolidar su proyecto. Ese puesto tienen un nombre marcado en letras grandes: Juande Ramos.

Sobre El Autor

Apasionado del fútbol y Bético por encima de todas las cosas. Continuamente pendiente de la actualidad del club verdiblanco, disfruto y sufro con las alegrías y sinsabores del Betis. Ser Bético es real como la vida misma, ya que uno aprende a levantarse tras continuas caídas. Y ahí está la verdadera fuerza del Betis: en sobrevivir a los contratiempos.

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