En el artículo del miércoles pasado aseguré que, salvo milagro en la eliminatoria de Copa del Rey frente al Sevilla F.C., Pepe Mel sería cesado como entrenador del Real Betis tras el doble enfrentamiento contra el eterno rival. Me equivoqué en la fecha pero no en el destino del técnico madrileño.

De hecho, tras la alineación que puso sobre el césped del Villamarín el ex entrenador bético en el partido de ida del pasado 6 de enero, debería haber sido despedido esa misma noche. Dejar en el banquillo a tus cuatro mejores futbolistas frente al Sevilla F.C. solo puede considerarse como alta traición al Real Betis Balompié.

Sin embargo se esperó tras una nueva derrota en Liga, esta vez en Getafe, para tomar una decisión inevitable. Se le ha de reconocer a Pepe Mel que deja al equipo con cinco puntos de ventaja sobre la zona de descenso, pero era evidente que había otros motivos que hacían necesario el relevo en el banquillo bético.

Maciá y Ollero Betis

Maciá y Ollero atienden a la prensa tras destituir a Mel

A todas luces es cristalino que el equipo adolece de una preparación física propia del fútbol profesional. Los rumores de quejas por parte de jugadores de la plantilla sobre los métodos de entrenamiento empezaron a circular por Sevilla. Todo esto, unido a que Mel no era del agrado del director deportivo, ha provocado el desenlace ya conocido.

¿Y ahora qué? Pues ahora toca acertar en la elección del nuevo entrenador y en los necesarios refuerzos que necesita la plantilla. Yo, personalmente, confío en la capacidad de Eduardo Maciá para esta misión, pero es cierto que su crédito, en lugar de aumentar, se ha visto devaluado por algunos fichajes realizados. Aunque también hay que reconocerle (como a Mel) que, de momento, su planificación deportiva está dentro de los objetivos propuestos.

Y de lo que pasó anoche en el Sánchez Pizjuán mejor no hablar. Es doloroso reconocerlo, pero lo que se vio anoche en el estadio sevillista es la pura realidad. Un equipo muerto física, táctica y mentalmente frente a otro, que sin estar al nivel de otros años, es infinitamente superior. Sinceramente, el lamentable espectáculo de ayer no se lo merecía Merino. Debió ser Mel el que se enfrentara a esta nueva humillación.

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