Recuerdo que un licenciado en Educación Física amigo mío tenía una camiseta que decía “¿Deporte es salud? Pregunte a un profesional”. ” Vaya obviedad”, le dije yo, “claro que el deporte es salud”. Pero como me explicó mi amigo no siempre es así, y el reciente caso de Álvaro Domínguez lo demuestra.

Llevar una cierta actividad física es fundamental, pero el ritmo que exige estar en la élite no es bueno para el organismo, va más allá de lo saludable.

El caso de Álvaro Domínguez, con problemas de protusiones y hernias discales, es un claro ejemplo. El jugador del Borussia Moenchengladbach no ha podido más con el dolor y la contínua degeneración que le estaba produciendo su lesión y ha decidido parar en seco para no sacrificar su vida personal a cambio de un año o dos más como futbolista.

Y no solo no ha resistido más el dolor físico, también se queja entre líneas del trato de un club que apenas reparó en su lesión, más preocupado de hacerle jugar cuanto antes y en las condiciones que estuviera porque se trataba de una pieza importante, poniendo en riesgo su salud.

En los comunicados o entrevistas que el jugador está usando para explicar su decisión, se adivina un trato despreciativo por parte de un Borussia que no le dio soluciones, ni se hizo cargo de los gastos médicos que el jugador  generó viajando por toda Europa buscando esa solución. Un uso del futbolista como mercancía que denigra a la persona y pone en riesgo su salud en aras de tener un buen marcador en el próximo encuentro.

Así las cosas, con Domínguez,  que ha declarado haberse sentido un minusvalido en su vida personal, que ha pasado por varias operaciones en una zona tan peligrosa con tal de volver al fútbol, se va un gran defensa central, que fue importante mientras estuvo en condiciones en el Borussia y que en el Atlético apuntaba maneras de crack del futuro.

Con el equipo de su vida, el colchonero, fue importante en ese Atlético que fue empezando a renacer (ganó con el equipo la primera Europa League) pero que aun se veía obligado a vender jugadores importantes (Domínguez fue uno de ellos) para reflotar su economía.

De algunas de sus palabras de estos días se destila un cariño eterno a los colores rojiblancos, algo que la afición del Manzanares (y la del futuro Wanda Metropolitano) agradece y le devuelve, ya que siempre lo consideró uno de los suyos.

Sirvan estas modestas palabras de abrazo por escrito al jugador, una persona muy agradable con quien tuve ocasión de conversar una vez hace años, pero sobre todo de reflexión para que los aficionados comprendamos lo que puede estar pasando en el cuerpo de un profesional sin que nadie se entere. Y para los propios deportistas y sus clubes, que deben anteponer la salud a cualquier objetivo deportivo.