Corría el minuto 77 y el cuarto árbitro sacaba a relucir en su videomarcador el número 8 de Don Andrés Iniesta. Se cruzó con Messi en su camino hacia la banda, le cedió el brazalete de capitán y se fundieron en un emotivo abrazo sobre territorio conquistado. Fue entonces cuando el Santiago Bernabéu no pudo contenerse más y se dejó ir en una ovación espontánea en agradecimiento a la lección de fútbol que acababa de impartir el F.C.Barcelona, personificada en el jugador manchego.

Andrés Iniesta es control y liderazgo. Sin levantar la voz, de la forma más discreta, se ha ganado el respeto y la admiración de todos aquellos que aman el fútbol de toque, clase y elegancia. Es comprensible que una afición que disfrutó de alguien como Zinedine Zidane quede rendida a sus pies, a pesar de que vista de blaugrana.

Con la marcha de Xavi ha sabido dar un paso atrás para marcar el ritmo del juego y ser el responsable de contagiarlo al resto del equipo. Bien pronto se hizo dueño del partido, junto a Rakitic, Busquets y la ayuda de un Sergi Roberto que se está acostumbrado a esto de ser determinante. Fue el joven de Reus quien, tras una exhibición de buen trato al balón en la que participaron todos los jugadores del Barça, facilitó con un cambio de ritmo que la defensa blanca abriera un hueco por donde coló la asistencia a Luis Suárez en el primer gol.

Luis Suárez Sergi Roberto Neymar celebran el 0-1

Era el minuto 10 y esto acababa de comenzar. El Barça rompía el bloque madridista como quien corta mantequilla con un cuchillo caliente. Rafa Benítez comenzaba a pagar un precio muy alto por la traición a sus propias ideas. Su propuesta basada en la presión alta, la posesión y la búsqueda de un estilo más ofensivo, conceptos muy alejados de lo que tradicionalmente ha mostrado a lo largo de su carrera, no funcionaba ante un Barça que ha hecho de estas armas su marca de identidad.

El Real Madrid sufría. Intentaba sacar el balón con un mínimo de criterio desde atrás, pero el equipo estaba partido y nadie tomaba la responsabilidad de poner orden a un caos cada vez más evidente. Una carrera de Suárez presionando a Modric hizo que el croata perdiera el balón. De Busquets a Rakitic y a Iniesta, quien necesita muy poco espacio y menos tiempo para crear. Avanzó sin oposición hasta la frontal del área, cedió magistralmente a Neymar y éste puso un poco de samba para lograr el segundo gol.

Neymar celebra el 0-2

El descanso se veía como un bálsamo, sobre todo después de que Marcelo evitara un tercer gol bajo palos. Comenzaba la segunda parte con un balón del propio Marcelo que se estrellaba en el lateral de la red y un buen disparo de James. Parecía que el descanso había servido para recomponer el orgullo merengue, pero nada más lejos de la realidad. El mismo Andrés Iniesta fue quien golpeó directo a la mandíbula, quien tumbó sobre la lona al Madrid, quien dio una brutal cuchillada final en la yugular blanca con una preciosa y letal obra de arte.

Andrés Iniesta celebra su gol

Y ahí murió el partido. El escenario estaba preparado para la vuelta de Messi a los terrenos de juego. El toque de gracia llegó otra vez de los pies de Suárez, quien tras bailar ante Navas lo batió sutilmente por alto. Iniesta se sentaba en el banquillo mientras los aplausos que acababa de recibir se transformaban en silbidos dirigidos al palco blanco. El Clásico 2015/2016 llegaba a su fin. Superioridad aplastante blaugrana. Un golpe sobre la mesa del fútbol mundial. Un 0-4 de la mano del de Fuentealbilla que deja claro que el Barça sigue hambriento de títulos y lleno de buen juego.

“Andrés Iniesta es Patrimonio de la Humanidad”

Luis Enrique Martínez

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