No vale el consuelo  ni la excusa de que todos los equipos grandes han fallado en este Mundial. Argentina, Brasil, Alemania, se han visto superados en esta Copa del Mundo. Será recordada como la de las grandes sorpresas.

Ya no es momento de señalar a Rubiales, Hierro, Lopetegui o los  jugadores. Es el momento de remangarse y empezar a trabajar en el futuro. En el horizonte, una Eurocopa en la que recuperar el prestigio perdido en Europa. En el  2022, demostrar en Qatar que no hemos dicho la última palabra como selección de fútbol capaz de competir por todo. Qué retos tiene sobre la mesa el nuevo seleccionador español es una cuestión a tener muy en cuenta.

El más difícil  reto, a nivel de deporte de élite, es recuperar la fe y confianza de un equipo al que hay que alejarle fantasmas de la cabeza por sus malas participaciones en los últimos grandes torneos. No hemos vuelvo a ser ese equipo que no pasaba de cuartos, no. No después de lograr una Eurocopa, Mundial y otra Eurocopa. Hay que mentalizarse de que sólo es un bache que puede, y debe,  superarse. Recuperar el gen ganador, esto es en definitiva la labor que requerirá más paciencia por parte del aficionado y del Míster.

Toca levantarse tras el tropiezo en suelo ruso

Ha quedado claro que hay que recomponer el equipo de arriba abajo. No pueden  volver a convocarse los mismos una y otra vez que nos hicieron campeones. No son eternos, por desgracia. No hay palabras para expresar lo que nos hicieron sentir cómo seguidores de la roja, pero no están ya las piernas para más.

Rusia ha sido el último frente para Gerard, Silva, el enorme Iniesta. Ramos veremos cómo llega a la siguiente gran cita. El nuevo equipo debe incluir nombres tales cómo Carlos Soler e Iñaki Williams. Algunos de los que chuparon banquillo en Rusia, deben ser protagonistas en el césped: Koke,  Odriozola, Thiago, Asensio, Kepa.

Basta ya de ser un equipo previsible. Debe trabajarse mucho más la pizarra. Es decir, no pasa nada si no se mueve el balón por todo el campo y no se logra llegar tocando al área rival. La posesión es un gran patrón de juego, pero usarla con cabeza también. Se debe meter en el nuevo equipo nacional que tirar a puerta  de lejos a veces es la mejor solución.

Hemos perdido la capacidad y rapidez de un buen contragolpe. Se echa de menos la simpleza y eficacia de juntar dos rápidos extremos para jugar a la banda y colgar balones para algún delantero que domine el juego aéreo.  Resumiendo, tener un plan b no está de más. El nuevo entrenador, deberá aportar dos o tres esquemas diferentes con sus correspondientes patrones de juego. Se acabó eso de cerrojazo ante este equipo, éxito asegurado. Se nos ha olvidado leer los partidos. Esa es una gran materia para recuperar en setiembre.

Junto a la recuperación de la confianza, lo más difícil es el valor. Es un momento idóneo para empezar a traer jugadores por rendimiento, no por nombre. En las últimas convocatorias se ha notado el miedo a dejar en casa a Campeones del Mundo y de Europa que no estaban en su mejor momento de forma. No es el mejor mensaje para futuros elegidos para defender la camiseta de España. Qué llegue la meritocracia de una vez.

El futuro de la selección

Tampoco está de más un mayor uso del laboratorio. Es decir, se debe estudiar más a los rivales y no confiar tanto en que por una estrella en el pecho se ganan partidos. Sería idóneo que dejasen traer, al nuevo director de juego del equipo nacional,  su propio equipo de asistentes de confianza en materia de observación y análisis de futuros rivales en grandes citas. Verlos jugar en amistosos, sus convocatorias, cómo parar sus patrones de juego, etc. Los demás equipos también juegan y se han merendado demasiadas veces ya al tiki taka.

Hay que animar todos juntos y darle tiempo al nuevo seleccionador. Roma no se conquistó en un día. Y quizás tardemos por tanto en volver a ver al equipo levantando trofeos y dando alegrías. Si las cosas se hacen con la cabeza fría y ejecutando un plan bien estudiado a medio y largo plazo, quién sabe dónde podremos llegar. La mejor receta es dejar trabajar y traer a un hombre dispuesto a trabajar a largo plazo, ahí deberíamos mirar el modelo uruguayo.

En resumidas cuentas, que en el próximo gran compromiso se tenga como objetivo el aprender a competir de nuevo, aplicando los nuevos métodos de cara a una gran cita mundialista,  y no la presión de levantar trofeo no es ninguna vergüenza. Aprender de los errores, nos hará más fuertes.

Sobre El Autor

Monologuista. Guionista y Director de Cortometrajes. Ha colaborado en diversos medios de comunicación: A un metro de Sevilla, A vista de Águila, Lebrija Digital. Radio Triana Y Onda Guillena. Colaborador habitual del periódico Montilla Digital con su sección de relatos La putada de ser piano.Es Miembro del Grupo de Investigación Influencia de los Géneros Periodísticos y de las Tecnologías en la Comunicación Social de la Facultad de Comunicación de Sevilla.

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