El Atlético de Madrid y el F.C. Barcelona lograron empatar el pasado sábado desde el estilo propio de cada uno. En un encuentro históricamente espectacular, ambos contendientes no defraudaron y dejaron, cada uno a su manera, una bonita y entretenida noche de fútbol a los aficionados propios e imparciales. Al gol inicial de Saúl a los 20 minutos, le acabó correspondiendo uno de Suárez en los últimos 10 del partido, pero además de estas dos acciones, el partido estuvo plagado de buenas actuaciones, jugadas de mérito, ocasiones y alternativas, con más oportunidades para un equipo visitante que acabó cercando la meta de un meritorio Oblak.

El Wanda Metropolitano lució sus mejores galas. Confieso que, una vez superado el ataque de nostalgia en la despedida del Calderón, este estadio cada vez me gusta más. Es cierto que tendrá que pasar algún tiempo aun para que los aficionados lo consideren como su hogar, hasta que seas capaz de llegar desde la puerta hasta tu asiento con los ojos cerrados, conozcas a todos tus compañeros de grada, en qué bar hay menos cola o que baños están más libres. Aun la parroquia atlética se mueve por dentro del campo como quien visita un terreno neutral en una final europea: te parece bonito, pero no te parece tuyo. Lo espectacular del recinto, la pantalla exterior que te invita a entrar en el partido desde lejos, la iluminación en rojo que baña su fachada, la comodidad de sus amplios pasillos… casi todo es mejor objetivamente que en el Calderón, pero aun le falta cierto “pellizco”, como dirían los flamencos.

Para ayudar a instaurar esa sensación, la presentación de la alineación local estuvo acompañada de un juego de luces y sonido con el Thunderstruck de AC/DC atronando la megafonía que recordaba a la NBA. Corren nuevos tiempos y se nota. Aunque el gran ambiente y la sonoridad del recinto quedó enrarecida por las derivadas de la situación política actual (ya se sabe, pitos a Piqué y proliferación de banderas de todo corte, incluida una de Japón que, seguramente, nada tenía que ver con el resto).

Ya con el balón rodando, cada uno mostró sus armas. El Barça jugó con prácticamente el 70% de la posesión y el Atlético de Madrid trató de salir con mayor verticalidad y velocidad. Llamó la atención la buena presión blaugrana sobre las salidas de los colchoneros, que perdieron muchos balones en los primeros pases en campo propio, y el interés de los locales por sacar el balón jugado, sin demasiado pelotazo alto que sería inútil para el dúo Correa – Griezmann.

Aunque muchos critican el planteamiento de Simeone cuando juega ante el Barcelona por esperar demasiado atrás, tiene un sentido claro. Entiende que los culés no deben crear demasiado peligro en balones colgados desde las bandas (aunque el gol de Suárez llegara así) y planta una especie de jaula o caja alrededor de su frontal. El fuerte de los catalanes es la entrada por combinación, con paredes rápidas, o con regates cortos, que acaban dejando a sus delanteros ante el portero rival. El Atlético neutraliza bien este peligro juntando efectivos y dejando poco espacio entre líneas cerca de la frontal.

Messi y Saúl luchan por el balón

Saúl el hombre del Atlético en el partido y Messi el del Barsa

El objetivo principal de esa jaula, claro está, es encerrar a Messi, la fiera más peligrosa de la fauna barcelonista. A esto el Barça suele contestar con paciencia, con circulación casi eterna para buscar el hueco. Iniesta estuvo cerca de encontrarlo con buenos intentos de pases interiores en el primer tiempo, y Messi fue retrasando su posición hasta llegar a recibir en campo propio en muchas jugadas para huir de esa jaula.

El Barça de Valverde mantiene el estilo y el espíritu aunque introduce retoques. No tiene a Neymar, que era dinamita para romper esas jaulas defensivas rivales, y eso se nota, hay menos magia en ataque. A cambio tiene más mediocampistas, como mostró la inclusión de André Gomes el sábado, que le ayuda a realizar una mejor presión tras pérdida. En esa faceta Busquets sigue siendo un ejemplo, aunque con más ayuda este año que en otras temporadas su labor luce aun más. El internacional español no solo estuvo bien para dirigir esa presión tras pérdida, también fue fundamental para ahogar a Griezmann y Correa cuando intentaban revolverse en la frontal.

A pesar de que el Barça fuera más peligroso, el Atlético no solo tuvo el gran gol de Saúl. En el primer tiempo y antes de adelantarse, Griezmann dispuso de un par de buenas ocasiones (una de ellas tras jugadón con caño a Piqué incluído) que Ter Stegen desbarató con grandes intervenciones. Al Atlético le volvió a faltar gol y, en muchas fases, también la presencia de un delantero centro, de un jugador que pueda molestar a los centrales al pelear un balón (cuando Piqué cuerpeaba con Correa debía pensar que estaba jugando con sus hijos) o ganar un salto de cabeza. Torres aportó eso cuando salió, pero era demasiado tarde, no quedaban ni diez minutos y el rival estaba lanzado, pero hasta que llegue Diego Costa se antoja importante contar más con su determinación, lucha y físico para enfrentar a defensas fuertes, aunque haya que renunciar al mayor instinto goleador de Correa.

También le falta a los del Metropolitano un perfil más jugón en el centro del campo, un mediapunta de mayor fantasía, un crack que desatasque partidos en tres cuartos de cancha. Tal vez sean los problemas derivados de no poder fichar, o de una economía potente pero que no llega a los niveles desorbitados de los rivales con los que pretende igualarse, aunque este caso del mediapunta sospecho que también tiene que ver con los gustos del entrenador. Me temo que el Cholo prefiere para esos cometidos un perfil de desborde como Carrasco o el futuro Vitolo que un jugón más clásico.

Los cambios fueron importantes en el transcurso del partido. En el Atlético funcionó de alguna manera la salida de Thomas, que pretendía dar un aire más a la contención, que empezaba a hacer agua por banda derecha defensiva (a Juanfran ya no llega para estos duelos de tanto nivel), pero la de Torres, como indicamos, llegó tarde y la de Gaitán no funcionó. Como casi siempre que entra, el argentino va perdiendo crédito por días.

Deulofeu y Godín luchan por un balón

Deulofeu cambió el partido

Sin embargo, el Barça logró más profundidad con la salida de Sergi Roberto y de un Deulofeu que se atrevió y puso en problemas a Filipe Luis, además, Paulinho también ayudó a cimentar el encierro en su campo de los colchoneros y apareció por el área aunque no pudiera concretar peligro.

La tendencia del partido era clara, cada vez el Atlético lograba salir menos y el Barça apretaba más, el cansancio hacía que la jaula colchonera tuviera cada vez más grietas y así llegó el empate y pudo haber llegado algún gol más. Oblak detuvo un tiro cercano de Suárez con una intervención felina, Messi besó el palo con una falta y tuvo una oportunidad desde la frontal del área pequeña que pareció mentira que fallara. Además, en la última jugada del partido, sobrevoló el fantasma de la derrota ante el Chelsea con una falta desde la frontal que Messi lanzó y Oblak desbarató al no moverse de su palo.

El Barça salió líder del Metropolitano, con la racha de partidos ganados interrumpida, pero la sensación de que estuvo más cerca de vencer que de caer derrotado. Mientras, el Atlético sale pensando en que va a tocar sufrir para luchar por la tercera plaza (el Valencia está muy fuerte), pero con la esperanza intacta de que la llegada de Diego Costa puede multiplicar la eficacia del equipo.

Después de un primer envite entre dos de los grandes contendientes al título de Liga, hemos vivido un gran espectáculo de fútbol y la exposición de las armas de dos estilos diferentes pero hermosos y útiles a su manera. Un partido completo de los que gustan al buen aficionado.

Sobre El Autor

Director Adjunto

Futbolero y colchonero desde 1978. Sé por qué soy del Atleti, pero no puedo explicarlo. Si quieres hablar de fútbol, aquí tienes un amigo.

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