Llovía a cántaros en una muy fría mañana madrileña en el Estadio Metropolitano. A la dirigencia colchonera no le pareció necesario poner algún sistema de calefacción en las gradas y los aficionados del Atlético de Madrid no han podido cumplir uno de sus mayores sueños al cambiar de estadio: dejar de pasar frío. Los Reyes Magos acababan de recogerse tras su anual reparto de juguetes y, por obra y gracia de Tebas (o quien corresponda), algunos tuvieron de dejar los paquetes a medio abrir o plantar a sus familiares en un día de tradicionales comidas para ir a ver un partido entre Atlético de Madrid y Getafe, dos de esos equipos que chocan, discuten, protestan, dejan el césped alto… en fin, una mañana de Reyes de lo que Luis Aragonés llamaba el “otro” fútbol.

El Atlético de Madrid quería lucir su condición de segundo clasificado, casi como primero de los “mortales”, ya que el Barça campaba antes de esta 18ª jornada a unos lejanos nueve puntos. Pero es importante para los colchoneros mantener la plaza ante un Valencia que acecha a dos puntos y un Real Madrid que arrancaba el fin de semana a cinco puntos con un partido menos. El Getafe llegaba en una tierra de nadie peligrosa, octavo con 23 puntos, a cuatro puntos de la plaza europea que marcaba el Villarreal con el Éibar por medio a solo un punto, pero sin perder de vista que detrás tenía con los mismos puntos a Real Sociedad y Girona, con dos puntos menos a Celta, Athletic, Leganés y Betis, e incluso a tiro de tres puntos al 15º clasificado, el Espanyol.

Para el Atlético era, ante todo, el día de la vuelta de Diego Costa, el delantero añorado, al Metropolitano tras su primer partido de esta nueva etapa como rojiblanco en Lleida. Es el principio de una nueva era que ilusiona a toda la afición, ya que todo apunta que el equipo mejorará claramente, aunque en fútbol siempre hay que esperar para ver los resultados. El Getafe venía dispuesto a dar la sorpresa tras las vacaciones, aunque aun no haya ganado ningún partido como visitante en toda la temporada. Además, llegaba rodeado de los rumores de la inminente salida de su portero Guaita, parece que al Crystal Palace inglés, con lo que perdería a uno de sus mejores jugadores de la presente temporada.

Formaba el Atlético de Madrid de salida con Oblak en portería; Lucas Hernández sustituyendo al lesionado Filipe Luis en el lateral izquierdo, Vrsaljko, tras aplacarse los rumores de su posible venta, como lateral derecho, y Godín con Savic como pareja habitual de centrales. Sin Saúl, Koke y Gabi formaban en la sala de máquinas, flanqueados por Correa y Carrasco, quienes parecen estar jugándose un puesto con Vitolo, que no entró en el encuentro. Arriba, con un Griezmann mucho más liberado se situó el muy esperado Diego Costa.

Los de Bordalás presentaban al argentino cedido por el Arsenal Emiliano Martínez en la puerta para sustituir a Guaita. Su sólida defensa la forman Antunes y Damián Suárez en las bandas, con Cala y Djené, una de las revelaciones de la temporada, en el centro. Por delante, Sergio Mora y Arambarri, con Amath y Portillo en las bandas. En ataque, dos delanteros muy experimentados y con olfato, Jorge Molina y Ángel.

Godín Atlético de Madrid Getafe

Aunque era el día de Diego Costa, como yo soy así de peculiar, decidí fijarme en Godín, un jugador al que los partidos como éste, con lluvia, choques, amagos de tanganas y protestas al árbitro, le van como anillo al dedo. El central es uruguayo de pura cepa, con todas las connotaciones que tiene el hecho de ser un futbolista de esa procedencia. Para lo bueno y para lo malo es la definición del término “canchero”, como demostró en un partido tan tosco como el de este fin de semana.

Domina la escena y la situación, se maneja con soltura en ambientes hostiles y, aunque alguna vez pierda las formas, es una bendición para cualquier equipo. Cerca de cumplir los 32 años, afronta su octava temporada en la disciplina del Atlético de Madrid y, aunque ya se le nota cierta pérdida de velocidad punta, lo trata de suplir con su experiencia. Ya no prodiga tanto sus salidas a las bandas para cubrir las espaldas de los laterales, pero sigue fajándose como nadie ante los delanteros contrarios, creciéndose cuanto más duro sea el rival. Eso sí, esa velocidad que va decreciendo con los años hace que el equipo se plante un poco más atrás, veremos como gestiona la competencia con defensas de mucho nivel y menor edad, como Giménez y Lucas, pero Godín es ya una institución en el club y como tal se le respeta. Al final y al cabo, hablamos de uno de los mejores centrales del mundo en el último lustro.

El partido tuvo varias fases definidas. Arrancó con ritmo, con un Atlético de Madrid en el que se notaba la alegría que le ha dado la presencia de Costa en ataque, pero con un Getafe que amenazaba con contraataques rápidos e incisivos. Tras un tiro lejano que lamió el larguero por parte del atacante brasileño y un par de llegadas al área de Oblak que los azulones no concretaron, Griezmann tuvo una gran oportunidad que resume gran parte del cambio que ha sufrido el Atlético con el fichaje de Costa. Vrsaljko ponía un balón largo desde la posición de lateral derecho buscando una diagonal del ariete, éste la bajaba de cabeza y encontraba al principito francés llegando de cara y en carrera, donde le gusta, donde es letal. Definió con un golpeo mordido que se fue desviado a la derecha del meta Emi, pero fue la imagen viva de la mayor riqueza de recursos ofensivos que conseguía el Atlético de Madrid, al que le faltaba un camino fácil y seguro hacia las ocasiones de gol y que lo ha conseguido con este fichaje.

Tal vez también tuvo su influencia, sin tocar el balón, en la jugada del segundo gol. Su posición en punta atrajo defensas, permitiendo que Griezmann progresara desde la mediapunta con una gran jugada que culminó con asistencia a Correa. El argentino definió peculiarmente con el exterior para batir a su compatriota. Corrían casi 20 minutos y el Metropolitano ya confirmaba la mejoría que se apuntó en Lleida.

Desde entonces, el partido fue embarrándose, y no solo porque no paraba de llover y el césped del Metropolitano sea tendente a la endeblez, sino porque empezaron los roces. Costa y Cala fueron los protagonistas principales, pero sobre el terreno de juego había este sábado muchos jugadores que gustan de ese otro fútbol, de pequeños toques, de miradas desafiantes. Se trataba de dos equipos con muy buen manejo de esas situaciones, que no son ni buenas, ni malas, son, sencillamente, otro fútbol.

El que no parecía manejar muy bien ese otro fútbol era el colegiado. Nadie parecía dispuesto a apiadarse del señor Munuera Montero que, no se si por el efecto de los turrones o por la temprana hora, estuvo poco espabilado a la hora de controlar el partido. Como un delantero que no tiene su mejor día, el árbitro erró en el reparto de algunas tarjetas, no supo imponerse a las protestas y tánganas y pronto se vio ahogado en un remolino de corrillos de jugadores de ambos equipos. Fueron aproximadamente 20 minutos de poco juego y mucho lío.

Por suerte, tras el descanso volvieron a salir los jugadores más centrados en el balón que en la trifulca. Volvió a verse a un Getafe que lo intentaba y a un Atlético con más presencia arriba. Diego Costa falló una buena oportunidad antes de debutar como goleador en el Metropolitano. No llegábamos al cuarto de hora de la segunda mitad, cuando un nuevo buen pase raso de Vrsaljko encontraba a la pantera hispanobrasileña en el segundo palo. Remate preciso y gol que merecía una celebración especial.

Igual que en su debut en Lleida salió, marcó y se llevó de recuerdo unos tacos en su rodilla en solo cinco minutos, el sábado en menos de diez minutos vio la tarjeta por excederse en el braceo para cubrir el balón ante Djené, marcó el gol que confirmaba la victoria colchonera y fue expulsado. Quien no sepa lo que ocurrió pensará ¿se peleó con alguien tras el gol? No, lo celebró… subiendo a abrazarse con los aficionados del fondo sur. En consecuencia, segunda amarilla de manual y primera expulsión en esta segunda era en el Atlético. Tarjeta de las que no siempre se enseñan, pero deberían (hay múltiples casos de avalanchas y gradas vencidas por la celebración de goles), que deja, por la cara de incredulidad de Diego Costa, la sensación de que los futbolistas deberían conocer mejor reglas que cualquier aficionado de a pie ya maneja.

A partir de ahí, un Atlético que buscó ser más sólido y un Getafe que lo intentó sin éxito ni demasiadas opciones. Dos goles eran ya demasiada diferencia, y más cuando quien los defiende es el equipo de Simeone. Así se disolvió este mediodía futbolero en día de Reyes, una de esas ideas geniales del fútbol moderno y empresarial que alejó público del estadio (la entrada liguera más pobre de la breve historia del Metropolitano) y que abre la puerta a que (¿por qué no?) algún año se juegue un 31 de Diciembre a las nueve de la noche. No en vano, el Atlético femenino jugó ese mismo sábado día de Reyes a las 10:45 de la mañana. Ideal para fomentar el fútbol femenino, sobre todo entre los niños y niñas.

Tras esta penúltima jornada de la primera vuelta, el Atlético sigue segundo, tras el Barça, con los mismos nueve puntos de amplia distancia. Los colchoneros mantienen a raya al Valencia, dos puntos por detrás, y aumentan ventaja sobre un Real Madrid cuarto que ya cada vez ve más lejos el sueño de la remontada, a 16 del líder con un partido menos. El Sevilla, a tres del Real Madrid, y el Villarreal, a cuatro, cierran los puestos europeos tras malos resultados en casa. El Getafe, mientras, navega decimoprimero, a mitad de un marasmo de ocho equipos en cuatro puntos de los que algunos despuntarán para luchar por la Europa League y el que se despiste podrá verse abocado a pelear por no descender.

Sale el Getafe sin dar la sorpresa de este miniderbi de la Comunidad de Madrid, aunque no pierde un ápice de la sensación de equipo rocoso y complicado, que debería darle ventaja sobre muchos otros para no tener problema en el objetivo de conservar la categoría. Para el Atlético de Madrid, un día más en su historia, con sus cosas buenas y malas. Tres puntos y gol del hijo pródigo, pero que terminó expulsado. Diego Costa podría parafrasear aquello que cantaba Joaquín Sabina en la banda sonora de “Torrente”Mi Atleti, mi España y yo, semos diferentes.