Acabó la temporada de clubes el pasado sábado con la final de la Champions League. Ha sido una temporada, al menos en lo que al fútbol español concierne, con dos claros protagonistas en positivo: el At. de Madrid y el Real Madrid. Intentaré en cuatro pinceladas, y sin enredarme demasiado, hacer un breve balance de lo que ha supuesto para nuestra Liga la temporada de estos dos equipos.

Empezaré, si así me lo permiten, por el grandísimo triunfador del año, a pesar del regusto amargo que les ha dejado la final de la Champions. Allá por el mes de noviembre, firmé un artículo en esta web -perdón por el atrevimiento de autocitarme- cuyo titular era “No creo en el At. de Madrid (dicho con la boca pequeña)”. Los resultados, es evidente, me han quitado la razón y no hay problema alguno en reconocerlo.

La duda que me provocaba el At. de Madrid en aquellos momentos radicaba en los frentes abiertos que tenía (Liga, Champions y Copa) y en la gestión que estaba realizando de su plantilla Diego Pablo Simeone. Como no voy a repetir lo mismo de hace unos meses, puede deducirse que con una plantilla “corta” pueden conseguirse grandes resultados. El precio a pagar, lo sabremos no sólo durante el Mundial -a ver como rinden los jugadores del Atleti convocados por Del Bosque- si no, incluso, la próxima temporada.

Salvando las distancias, el temporadón de los colchoneros me ha recordado vagamente, en cuanto a los recursos humanos, a la primera temporada de Bielsa en el Athletic. Exprimió a sus jugadores al máximo. Llegaron agotados al final de la temporada. Y la siguiente… Más de uno no fue capaz de levantar cabeza -problemas al margen-. Al final, el Cholo ha jugado con 12 jugadores, y colateralmente, han participado otros 6 más. Y cuando digo colateralmente, quiero decir exactamente eso. El 11 tipo estaba claro, con el aditivo de Súper Raúl García. Y luego, algún día jugaba el Cebolla, otros Diego Rivas, otros Adrián -casi olvidado hasta el sprint final de temporada-, otros Mario Suárez. Si a eso le sumamos los problemas físicos de Turan y Diego Costa, el resultado es el que es. Y con estos números y estos jugadores, haber ganado la Liga y haber estado a dos minutos de ganar la Champions tiene un mérito casi sobrehumano. Chapeau por el Cholo y por todos sus hombres.

Dicho esto, hay que dar un pequeño “palito” al entrenador argentino del At. Madrid. Ya cometió el error en Barcelona de poner en el once titular a Diego Costa, con el riesgo que ello suponía. Al final, a pesar del cambio prematuro, la cosa le salió bien. Pero el sábado volvió a sorprendernos poniendo a Costa de inicio, para cambiarle a los 9 minutos. Francamente, ese es un error que le ha podido costar la Champions al Atleti. Por esa decisión, Simeone se quedó con dos cambios para jugar un partido que podía llegar, como así fue, a la prórroga. Y de hecho, qué bien le habría venido en el tiempo extra ese tercer cambio para sentar al gamo Juanfran, cojeando de manera ostensible. Quizá con un lateral derecho en plenitud de facultades, Di Maria no habría entrado en el área colchonera como un cuchillo en la mantequilla. Pero eso ya no lo sabremos nunca.

Cambio Diego Costa

La gestión de Diego Costa, un error del Cholo Simeone que ayudó a que el Atlético de Madrid no consiguiera el doblete

Entiendo que recriminar a Simeone esta decisión tiene su punto de injusticia, con todo lo que ha aportado al equipo durante todo el año, pero tampoco conviene al Atleti, en este intento de acceso a la élite española y europea, refugiarse en el victimismo del que precisamente huyen y poner todo el foco en que el gol de Sergio Ramos se produjo en el minuto 92 de partido. Simplemente recordar que los árbitros añaden 30 segundos por cada cambio, y en la segunda parte de la final hubo 5, así que tenía que prolongar -no “descontar”, por favor, que estoy harto de escucharlo y leerlo…- 2 minutos y medio, y como eso no se lo permite el reglamento, era perfectamente lógico llegar hasta los 3 minutos. Un primo mío lo definió el sábado, en Facebook, con las siguiente palabras: “El fumbol es así”. Mi primo es del Atleti. Que conste. Muy del Atleti.

Al otro lado está el Real Madrid, que ha vivido su mejor temporada en muchos años, y no sólo a nivel deportivo, sino que el gasto en psicólogos, propagandistas, asesores de redes sociales, papeliteros y tocapelotas ha sido casi exiguo. Llegó Ancelotti en el verano, presto a apagar las brasas del incendio setubense, y se encontró con un marrón que pese a haberle gestionado óptimamente -me refiero a la batalla de las porterías- quien sabe qué habría pasado si Casillas hubiese sido también titular en Liga, habida cuenta que las dos competiciones que ha jugado de inicio las ha ganado el Real Madrid.

La temporada blanca ha sido también excelente, y lo ha sido desde la calma, desde la mesura, desde el buen rollo, si me apuran. Ancelotti ha dejado muchísimos menos titulares para la presa que su predecesor, pero a cambio, ha metido en las vitrinas de los merengues dos copas más, una de ellas deseada hasta lo imposible, la DÉCIMA.

El técnico italiano no ha perdido los nervios en ningún momento de la temporada, ha permanecido tranquilo cuando las cosas le iban bien o cuando le caían palos de todas partes -y si tiramos de hemeroteca, caerle, le han caído unos cuantos-. No sé si esta es la única forma de hacer las cosas, de ganar campeonatos; seguramente, no. Pero a mi, desde luego, es la que más me gusta. Esa en la que el partido dura 90 minutos -o 93, si es una final de Champions…- pero no una semana; esa en la que no se pone nunca a los jugadores en el disparadero -¿alguien recuerda alguna recriminación de Carletto a sus jugadores en público?-, esa en la que impera las buenas maneras y se aleja el ganar a cualquier precio. Parece increíble decir esto de un entrenador italiano, pero la verdad es que este ha sido el perfil de Ancelotti y su manera de proceder, que ha cautivado a casi todos, a mi, desde luego.

La celebración de Cristiano Ronaldo final Champions

La celebración de Cristiano Ronaldo en la final de Champions, una demostración de ego totalmente prescindible

Salvo algún momento puntual -la derrota en Liga ante el Barcelona en el Bernabéu-, la cantinela de los árbitros no ha sido la más escuchada este año en la Casa Blanca. Y en ningún caso, se le ha escuchado a Ancelotti. Quizá esto no tenga mérito ninguno, y menos si tenemos en cuenta lo mal que queda tener el mayor presupuesto de la Liga, los mejores jugadores, y quejarte del señor de negro… pero cuando nos hemos pasado tres años oyendo hablar de conspiraciones desde todas las instituciones -Colegio de Árbritros, RFEF, LFP, UEFA, la Comunidad de Vecinos, la Unión de Quiosqueros…- el descanso de esta temporada ha sido maravilloso, un bálsamo para nuestras sienes.

Por supuesto, siempre pasan cosas que no me gustan. No me gustó como celebró el cuarto gol de penalti en el minuto 120 CR7 -¿de dónde no hay no se puede sacar?-, no me gustó como se puso Simeone con la tontería del balón, no me gustó la semifinal de Copa del Rey entre el Real Madrid y el Atleti… Pero vamos, si pensamos donde estábamos hace 365 días…

Me alegro por todos los atléticos y madridistas de pro, por aquellos que llevan esos colores en su corazón y que cada mañana ejercen su trabajo -panadero, taxista, barrendero, abogado, profesor…- con la honradez que les caracteriza. Y desde luego, si pudiera dejar a alguien al margen de estas celebraciones, sería a mis queridos “hooliperiodistas”: a mis “queridos” Tomás Roncero, Antoñito Ruiz, Siro López, Manolete, Juan Manuel Rodríguez… Ellos siguen encarnando lo peor de esta profesión.

Para acabar, quiero usar unas palabras de la gran Almudena Grandes, que en una entrevista en el diario AS la semana pasada, decía: “[El “cholismo”] Significa que en una época en la que se glorifica el pelotazo, la banalidad en los méritos, el camino rápido y los atajos para llegar a la meta, aunque sea dando codazos, en una sociedad que identifica el éxito con el dinero y el glamour y las alfombras rojas, hay alguien que en solitario, a contracorriente, reivindica los valores que cimentan cualquier sociedad sana y con futuro. Estos son el trabajo, el esfuerzo, el mérito y la unión…”. ¿Quien dijo que del fútbol no puede aprenderse nada?

Y ahora, a por el Mundial…

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