El Fútbol Club Barcelona se proclamó anoche campeón de su 28º título de la Copa del Rey en un partido con múltiples alternativas, marcado por las expulsiones y en el que ambos tuvieron que jugar un rol diferente al previsto. Si bien ambos gozaron de momentos de dominio para ser campeones, el Barça supo gestionar mejor esos momentos y obtuvo por ello el resultado deseado.

Si las finales de Copa históricamente han sido partidos a cara de perro, disputadísimos, tensos y resueltos in extremis, el salto de calidad hacia la excelencia de F.C. Barcelona de los últimos años había conseguido que, excepto cuando se enfrentaba con su némesis madridista, inmersa en el mismo salto de calidad, algunas de estas finales fueran casi apacibles. Este año hemos retomado el olor de las finales clásicas, de artistas remangados para dar la versión más guerrera de ellos mismos, de estrellas que tenían que demostrarlo sin ambages, de líderes que tenían que poner la personalidad sobre el campo para guiar a sus escuadras al éxito. Una bella final la que nos han regalado Barça y Sevilla en esta edición de 2016.

Empezaba el encuentro con el tanteo típico de estos partidos, estaba por ver como afectaba la final de Europa League al Sevilla, si le perjudicaría en el aspecto físico o le impulsaría en el aspecto mental. Tampoco se sabía como le iba asentar al Barça la resaca del título de Liga, si la relajación del objetivo principal podría llevarles al letargo. El Sevilla, bien organizado, tiraba del balón en largo a Gameiro, que parecía incomodar a la zaga culé con su velocidad. Además, estaba Iborra para las prolongaciones en balones largos, un recurso habitual de Emery. El Barça buscaba filtrar balones entre la defensa andaluza buscando a la MSN, con Iniesta apuntando maneras de mago y Messi tanteando para buscar la puerta de entrada al área rival. Parecía más flojo Neymar, superado al principio por Mariano y por las ayudas de Coke.

Expulsión MascheranoLlegadas alternas de ambos conjuntos, pero sin un gran peligro aparente hacían de la final un partido entretenido, aunque aun no vibrante. Pasada la media hora, cuando parecía que el Barça empezaba a carburar y a dominar el balón, uno de esos balones largos buscando la cabeza de Iborra que ganó el salto a Piqué dejó en carrera lanzada a Gameiro frente a Mascherano. Derribo del argentino en la frontal sobre el francés y roja directa que variaba la relación de fuerzas en la balanza de la final, dando al Sevilla una oportunidad de oro de ganar la final. No se desdibujó el Barça. Luis Enrique retrasó a Busquets como central y siguieron hasta el descanso, incluso gozando de alguna ocasión.

Tras el descanso, Mathieu se incorporó al partido saliendo del mismo Rakitic, el habitual primer sustituido. El balón cambió de dueño y el partido se volcó al área blaugrana. Sin que el Sevilla encontrara caminos claros, sí obligó al Barça a replegarse. Como imbuidos por el espíritu del equipo propietario del estadio, achicaron balones (incluido un tiro de Banega al poste) con algunas intervenciones de mérito de Ter Stegen y con, ante todo, un enorme Piqué.

El ataque barcelonista desapareció un buen rato, más aun cuando Suárez se rompió y fue sustituido por Rafinha. Sin embargo, Iniesta estaba en el campo y desplegaba un muestrario de regates en una baldosa que daba salida a su equipo. Messi se retrasó para apoyarle y Neymar empezó a despertar, manteniendo al Barça con un hilo de vida ofensiva.

Cuando el partido se abocaba a la prórroga, un balón interior a la contra del Barcelona en dirección a Neymar obligó a Banega a derribar al argentino, una acción similar a la de la expulsión de Mascherano que supuso, como no podía ser de otra forma, otra roja directa que igualó a diez jugadores a ambos contendientes.

El Barça recuperó el aliento, aumentó la confianza y vio como al Sevilla le empezaban a pesar las piernas. El partido, que se había ido endureciendo, encontró en la prórroga una nueva fase de control blaugrana. A los siete minutos del tiempo extra, Messi, en su faceta de pasador, en la que también es un artista, encontró a un Jordi Alba al que nunca se le acaba la velocidad, cazó el balón de forma precisa y embocó el tanto que definía la final.

Tras el 1-0, más cerca el segundo del campeón que el empate sevillista, que siguió mostrando voluntad pero pocas salidas. Ni tan siquiera la entrada al partido de Llorente fue peligro para la zaga blaugrana. Solo Rico mantuvo las esperanzas hasta que, tras la expulsión de Carriço con el tiempo de la prórroga ya cumplido, encontró una nueva genialidad de Messi para asistir a Neymar en el 2-0.

Justo campeón el F.C. Barcelona ante un Sevilla que plantó cara y tuvo sus opciones ante 10, pero que se quedó sin oxígeno cuando el número de contendientes se volvió a igualar.

Iniesta levanta Copa del Rey

A destacar, de cara a la ya muy cercana Eurocopa, las demostraciones de Iniesta (el mejor del partido) y Piqué (que llega en un maravilloso estado de forma). También Alba o Busquets estuvieron más que correctos. Incluso Sergio Rico demostró que, llegado el momento, podría ser más que suficiente para defender la puerta de la selección de un Vicente del Bosque presente ayer en la grada.

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.