El próximo miércoles 14 de Mayo, la ciudad italiana de Turín acogerá en el Juventus Stadium la final de la presente edición de la UEFA Europa League entre Sevilla FC y Benfica. Aunque en el equipo español todas las esperanzas estarán puestas ese día en el buen hacer de los Bacca, Gameiro, Rakitic y compañía, tal vez un nombre menos conocido para la afición hispalense sea también clave para conseguir el triunfo: Bela Guttman.

Guttman nació en 1900 en Budapest, por entonces perteneciente al Imperio Austrohúngaro, fue precisamente entre Austria y Hungría donde desarrolló su carrera de futbolista hasta dar el salto a Estado Unidos en 1926, donde jugó en varios clubes retirándose en 1932. Se trataba de un centrocampista defensivo que llegó a disputar cuatro partidos con la Selección Húngara.

En 1933, a la temporada siguiente de colgar las botas, asumió el banquillo del Hakoah de Viena, equipo del que también había sido jugador. Tras una larga carrera dirigiendo equipos tan diversos como el Sportclub Enschede (precursor del Twente holandés), Maccabi de Bucarest (Rumanía), Honved (en Hungría), Quilmes (en Argentina), Milan (en Italia) o Sao Paulo (en Brasil), este auténtico trotamundos desembocó en Portugal en 1958 para dirigir al Oporto.

Allí consiguió en su primer año el título de Liga, llamando la atención del Benfica, que decidió contratarle para la siguiente campaña, iniciando la época dorada del club lisboeta. En tres temporadas y, también hay que decirlo, coincidiendo con la llegada del genial Eusebio, “los Águilas” acumularon dos Ligas consecutivas, una Copa de Portugal y dos Copas de Europa, venciendo consecutivamente a FC Barcelona y Real Madrid en las finales.

Eusebio y Bela Guttman

El gran Eusebio y Bela Guttman

Fue después de esa final de 1962, en la cima del fútbol europeo cuando se desató la maldición. El bueno de Bela Guttman, viendo el gran trabajo conseguido, se decidió a pedir un aumento de sueldo que entendía como merecido. La directiva del Benfica no lo veía tan claro, lo cual desencadenó en una disputa resuelta con el despido del técnico austrohúngaro.

En 100 años desde hoy ningún club portugués se convertirá en campeón de Europa y el Benfica sin mí nunca ganará un título europeo.

 Así versaba la maldición completa pronunciada por Bela Guttman tras ser despedido. La primera parte de su profecía quedó rota 25 años después, cuando el Oporto se proclamó campeón de Europa en 1987 venciendo al Bayern. En cuanto a la parte que se refería al Benfica, sigue en pie 52 años después.

Y no es que el Benfica no haya tenido ocasiones de romperla. Al año siguiente, en 1963, cayó en la final de la Copa de Europa contra el Milan. En 1965 su verdugo en la misma competición fue el Celtic. En 1968 volvió a caer en las mismas circunstancias contra el Manchester United en la prórroga.En el 1983 fue en la Copa de la UEFA, ante el Anderlecht.

Volvió a la final de la Copa de Europa en 1988, perdiendo en penaltis ante el PSV. En 1990 fue el Milan quien le negó el cetro europeo. Incluso el año pasado, en Europa League, cayó cruelmente ante el Chelsea 2-1, tras haber dominado todo el partido al equipo inglés, recibiendo un gol de Ivanovic en el último minuto del descuento. En total, siete finales europeas ha perdido el Benfica tras la maldición de Guttman.

Tal insistencia en la derrota da que pensar de los poderes malditos del técnico fallecido en 1981, o, para los menos creyentes, en un cierto bloqueo mental de los jugadores del club portugués cuando tienen que afrontar finales proveniente de ese currículo maldito de derrotas.

Se le presenta la octava oportunidad al Benfica de acabar con la maldición de su antiguo técnico. Los sevillistas tienen un motivo más para soñar con su tercera Copa de la UEFA, el apoyo involuntario de Bela Guttman.

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