Hay muchos jugadores que, por lesión, se pasan en blanco una (o varias) temporadas. Cuando esto sucede en el momento en el que el jugador en cuestión acaba de explotar, o ha llegado a un club que supone un paso adelante en su carrera, es verdaderamente peligroso. En muchas ocasiones, al salir de la lesión no vuelven a ser los mismos. En el caso de jugadores jóvenes, puede cortarles la progresión y desviarles del camino de la gloria al olvido o a la mediocridad. La temporada pasada, con 23 años y dos meses, recién aterrizado en un grande de Europa como el Manchester City, con un Mundial en mente, Benjamin Mendy se rompió el ligamento cruzado anterior de la rodilla derecha. Esta temporada es una nueva oportunidad para el lateral francés y, hasta el momento, la está aprovechando. La lesión es ya un triste recuerdo, porque Benjamin Mendy está de vuelta para quedarse en la élite del fútbol mundial.

Se trata de un lateral izquierdo, zurdo algo cerrado, rápido y fuerte, corpulento y valiente. En defensa sabe estar en el lugar correcto, aunque a veces sea un poco perezoso para recuperar la posición (se nota que Marcelo es uno de sus ídolos), pero es correcto para bascular entre la ayuda al central y la cobertura de su zona lateral. Su velocidad también le ayuda a corregir cuando remolonea arriba, dando lugar a cruces espectaculares plagados de fuerza y velocidad. En ataque es feliz. Le gusta subir la banda y llegar a línea de fondo, aunque también tiene salida hacia el interior e incluso prodiga un buen tiro lejano. Su buena conducción de balón, algo atropellada, nada fina, pero eficaz le ayuda. Sorprende en un jugador algo tosco como Mendy su buen pie para centrar, que le hace ser un efectivo asistente a los delanteros, colocando balones a diferentes alturas con una tensión que facilita el remate.

Con Guardiola al mando, alguna vez ha probado a utilizar ese recurso de situarse como falso interior tan típico del técnico catalán, como hacia en el Bayern con Lahm o Alaba, en el Barça con Alves o el pasado año en el City con Delph, ante la lesión de Mendy. Para las características del lateral francés esta posición es complicada, porque no está muy dotado para el toque y la combinación propios de un interior. Cuando ha desempeñado este rol, su tendencia ha sido a salir en conducción vertical, causando peligro al romper líneas, pero no cumpliendo con el papel habitual del interior de un equipo entrenado por Guardiola.

Aunque le veremos principalmente pegado a la banda, en muchos partidos, para no pisar el terreno de Sané, frenará sus subidas por el lateral, quedándose más cerca de los centrales y permitiendo que sea Walker quien progrese más a menudo por el lateral derecho. También en ocasiones puede ser centrocampista por la izquierda, pero le beneficia más el puesto de lateral para aprovechar su potencia con más terreno por delante.

Ben, como le llaman sus amigos, nació en el seno de una familia de ascendencia senegalesa el mismo día que se disputó la final del Mundial de Estados Unidos, el 17 de Julio de 1994, en la pequeña localidad francesa de Longjumeau, muy cercana al parisino aeropuerto de Orly. En el club que recibe el nombre de la cercana localidad de Palaiseau empezó a jugar al fútbol con solo seis años y así, entre partidos en la PlayStation y fútbol “real”, fue formándose para llegar con solo 13 años al club más antiguo de Francia, el AC Le Havre, en la Normandía, al norte del país.

Benjamin Mendy jugando con el AC Le Havre

Un joven Benjamin Mendy jugando con el AC Le Havre

Allí progresó rápidamente. Su exuberancia física le hizo quemar etapas muy rápidamente, de forma que con 17 años y 22 días ya debutó en el primer equipo como lateral izquierdo titular en Copa de la Liga ante el Amiens, cayendo derrotados por 2-1. Rápidamente se cobraría venganza de su amargo debut, venciendo al mismo rival en su campo en partido de Ligue 2 y dando la asistencia del único gol del partido. El resto de la temporada, se mantuvo como titular en el equipo, alternando con sus presencias en la selección francesa sub 17 y sub 18.

Tras una temporada más en Ligue 2 con el AC Le Havre, en 2013, con 19 años, dio el salto a un grande del fútbol francés, al Olympique de Marsella. A pesar de alternar en el puesto con el central reconvertido Jérémy Morel, los técnicos que tuvo esa temporada, Élie Baup y José Anigo, le dieron opción de disputar 18 partidos de Liga como titular e incluso un par de derrotas en la liguilla de grupos de la Champions ante el Borussia Dortmund. No fue un buen curso para los del Velodrome, pero a Mendy le sirvió como bautismo de fuego en el fútbol de élite, incluso anotando un gol y repartiendo tres asistencias.

En el verano de 2014 aterrizó en Marsella el genial y controvertido Marcelo Bielsa, que marcó el futuro de la carrera del joven Mendy. Siempre etiquetado como un jugador con problemas de disciplina, el propio jugador cuenta que al principio se dormía en las charlas tácticas del técnico argentino, algo por lo que Bielsa nunca le reprendió. Con el tiempo, entre cabezadas, fue captando conceptos y le fue pareciendo interesante, llegando a explicar que, en pocos meses, pasó a ser uno de los alumnos más aventajados de Bielsa, respondiendo correctamente cuando el “profesor” argentino le preguntaba algo. Al formar el técnico con tres defensas en muchos encuentros, Mendy se tuvo que adaptar al puesto de interior izquierdo, que desempeñó casi en tantos partidos como el de lateral. Ese año le sirvió también para hacerse con un puesto en la selección sub 21, compartiendo el lateral con Kurzawa, y, aunque al final de temporada el equipo se deshinchó, lograron ser líderes gran parte del campeonato y finalizaron en la cuarta plaza.

La siguiente temporada, la 2015/2016, no fue tan positiva. Bielsa pegó la espantada cuando solo se llevaba un partido de Liga disputado, aterrizó Míchel, que nunca tomó con firmeza las riendas del equipo, que finalizó el año en media tabla y, además, se perdió un gran número de partidos a mitad de la temporada por una lesión de rodilla. A pesar de ello, disputó 36 partidos entre todas las competiciones, como lateral izquierdo titular, anotando un gol y repartiendo cinco asistencias. En verano, el Mónaco le reclutó para un proyecto plagado de jóvenes que deslumbraría en la siguiente campaña.

Con Leonardo Jardim al volante, aquel Mónaco de jóvenes como Bernardo Silva, Sidibé, Fabinho, Bakayoko, Lemar y, sobre todo, Mbappé, se marcó un temporadón que finalizaron como campeones de Liga, finalistas de Copa y semifinalistas de Champions. Aunque su curso no fue fácil, plagado de lesiones musculares que le hicieron cambiar de hábitos alimenticios, se dio a conocer definitivamente a nivel europeo y le abrió las puertas de la selección con 22 años, debutando con una asistencia en partido de clasificación para el Mundial ante Luxemburgo.

Benjamin Mendy en el Mónaco

Como a muchos de sus compañeros, aquel gran año le abrió las puertas de un club aun más grande. Curiosamente fue el Manchester City quien le vino a buscar, equipo al que habían eliminado en octavos de final de la Champions la campaña anterior, en lo que fue la revelación para el gran público europeo del club monegasco. Como hemos dicho antes, su primer curso en el City lo pasó casi en blanco. Siete partidos en Premier (cuatro de ellos antes de la lesión) y uno en Champions fue todo su bagaje en el primer curso como sky blue. A pesar de ello, Deschamps le llevó a Rusia para convertirlo en campeón del Mundo. Casi sin rodaje y con un brillante Lucas Hernández ocupando la banda izquierda, tan solo jugó en fase de grupos ante Dinamarca, un partido plagado de meritorios y jugadores poco habituales.

Tal vez la ilusión del Mundial ha ayudado a Benjamin Mendy a recuperarse mejor y volver con más ganas tras su lesión. Si el año pasado Fabian Delph asumió su puesto de lateral izquierdo, estaba claro que la presencia del centrocampista inglés era un parche a la espera de la recuperación del francés. No en vano, en su momento, su fichaje por el City fue el más caro de la historia para un defensa. Aunque no parezca sencillo de acoplar para el estilo de juego más típico de Guardiola, el de Santpedor cuenta con este lateral fuerte y potente. Una lesión en el pie le ha tenido fuera algunos partidos y alguna pequeña indisciplina ha puesto en riesgo su lugar en el equipo, pero el hecho es que lleva cinco asistencias repartidas en ocho partidos de liga, jugó la final de la Community Shield que vencieron frente al Chelsea y ha jugado el único partido de Champions para el que estuvo disponible.

Sin ir más lejos, tuvo ayer una plácida tarde en la victoria de su equipo por 6-1 ante el Southampton, como lateral pegado a la banda a la espera de los movimientos interiores de Sané para progresar por banda. Sobrado en su función dada su calidad y fortaleza física.

Se espera de él que siga creciendo a la vez que lo hace el Manchester City. Una vez asentado en uno de los clubes más grandes de Europa, mucho tendrían que cambiar las cosas para verle con otra camiseta próximamente. En la selección, de momento, se debe conformar con ser el suplente de Lucas Hernández, pero Deschamps cuenta con él. Seguramente, no olvida que Mendy es un lateral más puro que el colchonero, por lo que no será difícil que en algún momento pase a ser el titular de los bleus.

Estamos ante uno de los laterales izquierdos más espectaculares y con más recorrido del fútbol europeo, con interés por aprender tácticamente y con la suerte de haber tenido a algunos de los entrenadores tácticamente más interesantes como mentores. Habrá que seguir atentos a su carrera, ya que todo apunta que le quedan muchos años de éxito si consigue frenar sus pequeñas salidas de tono disciplinarias y sigue disfrutando del fútbol. Un tipo que ha superado así de bien una lesión tan grave como la que tuvo la pasada campaña, merece volver para quedarse.

Mendy en la selección francesa

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