Cuando un equipo consigue un hito especial, completa una gran temporada, bate algún récord, enlaza varios títulos consecutivos o consigue una gran ventaja sobre sus rivales, no siempre le damos el mérito que deberíamos. Aunque sea un equipo plagado de estrellas, con muchos recursos, económicos y humanos, nunca es fácil lograr la grandeza. Eso nos descubrió el partido de ayer. El Olympique de Lyon batió a un PSG que parece muy superior al resto, pero es muy difícil que las cosas te salgan bien todos los días, sin descanso, por bueno que seas. Ayer las musas se le fueron de vacaciones a los parisinos y quedaron muy humanizados ante un OL bien trabajado, con buenos jugadores, un equipo más que decente que acabó amargando la noche al líder con un 2-1 in extremis.

Un Olympique de Lyon en buena racha, recibía al líder estrenando segundo puesto en la clasificación, tras haber superado en la clasificación al Mónaco en la jornada que se disputó entre semana en la Ligue 1. Los once puntos de diferencia que existían entre ambos equipos antes del partido, hacían mayor la necesidad de los locales por vencer en el precioso y moderno Parc OL si querían mantener una leve esperanza de acabar disputando el título hasta final de temporada. Aunque más que pensar en el título, deben mirar hacia abajo en la tabla para mantener su único punto de ventaja frente al Olympique de Marsella y los dos puntos frente al Mónaco, más aun teniendo en cuenta que en Francia los dos primeros tienen plaza de Champions directa, el tercero tiene que pasar previa y el cuarto va a la Europa League.

El OL acumulaba buenos resultados últimamente, a pesar de haber empatado la semana previa ante el Angers, su racha era ascendente, incluyendo una victoria rotunda e importante frente al Olympique de Marsella hace pocas fechas. De hecho, en toda la primera vuelta tan solo cayó frente al PSG en el Parque de los Príncipes y en casa ante el Lille.

Por su parte, el PSG parecía imparable. Tras caer con el Estrasburgo llevaba cinco victorias consecutivas en liga, rematadas por un 8-0 al Dijon bastante impactante. No obstante, los problemas empezaron el día antes, cuando Neymar se cayó de la convocatoria por un dolor en el muslo, no parece nada grave, pero supone que se pierda una de las visitas más difíciles de todo el año en Ligue 1.

Bruno Génésio, el técnico lyonnais, formó de salida con el portero portugués Anthony Lopes, todo un seguro. Una línea de cuatro defensas, con dos laterales acostumbrados a asonar en ataque, como Mendy en la izquierda y el ex del United Rafael en la derecha. Los centrales, los veteranos Morel y Marcelo. Una línea de tres en el centro, con Tousart como eje, y el potente Ndombele y la estrella Fekir como interiores con mucho recorrido. Arriba, el joven Aouar en izquierda, más abierto a su banda por la derecha jugó Cornet y como ariete, el exmadridista Mariano, una especie de Diego Costa, que no para de lanzar desmarques, no le asusta el choque y despliega potentes diagonales con las que se abre hueco para rematar jugadas. Con esas armas ha logrado ya 13 goles en Ligue 1. Destacó esta formación por la búsqueda de los espacios en ataque con pases directos buscando la espalda de los rivales, mientras en fase defensiva fueron tremendamente compactos, sabiendo cuando presionar arriba o cuando unirse y rearmarse más atrás para ser tremendamente incómodos ante un ataque tan potente como es el del Paris Saint Germain

Nabir Fekil celebra gol Olympique Lyon

Por su parte, Unai Emery también dibujó un típico 4-3-3. En su caso, con Areola en portería, un buen guardameta pero que parece algo por debajo del nivel general del conjunto. Kurzawa y Alves para dar batalla en los laterales, junto a los centrales brasileños, un Thiago Silva que ya jugó sus mejores partidos y Marquinhos, que madura junto a su capitán. Por delante, la baja de Thiago Motta es suplida inesperadamente en los últimos partidos por el joven argentino Lo Celso, ello obliga a que, aunque en principio Rabiot juegue como interior a su izquierda, sea quien más trabaje en defensa, desimetrizando el dibujo del centro del campo parisino. En el lado derecho del mediocentro se sitúa Verratti como director de orquesta. En punta, el tridente sufrió la baja previa de Neymar, que fue sustituido por Di María. Junto a él, los habituales Mbappé en izquierda y Cavani como ariete, que va retomando el puesto tras el castigo por alargar sus vacaciones de Navidad, aunque ayer no estuviera demasiado inspirado.

Pero el hombre del día no fue ninguno de los titulares. El verdadero héroe del partido tiene perfil más bien de antihéroe. Les hablo del holandés Memphis Depay, que saltó al campo a veinte minutos de finalizar el encuentro, estuvo incisivo y vertical en la banda izquierda del ataque local y consiguió un auténtico golazo con el descuento casi finalizado. A sus 23 años, este miembro de la clásica estirpe holandesa de extremos, iba para rutilante estrella cuando fichó por el Manchester United hace dos temporadas y media por la nada despreciable cantidad de 34 millones de euros. El curso y medio que pasó allí fue bastante decepcionante, recalando en el mercado de invierno del año pasado en Lyon por menos de la mitad del precio de su anterior fichaje: 16 millones de euros. Tras la salida de Van Gaal del banquillo de los red devils, Mourinho no contó con él en ningún momento, pero es que ya desde antes el técnico holandés le retiró la confianza. Aparte de ser un jugador con muchas condiciones pero poco trabajo en equipo, su afición por los placeres de la noche no le ayuda a ganarse la confianza de sus entrenadores. Es uno de esos jugadores con más pie que cabeza. Prueba de ello es que a pesar de llevar nueve goles y cinco asistencias esta temporada, Génésio no contó con él como titular.

El partido fue una montaña rusa de emociones, con goles en los momentos decisivos (en el primer minuto, al descanso y tras el minuto 90). Arrancó a lo grande. No indicaba el cronómetro el minuto dos cuando Fekir, la estrella local y capitán, anotaba el que sin duda será uno de los goles de falta del año. Ante una afición acostumbrada a ver las maravillas que ejecutaba Juninho Pernambucano, el tanto de Fekir quedará en sus retinas como uno de los tiros directos más estéticos que hayan contemplado. Para quien no lo haya visto, recuerda al de Ronaldinho en el Mundial de 2002 a Inglaterra. Una falta muy abierta a banda derecha, que Areola piensa que va a ir colgada al área, pero que se va envenenando para pegar en el palo izquierdo de la portería y entrar.

Tras el golazo, el Paris Saint Germain no se sintió cómodo. Aunque trataba de llegar, con Mbappé rompiendo con su velocidad y capacidad para atacar los espacios, el Olympique de Lyon se mostraba peligroso a la contra y colgando balones desde las bandas que trataba de pelear Mariano, aunque sin demasiado éxito. Cuando pasada la media hora parecía que los líderes se iban haciendo con el partido gracias a que Rabiot robaba, Verratti mandaba y Alves o Kurzawa se proyectaban en ataque, llegó un nuevo golpe para Emery. El joven Mbappé, que ya había recibido minutos antes un codazo que le abrió una brecha en la coronilla, buscaba un balón en profundidad cuando en una salida algo excesiva Lopes le impactó violentamente haciéndole salir en camilla. Nada grave, aunque volvió a París con collarín y dejó a Emery sin un segundo miembro de su gran tridente ofensivo. En su lugar accedió Draxler, un gran jugador, pero con menos desborde ante la ordenada defensa local.

A pesar de ello, una buena galopada de Dani Alves por la derecha la culminó el otro lateral, Layvin Kurzawa con un zurdazo que casi revienta la portería. Segundo golazo del partido y empate justo antes del descanso a pesar de los problemas del Paris Saint Germain y la buena actuación del Olympique de Lyon.

El segundo tiempo arrancó con más dominio por parte de los parisinos, aunque el Lyon logrará salir en algún momento. Poco antes del cuarto de hora, el camino que tomaba el partido viró por la mala decisión de un jugador ya veterano. Esperaría uno que un tipo con tanto fútbol como Alves no se autoexpulsara protestando cara con cara una falta como mucho dudosa en el centro del campo. Pero el lateral, que estaba siendo determinante, salió del partido por la puerta de atrás. El gran perjudicado fue Di María, que tuvo que dejar sitio al lateral suplente Meunier para que el equipo no se deshilachara.

En la media hora que quedaba, el Lyon fue creyéndose poco a poco que podía ganar. Dio entrada al determinante Depay por Aouar y a Traoré por Mariano, ganando en profundidad y llegada. Al PSG no le quedaban fuerzas ni recursos para progresar, Lo Celso y Verratti, que acabó sustituido por un Pastore que no tocó balón en los cinco minutos que jugó, no ayudaban lo suficiente a Rabiot, y entre Areola y los defensas tuvieron que achicar varios balones del área. Hasta que Depay en el descuento, arrancó desde la izquierda y soltó un derechazo imposible para el exportero del Villarreal. Sin tiempo para reaccionar, el PSG vivía su segunda derrota liguera y el Olympique de Lyon demostraba que hasta los grandes equipos tienen días negros.

No obstante, tampoco es precisamente una desgracia esta derrota para los parisinos, que mantienen ocho puntos sobre su rival de ayer y perseguidor. El Olympique de Marsella queda a nueve de la cabeza y cierra Europa el Mónaco a diez puntos. Nantes y Niza, quinto y sexto, quedan ya nada menos que a 22 puntos.

Fue sin duda un mal día para un gran equipo. El Paris Saint Germain tiene bastante con haber aguantado hasta el final contra un muy buen equipo, como es el OL, viendo como no podía contar con su máxima estrella, se le iba lesionado a la media hora otro crack y el hombre que mejor partido estaba haciendo era expulsado al principio del segundo tiempo. Eso sí, se ha humanizado, y sus rivales, sobre todo el Real Madrid con quien tiene la cita fundamental de la temporada, le pueden haber perdido algo de respeto. Por otro lado, es bueno para el espectáculo que el Olympique de Lyon consiga que el líder no se escape y pueda mantenerse algo de competitividad en la Ligue 1.

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