Sentado en un sofá, ya de madrugada, enfrente de una televisión apagada para evitar ver en ningún canal reseñas de la noticia del día, con la mirada perdida y el cerebro desencajado por la desilusión, me imagino que de fondo suena la música de una serie policíaca de finales de los ochenta mientras una risa amarga acompaña mi ocurrencia.

Como estamos en una web especializada y los lectores son aficionados al tema, no creo que sea necesario justificar el dolor del futbolero. No discutiré con quienes no comparten el interés en nuestro amado deporte sobre si es una soberana estupidez pasarlo mal porque tu equipo pierda, por más importante que sea el partido o el título que se quede en el camino. Tampoco intentaré explicarlo, las razones del corazón no casan del todo bien con las palabras. Ese dolor, como las explosiones de júbilo, es una riqueza propia de los futboleros de la que carecen quienes no lo son. Son sentimientos que vienen de la pasión, de ahí que sean más explosivos que los que derivan de elementos más trascendentes de la vida. No es que los aficionados al fútbol suframos o gocemos más por nuestro equipo que por nuestras cuestiones personales, es que es un sentimiento más inmediato, más especial, más apasionado.

Efectivamente, soy un aficionado del Atlético que ha perdido (otra vez) una final de la Champions League contra el eterno rival. Y lo cierto es que la cicatriz de Lisboa fue tan profunda que el dolor del otro día fue bastante llevadero. Aquella la teníamos ganado y la perdimos de un cabezazo en el último minuto, esta de Milán estuvo constantemente en el aire, pudo caer para cualquier lado, y acabó saliendo cruz. Fue mi inseparable compañero de peripecias futboleras, un compadre y amigo de toda la vida llamado Pablo, quien me hizo darme cuenta de que esta vez no había sido tan duro: “Extrañamente no estoy fastidiado. No ha sido tan cruel como Lisboa” me dijo poco después del partido.

Aquel dolor fue tan enorme, casi traumático, que la repetición de la derrota hace ver que a todo se acostumbra el cuerpo. Para mi, solo un detalle fue peor que aquella vez, ver llorar a mi hijo tras el fatídico penalti anotado por Cristiano. Es duro y acarrea un cierto sentimiento de culpa ver llorar a un hijo por la tristeza producida por los colores que yo mismo le inculqué. En que lío le he metido, a palos como éste aprenderá que ser del Atleti nunca fue tan fácil como en estos últimos años, que lo normal es pasar por tragos amargos. Por suerte, se le pasará pronto (como se le pasó el sábado), le quedará la enseñanza positiva de que en la vida no siempre se consigue todo lo que se desea, pero que merece la pena luchar por ello hasta la extenuación. Con los años a él también se le forjará el callo del corazón para las derrotas futboleras y retendrá las lágrimas para convertirlas en llanto de alegría en la próxima celebración.

Aunque el agujero interno que dejó Lisboa tardó en cerrarse (en mi caso fue con la Supercopa de España ganada al Real Madrid en Agosto), nada más salir del Estadio da Luz ya intentamos buscar el lado positivo, y para eso mi compañero de asiento Pablo es único. “¿Dónde es la final del año que viene? Ve mirando billetes de avión que volveremos a estar”. Falló por un año, porque no alcanzamos la final de Berlín, pero sí la de Milán.

Sergio Ramos levanta Copa de Europa

Ahora toca cerrar el agujero de Milán, que no parece mayor que el de Lisboa. Pablo repitió pregunta, así que toca prepararse para Cardiff. Atléticos del mundo, hay que fiarse de las predicciones de mi amigo. En la jornada 4 de la Liga 2013 / 2014 me dijo que seríamos campeones de Liga y de Champions, solo Ramos en el minuto 93 (maldito) pudo quitarle la razón.

No me gusta que se diga que la final o, en general, la trayectoria del campeón Real Madrid en esta Champions ha sido cuestión de suerte. No me gusta mezclar el término “suerte” con el fútbol (aunque a veces a mi mismo se me escapa). Prefiero hablar de azar, de factores difíciles de controlar pero que dependen de la acción de alguien. Que el árbitro no vea el fuera de juego en esa acción tan rápida y ajustada es cuestión de azar, que el penalti de Griezmann se vaya al larguero es azar, igual que el de Juanfran. Pero no es cierto que las tandas de penaltis sean como tirar una moneda al aire, dependen de la calidad de los intervinientes, y la diferencia económica entre ambos clubes marca un margen claro de ventaja para el Real Madrid, con mejores especialistas frente a los voluntariosos colchoneros. Nada es completamente azaroso, todo depende de cómo se hagan las cosas.

Pero si no me gusta que se diga que perdimos por mala suerte, menos aun me gusta la frase tan repetida de que “la Champions le debe una al Atlético” ¿y cuándo la van a pagar? ¿acaso en el próximo sorteo el que saque las bolitas va a decir “como al Atleti le debemos una, pasa directamente a los octavos de final sin jugar la fase de grupos”? Nada de nada, el próximo curso tocará luchar igual, desde el primer minuto al último, y si no se hace bien nadie va a tener piedad de nosotros por haber perdido tres finales a cada cual más cruel. Y se que quienes lo dice lo hacen con cariño y buena intención, pero, por favor, no la usen más en mi presencia.

Eso sí, siendo dura la derrota, el Atlético podría volver a perder unos días después de las dudas de Simeone se concretaran en su salida del club. Su estilo habría dejado poso en el club, pero es tan personal que no creo que pudiera existir el cholismo sin el Cholo. Intuyo que es un calentón por la dureza del momento vivido o una forma de apretar a los dirigentes para que el equipo siga mejorando, pero podría ser que el técnico argentino se viera vacío y desmotivado después de casi cinco años trabajándose el fondo del alma colchonera.

Nos queda rumiar la derrota, felicitar (ante todo) al vecino, seguir creyendo y soñando, introducir algún rezo en la receta para que el descalabro no sea mayor y mirar para Cardiff. Así que, si me veis con la mirada perdida y el escudo del Atleti entre las manos, acordaros de la frase de Sabina en la versión de “Y nos dieron las diez” grabada junto a Serrat para el disco “Dos pájaros de un tiro”:

No es que esté triste, Joan Manuel,

es que me acuerdo…”

Fuente: colchonero.com

Sobre El Autor

Director Adjunto

Futbolero y colchonero desde 1978. Sé por qué soy del Atleti, pero no puedo explicarlo. Si quieres hablar de fútbol, aquí tienes un amigo.

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