¿Cuántas veces concluye un partido y alguno de vosotros no sabe qué dibujo tenían los equipos sobre el terreno de juego? O si atacaba más por un sector que por el otro o que el 80% de las recuperaciones las efectuaba la línea de medios. Pues bien, a mi me ocurría, aún a día de hoy me sigue ocurriendo si veo un partido como un mero espectador, con el fin de desconectar, o si lo veo tras un partido de mi equipo en donde los fotogramas pasan por mi cabeza como los vagones de un tren.

Vamos a comentar cuáles son los aspectos más básicos a la hora de querer ver un partido de fútbol y no quedarnos sólo con los caños, los controles orientados y los agarrones en las áreas. En primer lugar, los sistemas de ambos equipos son fundamentales para ordenar un poco el mapa. Personalmente como entrenador no creo en los sistemas, ya lo tengo dicho en más de una ocasión, más que para que el jugador lo use como brújula, para saber donde posicionarse. El dibujo puede verse en los saques desde medio campo, en algunos saques de portería o banda y si el equipo en fase defensiva adopta un posicionamiento plegado o replegado, pues el equipo funciona desde el orden. Otro dato a tener en cuenta de los sistemas es que, en los casos en los que el entrenador decida cambiar el dibujo con respecto a otros partidos, es probable que podamos ver alguna variante, algún planteamiento diferente que minimice una virtud del rival (protección) o bien explote un defecto en el rival (ataque).

El segundo punto a observar es cómo funcionan con balón. Me refiero a qué plantean en la fase ofensiva, hablamos del modelo de juego ofensivo. Existen tres posibilidades, combinativo, contraataque o juego directo. El mejor momento para ver este aspecto quizá sea los saque de portería a favor, en donde podemos ver si un equipo es combinativo o directo aunque en muchas ocasiones también es el rival el que nos puede obligar a ser directos con un posicionamiento avanzado. Muchas veces se habla, por desconocimiento o por la falta de “belleza”, que el juego directo es jugar al “patadón”. Me he enfrentado a equipos que juegan al patadón. Esto es, la ausencia total del control del juego, el rival se desprende del balón alejándolo lo máximo posible de su área, momento en el que los jugadores pelean cada balón como sí fuera el último. Esto es peligroso porque cada acción es una incertidumbre total, se desconoce dónde caerá el balón, quién lo atacará y cómo se moverán los posibles receptores.

Por contra el juego directo es controlado, la intención es llegar en el menor numero de pases a la portería rival despreciando la fase de iniciación. Suele haber un jugador que acude en apoyo, otro que recoge ese balón y un tercero que corta al espacio que dejó libre el primero. Cuantos más jugadores intervengan en la acción más incertidumbre provocarán en el rival (imaginaros una situación en la que hay dos jugadores rompiendo a la espalda de la última línea). La principal diferencia con el “patadón” es una mayor presencia de calidad en los futbolistas y la automatización de los movimientos, lo que otorga una mayor calidad de la acción.

De ser un equipo combinativo iniciarán todas las acciones en corto, en donde el espacio entre los jugadores del centro de juego será menor que en otros modelos para buscar esas asociaciones. La clave de este modelo suele ser la aparición de un tercer hombre que facilite saltar líneas de presión para aclarar la situación de juego y atacar el lado débil rival. La última alternativa es el contraataque. personalmente no lo considero un modelo en si mismo, sino más bien un recurso a un momento del juego. Me explico, para que se dé una situación de contra, el rival tiene que “regalarnos” metros a su espalda, salvo en situaciones de recuperación al borde de área en donde debemos finalizar y penalizarles ese tipo de errores. Pues bien, como decíasobre el espacio a la espalda, tenemos que disponer de jugadores rápidos que me faciliten esa ganancia del espacio antes que el rival y por último tenemos que tener muy, muy automatizado quién viene en apoyo y quién en ruptura, dependiendo de qué jugador recupere. Digo que es un recurso momentáneo porque no podemos hacer una contra iniciando la acción en un saque de banda o de portería, por tanto no lo considero un modelo de juego ofensivo.

Acabamos de comentar los diferentes modelos ofensivos, pero dentro de la idea está el “cómo” y “por dónde”. Hay equipos planos que simplemente plantean la idea y la llevan a cabo sin sorpresas tácticas, en los que las movilidades ofensivas son predecibles y por el contrario existen entrenadores que plantean un ataque asimétrico o que intentan atraer por un lado y “matar” por el otro. Un ataque asimétrico es aquel que emplea dos movilidades diferentes para sus sectores exteriores. Por ejemplo, en un sistema con laterales y extremos que el lateral derecho tenga todo el carril para él teniendo que llegar hasta la línea de fondo con diagonales del extremo para dejarle el espacio libre. En el sector izquierdo podemos fijar al extremo izquierdo a la línea de cal y que el lateral llegué hasta tres cuartos trazando la diagonal generando superioridades por dentro.

Por otro lado al margen del planteamiento defensivo de un equipo, hay que ver como ejecuta esa idea. Es decir, en un sistema 1-4-4-2 en línea, los interiores pueden cerrar a más o menos en función de lo que el entrenador decida, esto quiere decir que acumule más o menos gente en el sector de balón. Hay varios factores que determinan una u otra cosa: la calidad de los jugadores rivales y los tuyos propios en faceta defensiva o la distancia con respecto a la propia portería.

Podemos ver una organización en 1-4-4-1, aislando a un jugador de la fase defensiva preparado para iniciar una posible contra. La vigilancia ofensiva a este jugador debe ser buena para evitar “sustos”. En esta acción el Espanyol tapa el carril central dejando despoblados los exteriores y reduciendo al máximo los espacios intra e interlineales.

Transiciones

Hago un título de esto porque considero estas fases del juego más importantes incluso que el propio modelo. En el fútbol moderno, aún estoy por descubrir si por suerte o por desgracia, prima más el orden y rigor táctico más que la calidad, siendo ésta la que gana partidos. Pero saber qué hacer cuando recuperamos y perdemos el balón es imprescindible.

Sí un servidor tuviera que escoger cómo actuar en una transición A-D (ataque – defensa) me quedaría con una presión tras pérdida instantánea. Pero el mayor inconveniente es la exigencia volitiva y mental, pues basta con que una pieza falle para que se desencadene la catástrofe. En esta acción es importante hacer entender al jugador que es mejor correr 6-7 segundos a máxima intensidad hacia delante, que no 50 metros hacia atrás. El mayor exponente de la presión tras perdida fue el Barça de Guardiola, recuperándolo ahora Valverde. La alternativa que yo más empleo es la de optar por un repliegue medio, siendo la más empleada por la mayoría de equipos. El mecanismo se basa en que tras perder la posesión, los dos jugadores más cercanos al poseedor (cada entrenador determinará cuántos) efectúan una presión in situ para evitar la progresión rival o el golpeo en largo,  y así facilitar el repliegue y organización de sus compañeros. Este repliegue puede ser alto, medio o intensivo dependiendo de la altura al que decidamos plantar el bloque. Cómo se comporte un equipo en sus transiciones A-D marcará su modelo de juego defensivo.

En cuanto a las transiciones D-A dependen un poco más de la calidad de nuestros jugadores, por un lado, y por otro de lo que nuestro rival nos obligue a hacer. Por ejemplo, si tras recuperar la posesión nos encontramos con un rival con presencia alta, la opción más cómoda será optar por el juego directo o una contra según la zona del campo en la que se produzca la recuperación. Por contra, si tras recuperar, nuestro rival repliega tendremos tiempo para preparar un ataque organizado. El Atlético de Simeone es un claro ejemplo de equipo replegado que emplea las contras y el juego directo, no estando nada cómodo cuando le ceden la iniciativa.

Considero las transiciones fundamentales porque son el momento de mayor desorden e incertidumbre, por lo que conocer el funcionamiento individual y colectivo es primordial para evitar daños y posibilitar situaciones favorables para poder acabar las acciones en la portería rival.

Por último podríamos comentar las ABP (acciones a balón parado) tanto a favor como en contra, hablando de saques de esquina y faltas laterales. En este tipo de acciones debemos fijarnos en si se comportan con una defensa en zona, al hombre, mixta o combinada. Supongo que conocemos las defensas zonal y al hombre, la confusión suele venir con las otras dos. Mixta es aquella en la que en la misma acción un jugador empieza en zona y acaba al hombre mientras que combinada tenemos al equipo funcionando con un grupo en zona, otro al hombre y, si quisiéramos, también mixta. En mi caso siempre empleamos combinada. En cuanto a las jugadas ofensivas tenemos que tener en cuenta que hasta el más mínimo detalle puede ser clave en el éxito de la acción. Bloqueos, fintas o arrastres son mecanismos que hay que tener en cuenta.

En esta imagen podemos ver un ejemplo de defensa combinada en un saque de esquina: 6 jugadores en zona, otros 3 al hombre más uno descolgado para iniciar una posible contra.

Ver un partido, ser capaz de analizarlo, bucear en él e incluso ser crítico con las decisiones de sus entrenadores, obviamente desde un punto de vista del desconocimiento del grupo, es imprescindible para entender el juego y los por qués que este nos plantea. Para no volvernos locos, en un principio, con tantas conductas y teniendo en cuenta que en un partido televisado el centro es el balón, podríamos establecer este orden a la hora de detectar los mecanismos de juego:

  1. ¿Cómo inician?: si se decanta por un juego asociativo o más directo.
  2. ¿Qué tipo de comportamiento tiene en la fase defensiva?: presión alta, media, funcionan a partir de un posicionamiento replegado.
  3. ABP
  4. ¿Cómo atacan?: ¿marcan mucho más un sector que el otro?, ¿qué tipo de movilidades ejecutan?
  5. Transiciones.

Con vuestro permiso no me gustaría acabar sin hacer mención a un grande que nos abandonó recientemente, un señor de fútbol, del verde, que se entregó en cuerpo y alma a SU equipo sin buscar focos o protagonismos. A seguir metiendo goles allá donde esté, Don Enrique.

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