Corría el minuto 70 de partido. Iñaki Williams acababa de marcar el 1-3 del Athletic en Málaga. Los locales, para colmo de sus desgracias, jugaban con uno menos desde el minuto 52. No lo voy a negar. Di el partido por ganado. Cuando minutos después, a la salida de un centro comercial, subo al coche, enciendo la radio y oigo a Daniel Ruiz Bazán “Dani” quejarse amargamente de cómo se les había ido el partido a los rojiblancos, me temí lo peor. “No jodas, nos han metido tres goles en veinte minutos…”. Sólo fueron dos, entre el 81 y el 85, y los leones se volvían a Bilbao con un punto (¿merecido?). Del mal, el menos. No daba crédito a lo que oía.

No es la primera vez que le pasa al Athletic. Recuerdo la primera temporada de Marcelo Bielsa en Bilbao. Si ese año, los partidos hubieran durado 85 minutos, habrían sumado doce o catorce puntos más. Pero en el fútbol, los partidos duran 90. Qué le vamos a hacer.

Lo de Málaga es algo preocupante. Que un equipo profesional, con superioridad numérica, anímica y en el marcador, se dejara remontar dos goles es para hacérselo ver. Una incapacidad tan escandalosa de cerrar los partidos que cuesta entender en Primera División. Pienso entonces, en una palabra, “COMPETIR“. Y creo que el Athletic no sabe competir, no tiene esa ambición, no tiene ese plus que le permite meter una marcha más a los partidos, saber dormirlos cuando hay que dormirlos y menearlos cuando hay que menearlos. Mentalmente, quizá porque sea una plantilla con muchos jugadores jóvenes, no sabe manejar los partidos. Les pasó en Las Palmas. Les pasó en Málaga. Les volvió a pasar en la Europa League ante el temible Zorya“. El Athletic, mi Athletic, no sabe competir.

Cholo Simeone celebrando victoria

¿Qué sería del Athletic si lo entrenara el Cholo Simeone?

Y entonces, me acuerdo del At. de Madrid y del Cholo Simeone.

En el siglo pasado, cuando era joven, era bastante anti… Era antimadridista. Y el Atlético de Madrid me caía como el culo. Tuve que soportar el Año del Doblete a un compañero de piso que era del Atleti cerrado. Y eso deja secuelas que tardan en desaparecer. Pero desaparecen. No soy del Atletico de Madrid, pero me admiran sus jugadores cuando se ponen esa camiseta y saltan al césped. Simeone no era santo de mi devoción, pero sin llegar a los niveles de Zinedine Zidane (que me tiene completamente obnubilado), soy muy del Cholo, a pesar de esa coz que le diera a Julen Guerrero, y que en Bilbao no le perdonarán nunca. Me parece uno de esos entrenadores de otra pasta, de esos que inoculan a sus jugadores todo su carácter, su ganas de competir, de jugar y de ganar, que son capaces de convertir a su once inicial en un clon de sí mismos.

Poco me importa que el Atleti juegue bien, mal o regular. Pero compiten como pocos. Sólo así puede entenderse que haya jugado dos finales de Champions. No nos engañemos. No tenía plantilla para ello, pero sí eran un EQUIPO con todas las letras. A veces, pasa lo de este miércoles: revolcón ante el Chelsea en el tiempo añadido (¿cuando dejará de utilizarse la expresión “descuento”?). Me encanta el espíritu del Atleti. Y me encanta el espíritu de Simeone, con sus bajones, como en todos los grupos. Con sus picos de euforia. Con su capacidad de extraer de cada futbolista hasta la última gota de su talento o sudor.

Cuco Ziganda dando instrucciones

Ziganda tiene mucho trabajo con el Athletic

No sé como reaccionó el Cuco Ziganda en el vestuario cuando acabo el Málaga-Athletic. Pero me imagino si eso le llega a pasar a Simeone. En el camino se habría comido a algún jugador. Bueno, seamos sinceros, es muy difícil que algo parecido le pase al Atleti. El mejor escribano echa un borrón, vale. Pero el Athletic lleva tres en los últimos cuatro partidos. Y son tres borrones de los que cuesta olvidarse. Porque no es que el otro equipo haya sido superior a ti. No lo fue Las Palmas, no lo fue el Málaga, no lo fue el Zorya. Es porque no has sabido competir. Y eso no sé como se cura.

Sobre El Autor

Existen 2 frases que me definen futbolísticamente: “Ningún jugador es tan bueno como todos juntos” (Alfredo Di Stéfano) y “En fútbol se pasa de puta a monja en cinco minutos” (Joaquín Caparrós).

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