El pasado sábado se disputaba en el Calderón el partido entre Atlético de Madrid y Espanyol. Dominaban los locales desde los primeros minutos por un tempranero gol de Griezmann y parecía que iba a ser un choque más o menos tranquilo para el segundo de la clasificación. Como casi siempre en lo que va de temporada, mandaba Tiago Mendes en el centro del campo colchonero, templaba, manejaba los tiempos y movía el balón como un director de orquesta, recuperaba, colocaba a sus compañeros… daba la impresión de tener controlados hasta los cánticos de la afición.

Detrás de la portería del fondo norte, el más “tranquilo” del Vicente Calderón, comentábamos los parroquianos habituales la importancia de Tiago, como derivada de la baja de Gabi para este partido. Coincidíamos en que era el más difícil de reemplazar, no solo por su capacidad de juego, sino por su mando en plaza, por su influencia en el resto de compañeros. Pocos minutos después, nuestro alabado Tiago trataba de anticiparse a Asensio en la lucha por un balón cuando su pierna chocó con el trasero de la joven promesa. Cayó al suelo sin apoyar en ningún momento la extremidad maltrecha y pidió con premura la presencia de las asistencias. Mala señal.

Algunos apostaban por la rodilla, otros directamente por la fractura de tibia, tan solo una aficionada adolescente parecía no darse cuenta de la gravedad de la lesión y preguntaba a los más veteranos si pensábamos que estaría para el próximo partido. El partido se enfrío, hasta el punto de estar cercano a complicarse para el Atleti. Las dudas sobre cómo reemplazar al que parecía irremplazable surcaban por el Manzanares.

La primera opción para sustituirle, los de dentro. En la plantilla, Koke, Saúl y Thomas pueden cubrir esa posición con bastante naturalidad. En el caso de Koke, obligaría a que, el hueco que dejaría como interior para ocupar la posición de mediocentro (a la que está bastante menos hecho) tendría que ser cubierto a su vez por otro jugador (Óliver o Saúl tienen un corte más parecido a él, Correa podría ser una solución más ofensiva). Eso supondría dos variaciones en la alineación, y cuando las cosas funcionan, no parece muy aconsejable mover demasiadas piezas. Saúl sería la solución más directa. El problema del canterano está en que a veces peca de falta de cuajo, de capacidad de mando. Es decir, precisamente lo que le sobra a Tiago, es lo que le falta a Saúl, que tiene fútbol de sobra, pero aun no suficiente experiencia para manejar esa posición. Tal vez sea su oportunidad para explotar. Thomas era un jugador de relleno, parecía claro que saldría cedido en navidades pero ahora puede replantearse su papel. No obstante es un jugador con la llegada como virtud principal, por lo que la solución de incluirle podría pasar por pasar a Gabi a la posición de Tiago y a Thomas en la que suele ocupar el capitán, un poco más libre para soltarse arriba e iniciar la presión.

Ninguna de las opciones “de casa” parecen 100% seguras, pero fichar a estas alturas no da tampoco confianza. Es difícil encontrar grandes soluciones en invierno (aunque el propio Tiago llegó por estas fechas), y quien pueda venir necesita un tiempo de adaptación que no se le puede conceder. Lo más factible parece esperar a Enero al joven argentino Kranevitter, pero el problema de la adaptación puede hacerle correr el riesgo de concederle demasiada responsabilidad.

Le toca al Atlético ir remendando esa posición y esperar que alguien asuma las responsabilidades futbolísticas y de liderazgo del portugués. Serán alrededor de cuatro meses (aunque habrá que ver con qué ritmo vuelve, más si cabe tratándose de un jugador de 34 años) que le harán llegar al tramo definitivo de la temporada ya recuperado, queda por ver si cuando Tiago vuelva el equipo seguirá luchando por títulos. Porque Tiago se ha roto una pierna, pero al Atleti se le ha roto el alma.

Tiago Supercopa España Atlético Madrid

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