El fútbol es un deporte maravilloso que en ciertas ocasiones puede convertirse en el más cruel de todos (y sino que se lo pregunten a los seguidores del Bayern Munich).

La noche del 8 de abril del año 2013, se dio uno de esos momentos que ningún aficionado quiere vivir. Y lo peor de todo es que no fue solo una cuestión de mala suerte sino que un penoso árbitro, apoyado por un juez de línea peor si cabe, terminaron por redondear una noche aciaga.

El Málaga CF rozaba la clasificación, ante el Borussia Dortmund, a semifinales de la Champions League en la que era su primera participación. El empate a dos en el marcador (materializado por Reus en el 91) parecía ser suficiente para que el sueño malagueño continuara. Pero llegó Santana en un clarísimo fuera de juego e hizo brotar las lágrimas en el Sur de España.

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