Argentina ganó su primera Copa del Mundo en 1978 en un contexto de dictadura y violaciones sistemáticas a los derechos humanos. En 1976, las Fuerzas Armadas derrocaron a María Estela Martínez de Perón y establecieron una dictadura militar que duró siete años y  dejó un número de treinta mil desaparecidos/as.

Corría el año 1966 en la Argentina cuando llegó la noticia de que el país sería sede de la Copa del Mundo de 1978. En ese momento ejercía de facto la presidencia el militar Juan Carlos Onganía, que se mantendría en el poder hasta 1970. Llegó a ocupar el cargo mediante la Revolución Argentina que derrocó al presidente Arturo Illia, presidente electo por la vía democrática en representación de la Unión Cívica Radical del Pueblo.

A Onganía lo sucedió Roberto Levingston, oriundo de la provincia argentina de San Luis, designado por la Junta de Comandantes en Jefe de las tres fuerzas armadas. Levingston estuvo un año en el poder hasta que las FFAA designaron a Alejandro Lanusse para que lo suceda.

Lanusse llamó a elecciones presidenciales en 1973 y anuló la proscripción del Peronismo, impuesta desde 1955 tras la Revolución Libertadora que derrocó al presidente democrático Juan Domingo Perón. Aún así, el ex presidente no pudo postularse por no tener en ese momento los años de residencia en el país necesarios para ejercer el cargo. Estuvo exiliado en España y desde allí arregló las condiciones con el Teniente General Lanusse: El candidato que representaría al peronismo sería Héctor Cámpora, que ganaría las elecciones.

Cámpora llamó a elecciones cuatro meses después de ser elegido y Juan Domingo Perón se impuso en los comicios de 1973. Meses más tarde, ya en 1974, el presidente fallece y el poder queda en manos de su esposa y vicepresidenta de la Nación Argentina, María Estela Martínez de Perón, llamada popularmente Isabelita. En su presidencia estuvo acompañada e influenciada por José López Rega, ministro de Bienestar Social y creador de la Alianza Argentina Anticomunista, un grupo terrorista paramilitar que persiguió, secuestró y asesinó militantes de partidos relacionados con el comunismo. Este hombre puso en 1974 a Pedro Eladio Vázquez a cargo de la Comisión Organizadora del Mundial. Esta comisión fue ineficiente y para el momento en que las Fuerzas Armadas tomaron el poder mediante el golpe de Estado se había esbozado un plan frágil.

Emilio Massera, Jorge Rafael Videla y Orlando Agosti

El veinticuatro de marzo de 1976 las FFAA, con el apoyo de grupos económicos y mediáticos, derrocaron mediante la fuerza a Isabelita. Ese mismo día se reunió la Junta Militar, compuesta por un representante de cada fuerza armada: Jorge Rafael Videla (Ejército), Emilio Eduardo Massera (Armada) y Orlando Ramón Agosti (Fuerza Área). En esa reunión se habló sobre la organización del Mundial ’78: Sería un operativo ideal para distraer al pueblo argentino, apasionado por el fútbol históricamente, y cambiar la imagen que daba la Argentina al mundo.

A partir de esto, se crea el Ente Autárquico Mundial ’78. Pese al deseo de Massera de que la organización de este operativo quede en manos de la Armada, fue manejado a voluntad del presidente de la Junta Militar y representante del Ejército, Videla. Él designó a Omar Actis, ingeniero militar, como presidente. Massera no confiaba en él entonces impuso a Carlos Lacoste como ayudante. Éste había formado parte de la Comisión Organizadora del Mundial creada por López Rega y dirigida por Vázquez.

Luego de comenzar con la organización, el EAM ’78 despidió a Lacoste: El seis de julio comenzaron las reuniones y días después Actis le pidió que no aparezca más por allí hasta el fin del torneo. El diecinueve de agosto, un grupo comando arriba de una camioneta cruzó por la mañana a Actis y lo acribilló. Según la versión oficial del momento fue la organización de raíces peronista Montoneros pero en los libros de atentados contra hombres de las FFAA no figura el asesinato de Actis. El ingeniero había diseñado un mundial que costaría setenta millones de dólares.

Logo de Argentina ’78

Antonio Merlo fue designado como sucesor de Actis en la presidencia del EAM ’78 y así Lacoste pudo manejar la organización a su gusto: Diagramaron un campeonato que costaría más de quinientos millones de dólares. Esto era un riesgo económico, decía el ministro de Economía José Alfredo Martínez de Hoz. No obstante, el presidente de facto Jorge Videla determinó que sería beneficioso para la Argentina, siendo el costo una cuestión intrascendente.

Además de los costos de organización, se invirtieron cien millones de dólares para que el Mundial se pudiera ver a color en el canal del Estado. Con otros doscientos millones de dólares se renovaron aeropuertos y comunicaciones. Se calcula que el costo total fue de quinientos diecisiete millones de dólares y se suman cuatro millones invertidos en renovación de estadios.

La primera persona en denunciar este desembolso enorme de dinero fue el secretario de Estado Juan Alemann, quien meses antes del comienzo del campeonato afirmaba que los cálculos se hicieron a la ligera y que la responsabilidad recaía en Carlos Lacoste. Pese a no resultar herido ni ser asesinado, Alemann recibió una advertencia por parte de las FFAA mediante una bomba que explotó en su domicilio. Según Merlo y Lacoste, la Copa del Mundo fue gratis para los argentinos porque la ganancia obtenida cubrió los gastos. La realidad es que los mismos fueron agravantes de la deuda externa argentina, la cual aumentó de forma inconmensurable durante la dictadura.

La propaganda oficial mostraba un país en orden y democrático. A los periodistas acreditados se les entregó una guía del Mundial de la “República” Argentina

La Junta Militar tenía que solucionar otros problemas ajenos a los costos del operativo. Las guerrillas podían interrumpir el desarrollo del mismo mediante atentados y la selección Argentina podía no ganar la copa. Es por esto que Emilio Massera se entrevistó en París con un líder exiliado del movimiento de origen peronista Montoneros, Mario Alberto Firmenich. Se acordó la paz durante la Copa del Mundo pero sin la orden de cese del fuego. Firmenich fue tildado de traidor por los militantes del movimiento y quiso ser desplazado. Para evitar que se rompa el acuerdo, la Junta secuestró y desapareció a los líderes montoneros que vivían en Buenos Aires y tenían intenciones de quedarse con el liderazgo.

Cerrado el negocio, fijados los números y garantizada la paz para la Junta Militar sólo quedaba asegurar la victoria deportiva. El director técnico de la Selección Argentina era, desde 1974, César Luis Menotti, de ideología de izquierda. Pese al miedo que le causaba la vuelta a Buenos Aires tras un amistoso en la Unión Soviética, Menotti fue respaldado por la Junta Militar como entrenador del seleccionado. Esta vez, no los sesgó la ideología y utilizaron el criterio deportivo. Argentina estaba obteniendo muy buenos resultados. Pese a seguir en el cargo, César percibió desde un principio la presión que se ejercería sobre él, su cuerpo técnico y sus seleccionados: La única posibilidad era ganar el Mundial. Convocó a un plantel experimentado y dejó afuera a Diego Armando Maradona, que en ese momento tenía diecisiete años.

César Luis Menotti

César Luis Menotti, el director técnico de Argentina durante el Mundial 1978

La percepción del entrenador argentino no era una simple sensación personal. Antes de la victoria 2-1 en el debut ante Hungría con goles de Luque y Bertoni la Junta Militar citó al plantel y cuerpo técnico para desearles suerte en el torneo. Años más tarde, algunos jugadores reconocieron que se bajó línea de forma muy clara. El Mundial había que ganarlo sí o sí. Esto atemorizó a los seleccionados que llegaron a temer por las consecuencias que tendría no hacerse con la copa. Por otro lado, Videla anhelaba que la imagen que daba Argentina en el mundo se ilustrara en el campo de juego con Fair Play.

Tras la victoria en el debut, Argentina venció a Francia por 2-1 y aseguró su clasificación a la Zona de Semifinales. Sin embargo, quedaba un partido que definía la sede en la que el seleccionado disputaría la segunda fase. Italia se impuso 1-0 y el conjunto de Menotti tuvo que mudarse a Rosario para disputar el Grupo B de la Zona Semifinal ante Polonia, Brasil y Perú. En la ciudad santafesina se impuso ante Polonia 2-0, empató sin goles ante la verdeamarelha y goleó de forma polémica y dudosa al conjunto peruano clasificándose a la final.

La única forma que tenía Argentina de disputar la final ante Holanda en el Monumental el veinticinco de junio de 1978 era haciendo cuatro goles ante Perú. Esto fue forzado por la victoria de Brasil 3-1 ante Polonia en la previa del duelo del seleccionado anfitrión. El conjunto de Menotti venció sin problemas 6-0 al seleccionado peruano y se metió en la final. Mientras la gente festejaba, la prensa foránea hablaba de un arreglo extrafutbolístico. Surgieron distintas versiones sobre el supuesto soborno: Una habla de un cargamento de cereal enviado hacia Lima por la misma Junta Militar argentina; la otra, de un simple reparto de doscientos cincuenta mil dólares entre los jugadores peruanos.

Argentina se consagró campeona del mundo por primera vez en la historia. En el país, había detenidos desaparecidos, que fueron secuestrados, torturados, interrogados y muchos asesinados. Se elaboró un plan sistemático que tenía como objetivo hacer desaparecer toda actividad política del panorama. La participación era mala palabra; ser militante era una condena.

La Junta Militar perseguía un objetivo siniestro impuesto por un poder internacional que quería acabar con las corrientes comunistas y de izquierda. La presidencia estaba ejercida de facto; las medidas económicas eran neoliberales y el empleo caía. Se acrecentaba la deuda externa, se priorizaban las riquezas de los grupos privados más grandes al progreso de los productores pequeños. Cerraron montones de fábricas, la industria nacional se fue a pique y todo esto dejó una consecuencia que hasta el día de hoy afecta al bolsillo de los argentinos.

En ese contexto de tortura, de persecución, de miedo se desarrolló el Mundial de Fútbol de 1978. Fue avalado por la FIFA (Carlos Lacoste llegó a ser encargado de las finanzas de la federación de fútbol más importante del fútbol con respaldo de Joao Havelange), por la AFA y dirigido por la Junta Militar. Si bien surgió la idea de renunciar al Mundial por los costos, la Junta vio la oportunidad de bajar un telón que tape la obra macabra que se estaba llevando a cabo. En los centros clandestinos de detención, por los cuales un futbolista holandés preguntó, los detenidos sufrían la incertidumbre y el miedo y se violaban constantemente los derechos humanos. No existía ningún tipo de reglamentación constitucional y se realizaron miles de crímenes de lesa humanidad.

No importa cuántos partidos ganó Argentina; no importa cómo funcionó el equipo. Lo trascendente en esto es que el fútbol fue una herramienta para encubrir violaciones de derechos humanos, negocios personales de jefes militares y del Estado, maquillar la imagen que ilustraba al país en el extranjero. Pero, aún así, fue un detalle del Plan Cóndor. Fue uno más de los operativos del plan que sufrieron militantes y ciudadanos latinoamericanos. Algunos jugadores extranjeros -Johan Cruyff, ni más ni menos- decidieron no venir tras conocer lo que ocurría en los centros clandestinos de detención y la persecución a las ideas políticas opositoras al régimen.

Massera, Videla y Agosti festejan el gol de Bertoni que selló el 3-1 ante Holanda en la final

Mario Alberto Kempes abrió el marcador en el Monumental y el holandés Dick Nanninga forzó el partido al tiempo suplementario cuando faltaban ocho minutos para que culminen los noventa minutos reglamentarios. Sobre el final del primer tiempo de la prórroga, el goleador Kempes desempató el encuentro para que Daniel Bertoni selle el 3-1 final cuando se moría el complemento. Videla, Massera y Agosti festejaron con alegría. El operativo Mundial salió a la perfección y el telón se bajó hasta el suelo. Mientras miles de hombres, mujeres embarazadas y niños vivían en cautiverio, temían por sus vidas y algunos eran arrojados al Río de La Plata con vida, Videla le entregaba el trofeo de la Copa Mundial de la FIFA al capitán Daniel Alberto Passarella.

La FIFA y la AFA fueron cómplices del telón enorme armado y financiado por la Junta Militar. Pese al mundial y a otras formas de desenfoque de las atrocidades cometidas, los militares no quedaron eximidos y una gran parte fue enjuiciada.

Los argentinos queremos un mundial en nuestra tierra. Y que se dispute en democracia.

Escrito por Juan Manuel Igal

– Buenos Aires (Argentina) –

Fuentes


Breve historia contemporánea de la Argentina. José Luis Romero, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2016.

Argentina en los Mundiales. Eduardo Bolaños y Javier Tabares, Planeta, Buenos Aires, 2014.

El Libro Negro de los Mundiales de Fútbol. Andrés Bufali, Jorge Boimvaser y Daniel Cecchini, Planeta, Buenos Aires, 1994.

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