Sexta jornada de Liga, partido del Barça contra la Unión Deportiva Las Palmas en el Camp Nou, el estadio enmudece cuando Lionel Messi se tira al suelo tocándose la rodilla. Los pronósticos se confirman, durante las próximas ocho semanas el equipo no podrá contar con el mejor jugador de la historia del fútbol. En la capital española los medios de comunicación afilan los colmillos para corroborar su famosa teoría de la Messidependencia.

En el interior del vestuario blaugrana entre la tristeza por la caída del ídolo, del compañero que siempre ha estado allí para llevarlos al olimpo futbolístico, alguien lanza un mandamiento que todos acogen como un mantra “Sin ti resistiremos para contigo ganarlo todo”.  Entre todos ellos dos son los jugadores que se saben conocedores de soportar la mochila atacante blaugrana, sabedores de que, con la marcha de Pedro y la insustancial aportación ofensiva de Sandro y Munir, Luis Suárez y Neymar Jr. se miran a los ojos, falta el tercer mosquetero pero ahora más que nunca “uno para todos y todos para uno”.

La voracidad de Luis Suárez nunca se ha puesto en duda, más o menos acertado, la lucha en cada uno de los partidos es una de sus cualidades indiscutibles. Sin embargo Neymar Jr. siembra dudas, ya fue una vez señalado como el sucesor en las ausencias de Messi, ya falló una vez cuando, dado su elevado precio, el Tata Martino se encomendó a su juvenil experiencia. Ahora es distinto, los juicios sobre su fichaje, las finales disputadas, la responsabilidad de llevar el brazalete de la canariha, lo han convertido en un hombre más maduro a sus insultantes veintitrés años.

Tras la lesión de Messi contra Las Palmas, en mitad de una conmoción generalizada Luis Suárez hizo un doblete para despertar al equipo. En el siguiente partido, a pesar de un buen juego, llegó la derrota contra el Sevilla, con un gol de Neymar que ya empezaba a asumir su rol de líder. Sin embargo, la tercera contienda en la que el astro argentino se tuvo que ausentar fue la consagración del reemplazo del líder de la nave, Neymar explotó con un póker de cuatro dianas y una asistencia a su socio Luis Suárez. Envidioso sanamente de su compañero, fue Luis Suárez el que en el siguiente partido perforó por tres veces la meta del Eibar, mientras que el Getafe fue la siguiente víctima de la dupla atacante blaugrana.

Nyemar celebra gol con Suárez

Este domingo llegó al Camp Nou el Villarreal, un equipo con mentalidad ofensiva y con la impronta de equipo serio y ordenado con el que Marcelino edifica sus equipos. Tras una primera mitad de tanteo y desgaste por parte del equipo blaugrana, un pase milimétrico de Busquets ha habilitado a Neymar para que con una gran definición pudiese abrir el marcador y destapase el tarro de las esencias futbolísticas.

Posteriormente Munir, en su única aportación reseñable, ha forzado un penalti que Neymar, en un claro ejemplo de generosidad en otros lares poco vista, ha cedido a Suárez. Quedaba para el final la maravilla de la jornada y quien sabe si de la Liga BBVA. Un pase milimétrico de Suárez era controlado por Neymar de espaldas a la portería, con un sombrero antológico se ha deshecho de Costa para, sin dejar que el esférico tocase el suelo, estamparlo directamente en las mallas del asombrado guardameta amarillo.

Neymar celebra gol Barcelona

Ya no es su maravillosa eficacia de cara a puerta, no en vano encabeza la lista de goleadores con once dianas, seguido por Suárez con nueve, ni sus seis asistencias que lo encumbran como un jugador muy generoso, sino el ascendente que a día de hoy Neymar Jr., el dorsal número 11, tiene sobre el equipo blaugrana.

Se ha echado el equipo en ausencia del líder natural, abandonando su banda izquierda para sembrar el pánico entre las defensas contrarias, a sus siempre eficaces, y algunas veces malentendidas, acrobacias futbolísticas aunque ahora más escasas, ahora suma una serie de recursos mucho más efectivos, como un desborde imparable directo a puerta y una definición de cara a la portería a la altura de muy pocos.

Estas cualidades junto con un afán de superación y lucha constante, estimulado por su compañero uruguayo, lo convierten a día de hoy en el jugador más en forma de la liga española y en, si no se tuercen las cosas en su cabeza, el próximo mejor jugador del mundo cuando Lionel Messi cuelgue sus botas para siempre. Ya lo reconoció Cristiano Ronaldo, a pesar de que a su presidente le hubiese gustado escuchar el nombre del compatriota de Tom Jones.

No me gustaría acabar este artículo sin reconocer el mérito de Luis Enrique y su cuerpo técnico en mantener completamente activa a su plantilla. Frente a otros entrenadores con poco ascendente entre sus jugadores no protegidos a pesar de su paupérrimo rendimiento hasta la fecha, Luis Enrique ha conseguido motivar a todos sus jugadores para que supliesen la falta del mejor jugador de la historia, no dando nunca un partido por perdido, sudando siempre la camiseta y dando la cara, incluso cuando las lesiones o el mal juego no hacían presagiar que el Barcelona a día de hoy llegase al Clásico con tres puntos por encima del Real Madrid.

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