He de reconocer que el cuerpo me pide escribir sobre el Madrid y su proceso de autoinmolación, el cual comenzó justo antes de finalizar el mercado de fichajes con las salidas de Di María y Xabi Alonso para regocijo del aficionado culé que veía un futuro negro (o blanco, como ustedes prefieran). Sin embargo, en un acto de misericordia, no haré leña del árbol caído y me centraré en el F.C.Barcelona, que a fin de cuentas es lo que verdaderamente me interesa.

Por Can Barça el paso de las jornadas es sinónimo de satisfacción y confianza en un equipo que poco a poco comienza a funcionar como tal. De un tiempo a esta parte, la plantilla blaugrana adolecía precisamente de eso, de plantilla. Los roles estaban muy marcados, las vacas sagradas se paseaban por el campo como si de Chenai se tratara, conscientes de que en el banquillo no había alternativas y sintiéndose por ello cual funcionario, es decir, con el puesto asegurado.

Sergi Samper Barcelona

Sergi Samper, ejemplo de que La Masía funciona

Pero esta temporada la cosa ha cambiado. Por fin tenemos cuatro (hasta cinco) centrales en condiciones de jugar, el medio del campo cuenta con recambios de lujo como el insigne Xavi y, la delantera, ¡ay la delantera! A la fructuosa e incipiente conexión Neymar-Messi, asiste desde la grada el tercer elemento llamado a sembrar el terror en el área rival, Luis Suárez.

Por si todo esto fuera poco, el conjunto culé cuenta con su particular joya de la corona que no es otra que La Masía la cual está en un nivel de producción que ni el pueblo de Estepa preparando mantecados para las fechas navideñas. A las ya realidades de Munir o Sandro, se suman jugadores que perfectamente podrían estar en el primer equipo como son los casos de Samper, Adama o Grimaldo. El Barsa B se codea (como ya hizo la temporada pasada) con los llamados al ascenso demostrando que esto no es flor de un día sino de saber hacer bien las cosas.

Mientras en otros lares de la geografía española presumen de tener “fábricas”, La Masía produce un goteo constante de futbolistas que abastecen al primer equipo. No es un tema de poder económico, sino simple y llanamente una cuestión de modelo en el unos optan por obviar y otros, como el Barça por creer.