A falta de una semana para el cierre del mercado de verano, el FC Barcelona ha compuesto la mejor plantilla de La Liga y quizá de Europa. Abidal se ha destapado como un director deportivo eficaz y práctico. No hay apuestas a ciegas, sino que han llegada jugadores contrastados a un precio razonable para componer una segunda línea competitiva y de calidad para dar relevo y descanso a un equipo titular de lujo. Es lo que demandaba el culé desde hace unos años y esa es la vía para conseguir de nuevo repetir gestas épicas a las que otros renuncian. Se prepara el asalto a La Liga, la Copa y la Champions con todas garantías, porque este club no renuncia a ningún título y se le exige ganarlo todo.

Y aunque se han hecho las cosas bien, muy bien, tanto en llegadas como en salidas, aún quedan días de verano y las puertas no están cerradas. Es el caso de dos jugadores que están llenando páginas y portadas con hipótesis y especulaciones, con dudas e ilusiones, desmentidos y giros de guión inesperados.

El caso más traumático y que más interés despierta es el del rubio Ivan Rakitic. El croata es pieza clave en el esquema del Barça desde que puso los pies en el Camp Nou hace ya 4 años. Desde entonces ha ofrecido trabajo, asistencias, llegadas de segunda línea y todo siempre con una sonrisa, convirtiéndose en uno de los jugadores más queridos por la afición. Parecen muy, muy pocos los 18 millones de euros que se pagaron por él, y por supuesto están más que amortizados. Ha compactado el medio del campo durante estos años, y su 2018 ha sido espectacular.

Por eso todo el mundo tembló cuando se liberaron los rumores de una superoferta del jeque del PSG, que se ha convertido en el hombre del saco del fútbol capaz de tocar a cualquier futbolista de cualquier club a cualquier precio. Cifras mareantes cercanas a los 100 millones de euros por un jugador de 30 años que hacen dudar a cualquier, y un salario generoso al que el jugador nunca podrá aspirar quedándose en Barcelona. Seguramente esta pequeña crisis se saldará con una subida de sueldo para Rakitic y una foto con Bartomeu sonriente, todo ello tras apenas un año y medio de firmar su renovación de contrato hasta 2021. Soy partidario de que el club está por encima del equipo, la única excepción que haría sería con Messi, sobre todo teniendo en cuenta que la masa salarial amenaza con hundir la entidad. Desde mi sillón lo veo fácil, no debería haber caso Rakitic, si no está contento tiene una cláusula a la que recurrir para buscar un salario galáctico en París, Manchester, China o Qatar, gracias por los servicios prestados y buena suerte.

Rafinha FC Barcelona

El segundo caso candente es el de Rafinha. Nadie duda de la calidad del menor de los Alcántara. Pero esa calidad y buenas maneras con el balón no le han permitido afianzarse en un Barça en el que la competencia es tremenda. A pesar de ser producto de La Masía, su presencia y su juego nunca han tenido fluidez y continuidad, convirtiéndose en una eterna promesa que va yendo y viniendo cesión tras cesión. Y lesión tras lesión. Y es que parece que la calidad que atesoran los hermanos Alcántara es directamente proporcional a su tendencia a lesionarse. Tras las salidas a Vigo y a Milán, parece ser que el próximo destino de Rafinha será Sevilla, en un Betis de la mano de Quique Setién que promete mucho, pero que se estrelló estrepitosamente en su estreno ante el Levante. En este caso parece que las negociaciones están muy avanzadas, pero lo que parece muy claro parece tonarse negro en cuestión de minutos. Incluso en algún momento se ha hablado de que no iría solo al Villamarín, siendo acompañado de un Paco Alcácer al que pocos recuerdan como futbolista.

Y con todo esto, el único perjudicado aquí es Ernesto Valverde. En su segunda temporada en Barcelona, el Txingurri vuelve a ver cómo le revuelven la plantilla con sorpresas de última hora. El año pasado fue el último en enterarse de la marcha de Neymar, este año reza para que no le desmonten el equipo con la competición ya comenzada. Su carácter comedido y sobrio, sus buenas maneras y su saber hacer poco dejan entrever lo que pasa tras ese ceño permanentemente fruncido, pero quizá es algo así como “a ver qué me tienen preparado esta vez y qué malabares hago para recomponer el equipo”.