No es mi intención sentar cátedra con lo que voy a escribir en este artículo. Tampoco pretendo que todos los periodistas deportivos cambien su manera de referirse a las paradas inverosímiles de los porteros de fútbol. Pero si quiero que, el que lea estas líneas, sepa que los guardametas no paran por reflejos. Porque han de saber que un acto reflejo consiste en una respuesta a un estímulo que se caracteriza por su involuntariedad, es decir, no se encuentra motivado por la voluntad de quien los emite. Así pues, podemos deducir que los porteros realizan las paradas involuntariamente y, por tanto, cualquier persona podría ponerse unos guantes, situarse bajo una portería y ser una estrella del balompié.

parada Casillas a Perotti

La célebre parada de Casillas a Perotti

Y entonces, ¿cuál serían los términos correctos para referirse a las espectaculares intervenciones de los cancerberos? Pues los más correctos, siempre desde mi punto de vista, serían los de velocidad de reacción o movimientos balísticos. Pero ahora dile a tú a los narradores y comentaristas de los partidos de fútbol que dejen de decir lo de alarde de reflejos para decir alarde de movimientos balísticos o de velocidad de reacción.

Ser portero no es sencillo. De hecho, creo sinceramente que es la demarcación más complicada de todas. Cierto es que los guardametas no están sometidos al desgaste físico de los jugadores de campo, pero si superan a éstos en desgaste mental. La tensión que acumula un portero durante el partido es bastante superior a la de cualquier compañero de equipo. El que se haya puesto bajos los palos en algún partido de competición, aunque sea a nivel provincial, sabe de lo que estoy hablando.

Ya he dicho que no espero que los periodistas cambien su forma de referirse a las paradas de los porteros, pero sí tengo la esperanza de que, de ahora en adelante, todos los que leáis este artículo, sepáis que los porteros no paran por reflejos.

Sobre El Autor

Apasionado del fútbol y Bético por encima de todas las cosas. Continuamente pendiente de la actualidad del club verdiblanco, disfruto y sufro con las alegrías y sinsabores del Betis. Ser Bético es real como la vida misma, ya que uno aprende a levantarse tras continuas caídas. Y ahí está la verdadera fuerza del Betis: en sobrevivir a los contratiempos.

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