El pasado martes Brasil vivió una de las peores noches de su historia futbolística.

Con la espinita del Maracanazo aún clavada en lo más hondo del corazón de los jugadores de la canarinha, Brasil soñaba con levantar la Copa del Mundo en su casa, brindar el trofeo a su afición como buena anfitriona.

Defensa de Brasil gol Alemania

La defensa de Brasil pareció por momentos la de un equipo amateur

Lo que ellos tal vez no esperaban, realmente creo que nadie contaba con ello, fue el auténtico tsunami futbolístico en el que se convirtió la Selección Alemana, el modo de juego que algunos ya se han atrevido a bautizar como el “tiqui-taquen“.

La perplejidad se hizo palpable durante los siete minutos que le hicieron falta a los hombres de Löw para destrozar la ilusión de una final a la afición brasileña. Desde el minuto 22 al 29, el Estadio Mineirão se convirtió en el lugar más parecido al infierno. La goleada sufrida por 0-5 durante la primera parte se calificó por parte de la prensa local con términos como “masacre”, “vergüenza” y “humillación”.

El resultado (1-7) le ha concedido a la Selección Brasileña el dudoso honor de haber recibido la mayor goleada en unas semifinales en la historia de los Mundiales.

Hasta entonces el capítulo más negro de la historia del fútbol brasileño había tenido una fecha marcada en el calendario: 16 de julio de 1950. El día que el mundo entero recordará como el Maracanazo cuando Uruguay gano 2-1 a Brasil en la final del Mundial.

Desde el martes, 64 años después de aquel fatídico día, un nuevo capítulo ocupa la primera página, un nuevo capítulo que los medios ya han bautizado como el Mineirazo.

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