Gran revuelo y gran polémica la que se ha levantado en la Sevilla bética, esa que late al son que le marca el escudo de las trece barras verdiblancas. Precisamente de colores va el asunto.

Para los forasteros y los que no sigan con frecuencia la actualidad de la entidad del Villamarín, les pondré en situación. Desde hace unos años, cuando llega el partido como local más cercano al 8 de marzo, el Real Betis Balompié celebra el Día de la Mujer Bética en dicho encuentro. Ese día, el palco es ocupado por mujeres y los jugadores salen con el nombre de una mujer importante para ellos (su madre, su esposa, su novia, su hija…) en la camiseta.

Acto de presentación de la camiseta de la polémica

Este año se ha ido más allá. Se ha pensado en que se le puede sacar un beneficio económico a esta celebración con una medida de marketing que es la que ha originado la polémica. El club de Heliópolis, para el partido del próximo domingo frente al Granada C.F., cambiará su camiseta verdiblanca por una rosa y verde. Se dice que para gustos, colores, ¿no? Pues a mi no me gusta la camiseta.

Pero ya está. No me gusta el diseño ni la combinación de colores. Ahora bien, no pienso que disputar un partido, un solo partido, con esta equipación, sea un ultraje a la historia del Real Betis y de sus históricos colores. Creo que las cosas no hay que tomárselas tan a la tremenda y con tanta acritud. Insisto: es un solo partido. Distinto sería que se cambiara para toda la temporada. Pero para conmemorar un día especial, no me parece un atentado contra la idiosincrasia del equipo andaluz.

Cualquier acto, medida o decisión que se tome en el Real Betis (y en todos los clubs del mundo) está influido por la situación deportiva. Si el equipo bético estuviera en puestos europeos, os puedo asegurar que la inmensa mayoría de la gente que ha puesto el grito en el cielo, vería el asunto de la camiseta verdirosa desde otra perspectiva. Eso sí, la indumentaria seguiría siendo muy fea.

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