¿Cuántas veces podremos haber escuchado la famosa frase de “el fútbol es un estado de ánimo”? Muy empleada por Jorge Valdano, se refiere a que más allá de tácticas, calidad técnica, etc. una buena dinámica puede ser más importante que otros aspectos. Muchas veces vemos como equipos a priori inferiores se posicionan en puestos donde no “deberían ” estar y viceversa,  equipos con grandes figuras entran en barrena y no hay manera de que salgan de puestos de descenso o de peligro. Casos como los de Éibar y Valencia serían un ejemplo.

Voy a resumir brevemente la temporada del equipo en el que trabajamos esta temporada. El objetivo desde un principio era ascender. Ganamos los primeros 9 partidos de manera consecutiva, de los 51 puntos posibles de la primera vuelta el equipo completó 42. Estábamos intratables y el momento más álgido se vivió en la jornada 22 cuando en casa de los terceros clasificados en ese momento nos impusimos 0-5 con el partido más completo de toda la temporada. Esa inercia nos hizo ganar algunos partidos más, pero en este partido la distancia con respecto al 3º, puesto que marca el ascenso era de 15 puntos. El objetivo del ascenso pasó de ser un objetivo a ser una obligación. Empezamos a dudar de lo que hacíamos y de cómo lo hacíamos. A esto se sumo que dos jugadores pasaron a formar parte del primer equipo y padecimos otras dos lesiones de larga duración por lo que el nivel y calidad de los entrenos bajo considerablemente.

La dinámica había cambiado, aunque mantuvimos el nivel, las sensaciones no eran las mismas. La realidad era que se jugaba como se entrenaba y mientras la exigencia fue máxima el resultado era el esperado. Ascendimos a falta de cinco jornadas lo que hizo que el último tramo de la temporada se hiciera especialmente largo. Al ganar la Liga nos quedaba un último partido, la final del Campeonato Gallego frente al campeón Norte de Galicia. Los números decían que lo habíamos hecho mejor, más puntos, más partidos ganados, mas goles a favor, menos goles en contra…Números, nunca creeré en ellos.

Pues bien, en la final solo hubo un equipo. Mientras nosotros habíamos dejado de competir tras aquel 0-5, hacía ya dos meses y medio, nuestro rival tuvo que competir hasta las ultimas jornadas. El estado de forma de unos y de otros aunque fuera similar, las dinámicas eran totalmente diferentes. Nos pasaron totalmente por encima sin opción a meternos en el partido. A pesar de nuestros intentos por enchufarlos en este último tramo nos fue imposible, los entrenos seguían siendo completados con jugadores de nuestro equipo B lo que hacía que la calidad de los mismo menguara.

Simplemente quiero resaltar la importancia de una constancia en todos los aspectos que rodean al jugador, al juego y a su contexto. Cuando todo sale bien parece que el equipo es indestructible y es que a veces un mala idea llevada a cabo por 11jugadores se puede convertir en éxito sí la dinámica es buena.

Sobre El Autor

Entrenador Nivel 2, dirige la sección "La pizarra de Héctor"

Estudié Ciencias de la Actividad Física, soy Técnico en Psicomotricidad y entrenador de fútbol, mi pasión de siempre. Llevo entrenando desde los 18 años y lo que más me gusta es el trabajo de campo, el contacto con el jugador, la tarea y sus evoluciones. Mis gustos se decantan hacia el fútbol de toque, vistoso y con ritmo, digamos que el Barça de Rijkaard es una referencia.

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