Un Mundial de fútbol es un escaparate perfecto para que un futbolista se dé a conocer a un número ilimitado de aficionados al balompié. Eso le ocurrió a nuestro protagonista de hoy en Francia’98 durante un México-Corea del Sur.

Cuauhtémoc Blanco nació tal día como hoy hace 44 años en la capital mexicana. Es el tercer máximo anotador de El Tricolor, solo por detrás de Javier Chicharito Hernández y Jared Borgetti. Con el combinado nacional mexicano disputó tres Mundiales (Francia, Corea del Sur y Japón y Sudáfrica), otras tantas Copas de América y dos Copas Confederaciones, de la que salió campeón en 1999, torneo en el que anotó 6 goles.

Pero vayamos al detalle por el que el delantero azteca saltó a la fama. El 13 de junio de 1998, en el Stade Gerland de Lyon, se enfrentaban las selecciones de Corea del Sur y México, en el primer partido de la Fase de Grupos del Mundial de Francia. En un momento del partido, Cuauhtémoc Blanco sorteó a dos coreanos realizando una acción que, enseguida, la bautizaron como la Cuauhteminha. El mexicano agarró el balón con los dos pies y saltó entre dos defensas asiáticos. Este recurso lo volvió a repetir en más ocasiones durante su carrera, incluido en un partido del Mundial de 2002 ante Italia.

Cuauhtémoc Blanco celebra un gol con el Real Valladolid

Muchos recordarán el paso de Blanco por el Real Valladolid, aunque no fue brillante. Llegó a Pucela en el verano de 2000, pero solo pudo jugar 3 partidos al sufrir una grave lesión. En su segunda y última campaña como jugador blanquivioleta disputó 20 encuentros, anotando 3 goles. El más recordado fue el que logró en el Santiago Bernabéu en el minuto 88 de partido, y que significó el definitivo empate a 2.

Tras retirarse del fútbol, Cuauhtémoc Blanco se dedica a la política. Actualmente, es el alcalde de Cuernavaca y el presidente de Alternativa Socialdemócrata. Recientemente ha protagonizado una huelga de hambre, iniciada a modo de protesta por su destitución como alcalde, decisión que ha sido finalmente revocada.

Sobre El Autor

Apasionado del fútbol y Bético por encima de todas las cosas. Continuamente pendiente de la actualidad del club verdiblanco, disfruto y sufro con las alegrías y sinsabores del Betis. Ser Bético es real como la vida misma, ya que uno aprende a levantarse tras continuas caídas. Y ahí está la verdadera fuerza del Betis: en sobrevivir a los contratiempos.

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