“Un árbitro de 17 años pierde el bazo tras una brutal agresión”, “Pierde la cabeza y tumba al árbitro con una patada a la altura del pecho”, “Recogepelotas amenaza con una navaja a un asistente”, “Jugador agrede al árbitro a la salida de vestuarios”, “Asistente recibe un balonazo intencionado desde la grada”.

Estos titulares se repiten, desgraciadamente, cada fin de semana. Desde fútbol base hasta las categorías más altas muchos árbitros son vejados, insultados, e incluso agredidos. Y eso no se puede permitir.

La cuestión es, ¿por qué? Me pregunto si tan dañinos son los árbitros para que merezcan eso, y creo que absolutamente no. Un partido de fútbol está compuesto por dos equipos y el árbitro, acompañado, según la categoría, por dos asistentes. Sin alguna de estas tres partes el encuentro estaría incompleto y no se podría disputar. Por lo tanto, jugadores y árbitros son figuras totalmente imprescindibles en este deporte y están en igualdad de condiciones.

Un ejemplo de la necesidad del árbitro fue lo sucedido, hace unas semanas, en un partido que enfrentaba al Yeclano – Mestalla de 2ºB. El árbitro principal se lesionó en el minuto 20, y éste fue reemplazado por el asistente número 1 (el situado en la línea de banquillos), quedándose el trío arbitral incompleto.La solución fue solicitar un árbitro por megafonía.

Finalmente, corrieron la suerte de que, por casualidad, un colegiado se encontraba viendo el partido en la grada y el encuentro pudo continuar con el compañero espectador convertido en asistente.

Pero parece que la sociedad no entiende que los colegiados son personas, que pueden cometer errores y que nadie es perfecto. Un jugador puede permitirse el lujo de fallar un penalti, cometer una falta o encararse con la afición y ningún peso recae sobre él, siempre y cuando su equipo consiga la victoria. Caso opuesto ocurre con el árbitro, ya que cualquier error que cometa le llevará a la crítica y al abucheo.

De todos modos, esta realidad tiene solución. Desde el fútbol base deben inculcar a los más pequeños el valor del respeto al árbitro y a los compañeros. Esta labor se tiene que llevar a cabo desde del club y desde las propias familias de los niños.

Otra forma de parar esto es endurecer las sanciones a los responsables de estos sucesos. No vale con algún partido de sanción, lo que se debería hacer es proceder a la retirada de la ficha y consiguiente expulsión del club, además de una sanción económica. Así conseguiremos que cuando estos pequeños tengan unos años más no cometan tales atrocidades, que gracias a los mayores se conciencen positivamente, y que la sociedad vea este mundo como lo que realmente es, un deporte.

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