Si alguien que no sepa el resultado del derbi capitalino del sábado lee que ha sido ganado por el equipo que mejor actitud tuvo, por el que fue más intenso, ganó más balones divididos, con dos goles a balón parado, que preparó mejor tácticamente el choque, estudió mejor a su rival… en consonancia con lo visto en las últimas tres o cuatro temporadas, seguramente pensaría que el Atlético venció. Craso error. El equipo local deshonró su casa en la despedida de los derbis ligueros. Estuvo inconsistente y se vio superado, tembloroso.

El equipo de Simeone, acostumbrado a dar imagen de seguridad en las últimas temporadas aun cuando a veces haya vivido estos partidos colgado de su larguero y encerrado en su área, fue claramente superado el día que quiso tener más dominio. Aunque las estadísticas fueran igualadas, las sensaciones no engañan.

Y el Real Madrid de Zidane, acostumbrado a tener que llevar el peso de estos partidos y viéndose incómodo en muchas ocasiones previas, jugó a lo que quiso casi en todo momento. Salió en largo buscando a Bale, que no tenía rival en los balones por alto, para prolongar o dejar de cara a los centrocampistas, manejó con Modric cuando convenía bajar el ritmo del partido y tocar el balón, incluso en los minutos en los que se vio más apurado por el Atlético mostró solidez defensiva (a pesar de las bajas de los centrales titulares) casi en la misma medida que los colchoneros mostraban inocencia ofensiva.

Porque los primeros minutos fueron colchoneros. El Atlético quiso salir mandando en el balón y en el terreno, y al Real Madrid no le importó. Las bajas le habían convertido en un equipo más rocoso. Nacho y Varane detrás no tenían la más mínima intención de complicarse, Kovacic estaba dispuesto a desplegar físico para cerrar el juego entre líneas, Isco quedaba liberado para mandar en el tercer cuarto de la cancha, Bale abierto a la izquierda sería la diana de los balones lanzados desde la retaguardia con la seguridad de que su potencia de salto no sería superada por los rivales, Lucas Vázquez en la derecha aportaba trabajo y ayuda a su lateral, y Cristiano podía ejercer de nueve sin ser un ariete fijo, sino llegando desde fuera. Un equipo tácticamente más rico que el supuestamente titular, a lo que hay que sumar el factor sorpresa, que el Real Madrid más típico ya es sobradamente conocido.

El Atlético escogió a Torres como punta para tener algún argumento de centímetros en la fase ofensiva, si bien a la hora de la verdad ni por alto ni por velocidad superó a sus pares. Koke volvió a funcionar acompañando a Gabi en la sala de máquinas. Para Saúl quedó el flanco derecho, en un partido gris del joven ilicitano, asustado e impreciso toda la noche. Tampoco brilló Griezmann, excepto en un par de arrancadas de genio, no encontró caminos en la defensa blanca. Solo Carrasco, en sus progresiones junto con Filipe en banda izquierda llevó peligro, pero la clara superioridad física y actitudinal de los centrales evitó que algunas de sus jugadas acabara en gol.

Fuente: Marca

Frenado el arreón inicial colchonero, sin grandes ocasiones, el Real Madrid, de la mano de Bale e Isco, fue llegando. Así fueron entrando en escena Modric o Marcelo, que puso un gran centro que Cristiano remató picado, obligando a Oblak a hacer la parada del partido. Pero para los visitantes durante todo el partido, el juego fue llegando a continuación de los goles.

A los 23 minutos, una falta provocada por un movimiento entre líneas de Lucas Vázquez cortada a las bravas por un desafortunado Savic, fue lanzada por Cristiano. No es sorprendente que el ambiente hacia el portugués fuera hostil, pero es que en el Calderón se fue incluso burlón con él. Se corearon varios fallos suyos en el calentamiento y se aplaudieron algunas acciones desafortunadas del portugués durante los primeros minutos. Pero es peligroso burlarse de este chico, porque su potencia y determinación es tal que, si se le añade el “factor pique”, el cóctel puede ser letal. Además el sábado la suerte estaba de su cara y, lo que debió ser un mal lanzamiento a la barrera, se convirtió en gol al abrirse esta en un balón que cogió a contrapié al meta local.

El gol, mediado el primer tiempo, hizo al Atlético modificar su posición para tapar el movimiento blanco entre líneas, sobre todo de un Isco magistral. Simeone colocó cinco en el medio, sacrificando a Griezmann como medio izquierdo y formando un trivote que contuvo las facilidades de su rival para moverse en la mediapunta, pero mató la salida al ataque. El resumen fue que, al descanso, y sin necesidad de que los blancos tuvieran muchas más ocasiones, la sensación de la afición local fue de que lo mejor era ir perdiendo solo por uno.

El segundo tiempo, sin cambios de jugadores, arrancó muy diferente. Salió mucho más enchufado el Atlético, encerrando a los de Zidane en el primer cuarto de hora, donde seguramente mereció empatar, si bien centró casi todo en la conexión de Filipe y Carrasco en banda izquierda, que colgaban balones que apenas encontraban remate. Además, intensificó la presión tras pérdida, dando lugar al momento de mayor intensidad rojiblanca del partido.

A los 17 minutos, los cambios que la grada pedía, pero que poco resultado dieron. Entraban Correa y Gameiro por Gabi y Torres. El Atlético metía gol pero perdía físico. Imposible ya ganar un balón por arriba con Correa, Griezmann, Gameiro y Carrasco en punta. También se perdía presión en el centro del campo, quedando junto a Koke y Saúl convertido el sábado en la sombra del futbolista que es.

Luka Modric of Real Madrid during the Spanish Primera División match between Atletico Madrid and Real Madrid at Estadio Vicente Calderón on march 2, 2014 in Madrid, Spain.(Photo by VI Images via Getty Images)

Perdió intensidad el dominio rojiblanco, mientras Modric crecía. Pero hablando de crecer desde un punto de vista literal, el que más había crecido era Varane, un tipo con un físico privilegiado para su puesto. De esta manera, Oblak sacó en largo buscando a sus cuatro puntas bajitos (no me pregunten por qué). Ellos, en un ejercicio de optimismo, se colocaron en línea para luchar por alto ese balón (no, a ninguno se le ocurrió buscar el rechace dando el salto por perdido). El imponente central francés ganó muy fácil el salto y despejó con tal potencia que hizo llegar el balón a la frontal colchonera. Allí Savic fue lento, muy lento, y confiado, desesperadamente confiado. Tal vez en un intento de intentar homenajear al recientemente fallecido Prodan, Savic mutó en defensa tronco. Se vio venir que Cristiano en su carrera le iba a comer la tostada, le forzó un penalti que anotó y que acabó definitivamente con el partido a 20 minutos del final.

A partir de ahí creció el juego del Real Madrid, volvió a dominar con soltura y clase en el manejo de la pelota, con Modric otra vez como centro de operaciones, ante un Atlético que había bajado los brazos, consciente de que por más veces que Carrasco o Filipe llegaran a línea de fondo, por más córners que botaran, el gol no iba a llegar. Y a fe que el belga lo intentó hasta el final, siendo, de largo, el mejor de su equipo.

Como cuando a un equipo no le salen las cosas todo puede ir a peor, en el 77 Bale cogió un balón en ventaja ante Juanfran, lució velocidad y cedió al otro palo para que Cristiano rematara su hat trickGesto hacia la grada que aproximadamente una hora antes se reía de él (Tebas hablaría de provocación, me imagino) y portadas para él, a pesar de impactar poco en el juego (donde fueron mucho mejores Bale, Isco, Modric o los centrales), pero amigos, el fútbol son goles y resultados.

Varias conclusiones que deja el encuentro, este Atlético, que pareció cuadrar el círculo el mes pasado al ser alegre en ataque e igual de intenso que siempre en defensa, se ha convertido en un equipo que no es ni carne ni pescado, que no te mata arriba y no te ata atrás. Tiene trabajo el Cholo para definir lo que va a ser este año el juego de su equipo, si se vuelve a lo anterior o se da el salto al vacío de buscar jugar mejor. Deben decidirse y buscar soluciones en la línea que elijan, pero de cualquier forma, tiene un problema ante el gol cuando enfrente hay buenos defensas. Ni Torres tuvo nunca una relación fluida con las mallas ni Gameiro resuelve sin espacios. Griezmann y Carrasco aportan mucho, pero no todo el peso del gol puede caer en los segundas puntas, los arietes deben sumar.

Mientras Zidane subió cache y respeto profesional al superar en el planteamiento a un compañero de trabajo tan duro como el Cholo. Empiezo a pensar que el francés no solo es un buen motivador, un pacificador de vestuarios plagados de estrellas, sino que también demuestra buenas ideas. Principalmente cuando las bajas le permiten hacer un equipo que no esté ya prediseñado.

Fuente: Sport

Y a todo esto, sin que parezca que estén haciendo gran cosa, el Real Madrid es líder con cuatro puntos sobre el Barça y nueve sobre un Atlético casi descabalgado de la lucha liguera. De salir vivo del Clásico cercano y del bache que muchas veces sigue al Mundialito de Clubes, tendrá muy adelantado el camino hacia la Liga.