Es curioso como en las últimas fechas se ha multiplicado el debate alrededor del estilo de juego del Atlético de Madrid. Esta vuelta del tema a la primera línea se deriva de la internacionalización de dicho debate. Los colchoneros se han puesto de moda en Europa al eliminar a dos equipos tan punteros como Barça y Bayern, pero las particularidades de estas eliminatorias, donde el Atlético ha tenido que pasar demasiado tiempo resistiendo en su área ha dado lugar a muchos comentarios despectivos sobre las armas que utilizan para vencer. Tampoco el episodio del lanzamiento de un balón para impedir el desarrollo de una jugada en el partido contra el Málaga ha ayudado a mejorar la imagen del equipo en el extranjero.

Bromeaba con los compañeros de redacción sobre el título de mi artículo de hoy, les decía que se titularía “Al que no le guste que no mire”, obviamente como una exageración de mi posicionamiento, ya que, obviamente, todo el mundo es libre de opinar o denostar cualquier estilo de juego, de la misma manera que todos los equipos son libres de jugar (dentro de la legalidad) de la manera que prefieran y estimen más provechosa para sus intereses.

No es mi intención en estas líneas explicar el modelo de juego del Atlético de Madrid, entre otras cosas porque ya lo hizo mi compañero Héctor Riobó con mucha más maestría y conocimiento técnico de lo que podría hacerlo yo. Mi idea es tratar de generar una perspectiva más justa con el Atlético y con sus posibilidades de antemano en las competiciones que disputa.

Este Atlético, tirando de perogrullada, es un equipo más, ni es el mejor de la historia, ni el más duro, ni el que mejor plantilla tiene, es un equipo al que hay que juzgar sin grandilocuencias. Analizando sus objetivos, debe ser el favorito para alcanzar el tercer puesto de Liga (algo que va a conseguir con unos 20 puntos de distancia sobre el cuarto), debe llegar en Champions hasta donde se encuentre con alguno de los poderosos de Europa (algo que ha superado, eliminando a dos de los máximos favoritos y plantándose en la final) y en la Copa del Rey debería llegar hasta donde se cruce con Real Madrid o Barça (algo que este año no ha logrado, cayendo ante el Celta de Vigo).

No comprendo ni comparto que algunos opinadores forofos quieran presentar como un milagro alcanzar cotas como esa tercera plaza o unos cuartos de final de la Champions eliminando al PSV, esos logros sí están al nivel exigible a esta plantilla.

Celebración gol Atlético

Pero entiendo menos y me rebela encontrar que mucha gente quiera hacer ver que lo normal para las posibilidades del Atlético de Madrid es plantarse en una final de Champions y ser campeón de Liga. He llegado a escuchar en una tertulia radiofónica que si no gana la Champions el próximo día 28 en Milán, la temporada habrá sido un fracaso. Por supuesto, la derrota en cancha del Levante es decepcionante e inesperada (aunque es un campo aciago para el Atlético), y perder las opciones de ser campeones en ese partido, con el rival ya descendido, es motivo de tristeza para la parroquia colchonera.

No perdamos la perspectiva, por favor, este equipo es inferior en cuanto a plantilla y recursos que el Real Madrid, Barça, Bayern, City, Chelsea, PSG y alguno más, si lucha con ellos es por su entrega, alta capacidad de trabajo y conjunción como equipo. No es normal ni exigible que el Atlético alcance los resultados que logra.

Y sin embargo, algunos se permiten exigir no solo resultados, sino vistosidad, que se ciñan a un determinado tipo de juego preferido por algunos “bienpensantes” que, desde la pertenencia o el seguimiento a equipos con tres o cuatro veces más presupuesto que el Atlético de Madrid, pero con resultados similares o inferiores, se permiten el lujo de dar opciones o repudiar el trabajo del rival.

Comprendo que Xavi Hernández diga que un grande no debe jugar así, lo dijo referido a su Barça, es una idea que va contra lo que él mamo en La Masía y, aunque a veces es un tanto “talibán” en sus criterios futbolísticos, es loable que defienda ese tipo de fútbol que, por cierto, me encanta. Además, lo hizo sin menospreciar a quienes juegan de otra manera (a pesar de que ciertas mutilaciones de sus declaraciones hagan parecer lo contrario). Sin embargo, que Vidal, un gran futbolista pero eminentemente físico, que viene de la Juventus, un equipo con un estilo de juego bastante parecido al del Atlético, diga ahora, porque está en el todopoderoso Bayern de Múnich, que su juego es el bien absoluto y el de su rival es feo, parece una broma de mal gusto. Sobre todo, cuando lo haces después de caer en una semifinal y sin el más mínimo atisbo de humildad.

Comprendo que el debate en el extranjero se ciñe casi en exclusiva a los partidos de Champions. Muchos periodistas e incluso profesionales del fútbol opinarán habiendo visto a los del Cholo en un par de eliminatorias de Champions y poco más, pero el Atlético no solo juega como ante Barça o Bayern. Es un equipo principalmente vertical, de pocos toques, pero que sabe ser ofensivo y alegre cuando puede y quiere. Es más, esa forma de defender, esa armonía en el juego posicional, en las ayudas, en las coberturas ¿acaso no tiene un fondo de belleza? Esa capacidad para sufrir y conmover, no solo hace sentir orgullosos a sus seguidores, también provoca sentimientos en cualquier espectador: es conmovedor, y ese sentimiento también debe ser valorado.

Diego Simeone

Me parece casi interesada gran parte de la crítica al Atlético de Madrid, cuando se le pide que juegue abierto y al ataque ¿qué se busca? ¿qué los grandes le goleen? Cuando el plan actual funciona ¿es justo pedir que se cambie? Es irreal pensar que si el Atlético jugara como muchos le piden obtuviera estos resultados.

Ojo, esto no quiere decir que todos los aficionados estén contentos al 100% con el equipo. Con la mejora deportiva está viniendo una mejora económica que debe repercutir en el camino de un salto de calidad que haga que se puedan dominar mejor los partidos (me cuesta creer que Simeone prefiera estar encerrado como contra el Bayern a poder manejar el juego), que se vayan incluyendo nuevas virtudes sin perder la esencia de trabajar y virtuosismo defensivo. Tampoco gustan a todo el público del Calderón episodios como el del balón del Málaga (aunque Gracia lo hiciera unos minutos antes) o el manotazo al delegado en Múnich. La intensidad no debe confundirse con macarradas, pero se perdonan, porque nadie es perfecto y el camino de este Atlético permite a sus aficionados soñar en alcanzar niveles que, hace diez años sin ir más lejos, parecían imposibles ¿quién puede pedirles más?