El F.C. Barcelona cumplió con su papel de aguafiestas en lo que a darle emoción a la Liga se refiere. Venció 1-0 con el enésimo golazo de falta directa de Leo Messi, llevando de nuevo las diferencias a guarismos tranquilizadores para sus objetivos. Recuperó además el pulso, fue capaz de dominar un partido intenso y de encerrar por momentos a un Atlético que también pudo dejar orgullosos a sus seguidores. Aunque se esperara del equipo algo más por sus buenas actuaciones de las últimas jornadas, dio el callo en la fase defensiva y le faltó algo más de claridad en las transiciones hacia el ataque. Aun así, llegó al final del partido con opciones de rascar un empate que hubiera sabido a gloria a los del Cholo.

Era nada menos que un duelo de líder contra segundo, pelea por todo lo alto en la Liga Española, con cinco puntos de antemano entre ambos conjuntos. Con un Atlético que llegaba enrachado, con dos goleadas continuas, siete goles de Griezmann en los últimos dos partidos y sensación de que se estaba enterrando al equipo del cerocerismo de la mano de la pelea de Diego Costa y la brillantez del principito francés. Recibía un F.C. Barcelona en bache, algo afectado por el duro mes de las eliminatorias de Copa, algo desnortado por las incorporaciones de invierno, o confiado por tan amplia ventaja, o quién sabe. Lo que está claro es que los tres empates de las últimas jornadas le habían menguado su ventaja hasta el punto de que perder este duelo hubiera puesto en entredicho un título de Liga que se daba por descontado desde hace, al menos, dos meses. Todo ello, a pesar de que Zidane, con su Real Madrid a quince puntos, siga viendo vida en la Liga. Cosas más raras se han visto (o tal vez no).

Valverde formó un dibujo muy variable que pretendía aumentar la libertad de movimientos de los tres atacantes. Podríamos hablar de un 4-3-3 en el que, más allá del ariete de referencia, las otras dos puntas bajaban a colaborar con la creación, a tirar paredes y a dejar huecos ante la poblada defensa colchonera. Así, en portería vimos a un casi inédito Ter Stegen, que se mostró atento para cubrir los intentos de pases largos a la espalda de su defensa, pero que poco más tuvo que hacer ante las escasas llegadas colchoneras.

En defensa, línea de cuatro clásica con Jordi Alba en el lateral izquierdo, con el mismo gran recorrido de costumbre, aunque con menos éxito en las llegadas de lo habitual. En el lateral derecho, Sergi Roberto, colaborando con el centro del campo en la creación, apoyando por dentro y cubriendo su banda correctamente. Los centrales, Piqué y Umtiti, cumplieron con creces en su lucha con Costa y Griezmann. Estuvieron precisos en sus decisiones, fuertes y rotundos por alto y por bajo, y todo eso con el catalán aun renqueante de su rodilla.

Iniesta lesión Atlético MadridBusquets fue, como habitualmente, el eje del centro del campo. Fundamental en la presión tras pérdida que ahogó a los colchoneros en la salida de balón, y tan acertado como siempre en la distribución. Apenas cometió algún error en la salida del balón. Mejor aun estuvo Rakitic, como fiel escudero a su lado, colaborando en el robo y en la distribución, multiplicándose por el campo, el croata fue fundamental. Iniesta solo duró media hora, pero fue importantísimo en la fase en la que el Barça más dominó. Se movió sin temor entre las sobria defensa rival, abrió vías de agua y solo una lesión muscular prematura evitó que fuera el mejor del partido. Coutinho, el cuarto centrocampista, tiene aun que aprender del manchego. El brasileño se movió bien, turnando posiciones por el ataque con Messi cuando éste bajaba a la creación, dejó muestras de calidad, pero su escasa fortaleza física le penalizó en un partido tan intenso y con una defensa enfrente tan vigorosa.

En ataque, Suárez estuvo en su versión más peleona, tan diferente al gato sin garras que vimos en Las Palmas. Sin excesivo acierto, al menos cuerpeó a los rivales, molestó a la defensa y se hizo con algún balón que no parecía posible cazar. Pero el mejor del partido fue, como no, Messi. Se lo tomó, como el resto del equipo, como uno de esos días grandes, en los que te juegas algo importante. Se ofreció por todo el campo y ganó duelos imposibles con regates estratosféricos. Además, anotó el definitivo gol de falta directa con un tiro espectacular. Aunque desapareció ligeramente en el tramo final del partido, volvió a demostrar que es el hombre de la temporada en nuestra Liga.

Del banquillo se incorporaron André Gomes, tan innecesario como de costumbre, para cubrir la lesión de Iniesta; y Paulinho en los momentos finales para dar músculo al centro del campo por el desfondado Coutinho.

Simeone volvió a plantear un encuentro con las líneas juntas y partiendo de campo propio para visitar el Camp Nou. Aunque en prácticamente ninguna de las ocasiones anteriores ha encontrado premio en el resultado, esta vez con la presencia de Costa y Griezmann en plena forma no parecía mal planteamiento. Sobre el papel, fue un 4-4-1-1 convencional. En portería, Oblak estuvo brillante, a su nivel, con una rapidez de reflejos espectacular bajo palos que le hizo sacar un par de buenas ocasiones de los blaugranas. Con lo que no pudo fue con el tiro de falta de Messi, pero al menos llegó a tocarla, al contrario de lo que hubieran hecho la mayoría de los porteros.

En defensa, los laterales fueron para Filipe Luis y Vrsaljko, que no pudieron progresar debido al dominio blaugrana. En el caso del croata se vio en serios problemas, sobre todo al principio, con la presencia de Iniesta. Los centrales, Godín y Giménez tuvieron momentos casi heroicos, sobre todo en el caso del más joven de los dos. Se multiplicaron cerrando huecos y ganaron prácticamente todos los duelos.

En el centro del campo, como en otras ocasiones, formaron cuatro mediocentros. Gabi y Thomas ayudaron a cerrar el espacio entre líneas por delante de la defensa. El ghanés incluso acabó de lateral derecho. Ambos cumplieron con la parte defensiva, pero no colaboraron en lubricar la transición hacia el ataque. La máxima responsabilidad en esa transición recaía en Koke y Saúl. El primero de ellos desapareció sin espacios. Su escasa velocidad y su poca capacidad para el regate le hicieron verse encerrado demasiado a menudo, y es un jugador que con presión pierde mucha precisión, tanto en el pase como en el control. Apenas logró conectar en alguna ocasión con los puntas y no dio el punto de claridad que su equipo necesitaba. En cuanto a Saúl, tuvo que estar más pendiente de ayudar atrás. Además, al no durarle el balón a los puntas, no le dio tiempo a sumarse al ataque y mostrar su llegada.

Umititi y Diego Costa luchan balón

En punta, Diego Costa estuvo luchador, pero los balones que le mandaban no cumplían con el mínimo de precisión necesario para que pudiera al menos lucharlos con ciertas garantías. De la misma forma, si Costa no cazaba balones, Griezmann no podía incorporarse para que el brasileño se los cediera. Además, su colaboración en facetas defensivas con la línea de centrocampistas, le dejaba con demasiados metros por delante para salir fresco o con conducciones que tuvieron mínimas posibilidades de éxito.

Desde el banquillo, Simeone fue arriesgando con los cambios según pasaban los minutos. Al cuarto de hora de la reanudación, Correa entró por Vrsaljko para dar algo más de verticalidad al equipo. A 25 minutos del final, Gameiro entró por Gabi para aumentar la presencia en el área. Participó poco, pero llegó a anotar un tanto anulado por fuera de juego previo de Costa. El último cuarto de hora, Lucas entró por Filipe para jugar con solo tres defensas, contribuyendo el francés a sostener al equipo.

Arrancó el partido muy fuerte el Barça, con la presión muy alta, con Iniesta brillante y sin dejar que el Atlético ni tan siquiera soñara con salir con garantías al ataque. Todo funcionaba como un reloj en los locales, pero la defensa del carril central de los de Simeone siempre es un ejemplo. Se acoraza frente a su área y, con una mezcla de intuición, reflejos felinos y sapiencia a la hora de hacer las faltas en el lugar correcto y con la fuerza perfecta, resulta casi imposible de superar.

Entre el manchego y Messi abrieron varios caminos, hasta que el primero de ellos notó un pinchazo muscular que le tuvo dudando casi 15 minutos (del 20 al 35, aproximadamente), hasta que decidió salir. Para entonces, había dado un curso de fútbol mágico y sencillo que quedó inconcluso, pero Messi ya había cogido su relevo con una serie de progresiones imparables por la frontal y, sobre todo, con una falta que en el minuto 26 hizo inútil la buena estirada de Oblak. Pese al dominio del Barça, el único fruto del partido fue ese tiro a balón parado que el portero esloveno rozó con la yema de los dedos. Detalles que marcan la diferencia (de ocho puntos).

Tras el gol y sin Iniesta enfrente, el Atlético quiso adelantar líneas con más corazón y carácter que claridad. Filipe Luis trató de progresar para dar salida a los visitantes, Koke o Griezmann intentaron contactar más con el balón, pero el Barça igualó la intensidad colchonera para dar paso a unos minutos de fútbol con multitud de choques, balones sueltos a los que se iba con fuerza, otro tipo de espectáculo (eso sí, en un partido muy limpio) que tenía a los porteros, sobre todo al local, como meros espectadores.

Giménez y Luis Suárez luchan balón

Tras el descanso, el Atlético quiso buscar nuevas formas de salida, mientras el Barça iba perdiendo capacidad para conectar pases en campo contrario. A campo abierto, Suárez entró en duelo con Giménez en múltiples ocasiones, con buenos resultados para el defensor, pero con ocasiones al filo de la navaja. Los cambios hicieron que el Atlético jugará más en campo rival, pero la buena actuación de la defensa local impidió que se transformaran en ocasiones.

Aunque Griezmann asomó en un par de oportunidades con malos remates a dejadas de Costa, y Gameiro anotó una dejada que el brasileño hizo desde posición de fuera de juego (por un pie, pero correctamente marcado por el colegiado), el partido fue llegando a su fin con más emoción por el corto resultado que por el peligro que mostraba el ataque visitante.

Por lo tanto, con esta victoria el Barça demuestra que para volver al buen nivel solo necesitaba sentirse amenazado, pero deja la duda de la continuidad de este repunte. En la Liga parece que los ocho puntos en los que aventaja al Atlético le deberían bastar para llevarse el título, aunque los colchoneros, que ya tienen más cerca al Real Madrid por detrás (siete puntos) que al Barça por delante, seguirán con su habitual partido a partido, en busca de nuevos despistes blaugranas que puedan volver a darles esperanzas.

Aparte de que Messi siga a lo suyo, si el Barça iguala al Atlético en intensidad, la calidad prevalece siempre a favor blaugrana cuando disputan entre ambos. No obstante, para los del Cholo ya era un gran premio haber llegado a este partido con opciones reales de luchar la Liga. El resultado fue justo, pero ninguno de los dos salió triste.

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