Ha sido la noticia desafortunada y más comentada del fin de semana. Estaba siendo un partido habitual de los que hace Messi, de esos en los que maravilla casi sin querer porque no entiende el fútbol de otra manera. Frente a su rival favorito, una asistencia y un gol. Corría el minuto 15 y Messi conduce el balón en campo rival. Regatea a Arana. La pelota se le va lo justo para que el mudo Vázquez se interponga en su camino. Un bloqueo como cualquier otro, un choque sin mucha importancia, pero una caída que duele verla. Diagnóstico: fractura de radio en el antebrazo derecho. Tres semanas fuera. Se disparan todas las alarmas en el Camp Nou. Porque el siguiente partido es contra el Inter de Milan en Champions y luego viene el Madrid.

Es lo que ocurre cuando tienes en tus filas al mejor jugador de la historia, que todo gira alrededor de él. Es quien construye el juego, es quien remata las jugadas, es quien le da sentido a tu equipo. Este mazazo ha dolido. Sobre todo este año en el que parte de la afición blaugrana está sumida en el miedo, las dudas, la crítica destructiva y las prisas. Las tres Champions consecutivas del Madrid han pesado, como también lo ha hecho la pérdida del estilo, la falta de jugadores de toque, el cansancio de los veteranos, la baja forma de algunos, el desacierto de otros, la poca implicación de unos pocos. Ernesto Valverde vuelve a afrontar dilemas que no había buscado y que ponen a prueba su capacidad como entrenador. Es la gracia del fútbol en can Barça. Haga lo que haga será cuestionado, criticado y comparado con otros que decidieron dejarlo en su momento por banquillos en ligas más tranquilas.

Parece que este año el esquema de juego está siendo bastante constante. El 4-3-3 ha adelantado por la derecha al 4-4-2 habitual de la pasada temporada y ha vuelto para quedarse. Es poco probable que el txingurri cambie el sistema ante los dos grandes compromisos de este principio de temporada. Además, este año cuenta con extremos. Dembélé está en plena forma y se le ha fichado un sustituto. Por lo que lo más sencillo es que el francés ocupe la demarcación de Messi por la derecha y el joven Malcom ocupe el asiento de Dembélé en el banquillo.

Dembelé celebra gol Barcelona

Todo sería sencillo si no fuera por la actitud de Ousmane. Sus cualidades ofensivas nadie las discute. Su velocidad, su regate, sus recortes, su disparo demoledor… Pero últimamente todo empieza a complicarse cuando se acerca al área, cuando ha de tomar la última decisión. Si durante sus primeros partidos demostró una gran capacidad goleadora, desde hace un tiempo está demostrando una capacidad para dudar que empieza a ser un poquito preocupante. Esta preocupación sube un grado cuando ves que tras perder la pelota su actitud pasiva permite contras del rival que pueden acabar en gol, que es exactamente lo que pasó este último sábado ante el Sevilla.

Se abre por ahí una duda ¿Podría ser el momento de Malcom, quien sólo lleva 25 minutos en lo que va de temporada? ¿Puede que sea bueno optar por jugadores que guarden un poco más la espalda, pero a la vez tengan un buen nivel ofensivo, como Sergi Roberto o Rafinha? ¿Quizá Munir? Lo dudo bastante. Está claro que estas tres semanas serán para Dembélé, para que demuestre su valía, para que se acostumbre a combinar, a decidir, a aprender a defender también. El destino ha querido que sea contra dos grandes equipos, qué mejor que contra rivales de entidad para dejar claro que el precio que se pagó por él es totalmente justo.

Pero Dembélé no es Messi, claro. El francés no debe recoger la responsabilidad de llevar el ataque blaugrana. No le toca ese rol. Estaríamos locos de plantearnos algo así. Ese papel es para alguien que tenga más capacidad de análisis de la situación, de visión de juego, de pase y sobre todo de liderazgo. Podría ser Coutinho, pero el brasileño es un jugador frío, que en ocasiones desconecta del partido, más orientado en finalizar que en crear, y si de galones se trata, el papel de líder del ataque recaerá en Suárez. El charrúa demuestra en cada partido que lo suyo es luchar y pelear cada balón hasta la extenuación. Y si ya era conocida su capacidad para marcar, también nos ha sorprendido hace poco con su capacidad para asistir. El mejor aliado de Messi desde Dani Alves tiene todos los números para recoger su testigo desde el carácter, la garra y un juego cada vez más inteligente que antepone el bien del equipo a su función de 9.

Garra y carácter, algo que por cierto está fallando en mediocampo. Los años de Mundial son duros, pero para Busquets y Rakitic se está haciendo muy pesado. El catalán encadena años sin un sustituto claro en la plantilla que le dé descanso. Los 30 recién estrenados le han hecho más lento y falto de reflejos. Y el desgaste adicional de asistir a los partidos de selección no ayuda a paliar esas faltas propias de la edad. Aún así, su inteligencia como futbolista y sus cualidades técnicas son indiscutibles. Lo mismo ocurre con Rakitic, quien a falta de acierto se ha decantado por marcar golazos en las últimas citas. No habría problema teniendo a alguien con el currículum y la experiencia de Vidal, pero el chileno no acaba de acostumbrarse al juego combinativo del Barça. Si bien es cierto que sus actuaciones no han sido malas, se le ve lento a la hora de decidir qué hacer con el balón. Eso sí, la entrega nunca la negocia, y espero que se puedan aprovechar sus cualidades en la doble cita con la nobleza europea de esta semana.

En cuanto a la defensa, sabemos lo que hay. Semedo, Piqué, Lenglet y Alba tendrán que aguantar los envites rivales sabiendo que no tienen recambios.

Y si todo falla, siempre nos quedará Ter Stegen.

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