Rompía la red de manera automática, simplemente llevaba el gol en la sangre, era un portento sobrenatural, hablamos de Gerd “torpedo” Müller.

“Sin Gerd Müller no habría existido el Bayern Münich de hoy.” – Franz Beckenbauer

Gerd "torpedo" Müller.

Gerd “torpedo” Müller.

160 goles en un año de juvenil con el equipo de su pueblo. Era fan del Nüremberg pero no serían ellos quien apostaran por él, sino el Bayern Munich, equipo entonces de segunda división, donde llegó junto con la figura de Franz Beckenbauer.

El entrenador, Tschick Čajkovski, nada más verlo dijo “Os pedí un nueve y me traéis a un levantador de pesas” y es que su físico corpulento y ligeramente pasado de peso no parecía en un principio el ideal para un delantero. Finalmente, y tras una larga temporada de suplente debutó con 2 goles. La máquina de golear se había puesto en marcha…

Con tan solo 1’74 era un magnífico cabeceador y sobre todo remataba con las dos piernas, le daba exactamente igual derecha o izquierda. La cuestión era marcar goles y así fue 15 años consecutivos (1964-1978) pichici del Bayern Munich, 7 veces de la Bundesliga así como en el Mundial de 1974.

Pero, ¿qué hacía de Müller un prodigio del gol? Primero el tener un auténtico don para estar en el sitio justo en el momento adecuado. Segundo porque, como él mismo contó, no apuntaba al portero sino a la portería.

“Corría en vano a por 10 balones pero al 11 la cogía y era gol.” – Paul Breitner

Clave del Bayern campeón de Europa tres años consecutivos (74/75/76) y de la Alemania campeona de Europa en 1972 contra Rusia y del Mundo en 1974 contra la Holanda de Cruyff.

En 1979 dejó el fútbol europeo y se fue a Estados Unidos al Fort Lauderdale Strikers donde coincidió con George Best. Allí haría 40 goles en 80 partidos.

Finalmente, termina retirándose en 1981, época en la que sus problemas con el alcohol eran ya considerables. Serían Uli Hoeness, Franz Beckenbauer y Paul Breiner quienes no lo dejarían sólo haciendo que ingresara en una clínica de rehabilitación donde finalmente superó sus adicciones.

Gerd Müller, el bombardero de la nación, el torpedo o simplemente…el gol.