Concluye el FC Barcelona – Manchester City del 16 de Octubre, aparentemente por un claro y contundente 4-0 en el marcador, digo aparentemente porque quien no viera el partido pensaría que fue un “baño” en toda regla y nada más lejos de la realidad. Ya se que hace más de un mes de este partido, pero ya hace mucho tiempo que llevo queriendo tratar un tema sin encontrar el momento. Este partido solo fue el detonante.

El caso me traslada a la época del Barça de Guardiola, cuando el fútbol que practicaban enamoraba a medio mundo. Tanto enamoro que todos los entrenadores de fútbol base comenzaron a “practicar” ese fútbol vistoso y de toque rápido que desquiciaría a cualquier rival. Hoy en día esa tendencia aun continua. Tanto es así que en las gradas se escuchan las críticas de los padres al juego de su equipo como éstos no den doscientos catorce pases antes de tirar a portería. Tanto es así que se justifica una derrota con que el juego de nuestro equipo fue mejor que el del rival que no hizo más que dar balonazos. Tanto es así que parece que al equipo poseedor le dan puntos por jugar con su portero cuatro veces cada minuto. Lo que quiero decir es que nos confundimos.

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El problema no es querer jugar de una manera o de otra, el problema es querer hacerlo a toda costa, sea con una filosofía más combinativa o con la antítesis destructiva. Cuando llego a un club  o cojo un nuevo grupo lo primero que hago es evaluar a los futbolistas, al conjunto de la plantilla. Esto me suele llevar dos semanas, en donde observamos lo que tenemos, características técnicas, tácticas, colectivas e individuales. Aunque en mi cabeza tenga una idea de cómo me gustaría afrontar los partidos, ésta no puede ser definitiva ni anárquica.

El porqué no es otro que la descompensación de plantilla. Sí en ocasiones los clubes profesionales tienen dificultades a la hora de confeccionar una plantilla imagínense los modestos o de fútbol base. Cuando nuestras pretensiones son las de crear un equipo aguerrido, duro, agresivo, que salga a la contra y con un carácter volitivo muy marcado y lo que nos encontramos  es un grupo con un perfil de jugadores de poco recorrido, muy técnico, con tendencia a las asociaciones en corto y que dominan el juego posicional…tenemos un problema. Lo mismo ocurre a la inversa.

La relación debe ser; análisis de la plantilla que determinará la idea o modelo de juego para después determinar un sistema.

Es por ahí por donde viene mi crítica, por esa defensa a ultranza de MI idea. Igual que no se puede clavar un clavo sin martillo no podemos defender un modelo sin los mecanismos apropiados, ¡¡Y!! aún así, eso, no es garantía de éxito.

Voy a personalizarlo. Me gusta Guardiola, la tranquilidad que transmite, esa confianza en sí mismo, la obsesión con lo que vive cada minuto de su trabajo, la intención que tienen sobre el terreno…pero ¿es suficiente? Me gustaría poder hacer una encuesta entre varias aficiones en donde se reflejara la preferencia por un juego atractivo o por la conquista de títulos. Solo el más cínico de los aficionados se decantaría por la primera. Y aquí nos encontramos con la pregunta que llevo tiempo haciéndome e inspira el artículo de hoy ¿ Hasta donde morir por una idea? Una idea es buena cuando los resultados acompañan, todo lo demás que se diga es hipocresía. Os lo dice alguien que hace 2 temporadas fue destituido por falta de resultados con un juego dominador, atractivo pero poco efectivo. Fue una experiencia positiva pues aprendí que no siempre las cosas salen como uno quiere y hay que adaptarse. Uno de mis deseos como aficionado al fútbol es ver a Pep entrenando en un equipo sin tantos recursos como el Barça, Bayern de Múnich o City, adaptándose a lo que tiene y trabajando con lo que dispone.

Ese 16 de Octubre vi a un City muriendo con la idea de su entrenador jugando frente a su “hijo”. Once contra once estaba siendo un partido más que atractivo, de tú a tú, pero con la expulsión de Bravo, en el Camp Nou y con los rivales que tienes en frente no hubiera estado de más  haber jugado a “otra cosa” corriendo menos riesgos. Quince días más tarde tras concluir el partido de vuelta frente al club catalán el mismo Guardiola decía en la rueda de prensa que se había sorprendido al ver a su equipo ganando a la contra. ¿?. ¿Perdón?, ¿Cómo es posible que un entrenador tan capacitado como él no fuera capaz de ver esas cualidades en sus futbolistas?, ¿ A caso e ciega esa idea?

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Pep Guardiola con su cuerpo técnico celebrando su cuarto título de Liga con el Bayer de Múnich.

LA IDEA. Él sigue defendiendo que es en lo que cree y no va a renunciar a ella, pero ¿hasta que punto?, sí identificas que tu equipo puede hacer daño a la contra no lo vas a aprovechar. Si tus futbolistas se encuentran más a gusto arropados en tres cuartos de campo en lugar de presionar a campo abierto ¿morirás con tu idea?

Todo esto que acabo de comentar llevado al fútbol base es lo que llamo el “daño de Pep”.

PD: el artículo de hoy es, más que nunca, puramente opinión personal y recalco que me gusta la metodología empleada por Guardiola, Planchart, Torrent y todo su cuerpo técnico, pero creo que al ser la más compleja para llevar a cabo precisa de un tipo determinado de jugadores, que quizá en otros clubes no haya, y me atrevo a decir, quizá él tampoco disponga de ellos.

Sobre El Autor

Entrenador Nivel 2, dirige la sección "La pizarra de Héctor"

Estudié Ciencias de la Actividad Física, soy Técnico en Psicomotricidad y entrenador de fútbol, mi pasión de siempre. Llevo entrenando desde los 18 años y lo que más me gusta es el trabajo de campo, el contacto con el jugador, la tarea y sus evoluciones. Mis gustos se decantan hacia el fútbol de toque, vistoso y con ritmo, digamos que el Barça de Rijkaard es una referencia.

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