El jueves próximo y el de la semana que viene Betis y Sevilla disputarán dos derbis históricos. Es la primera vez que los equipos sevillanos se enfrentarán en una competición continental. El ambiente espectacular de este tipo de partidos será visto por todos los seguidores de la Europa League. Qué mejor momento para demostrar que aquí sabemos hacer las cosas con categoría.

Y es que es innegable que el derbi sevillano levanta unas pasiones difícilmente entendibles si no eres de la ciudad de La Giralda. El partido (o los partidos) no duran noventa minutos. Tras una previa con mucha guasa y nervios, el pitido final del árbitro da lugar a una prórroga que dura lo que tarda en llegar el siguiente derbi. Durante ese tiempo, los piques, las bromas y los chistes son diarios. Los que ganan se explayan en este sentido y, los perdedores, no tienen paraguas suficientes para aguantar el chaparrón. Esta es la parte sensata y bonita, la que hace al enfrentamiento entre Betis y Sevilla especial.

Por desgracia, no todos entienden la rivalidad de esta sana manera. En todos lados cuecen habas y aquí no íbamos a ser menos. Los ultras de los dos equipos intentarán montar el lío, porque no saben hacer otra cosa. No les importa que con su cavernícola comportamiento dilapiden la imagen de una ciudad espectacular y que, para nada, refleja el modo de actuar de los radicales. Sevilla es una ciudad acogedora, tolerante y que vive la vida de una manera singular. Patrick O’Connell, entrenador del Real Betis en la temporada en la que el club verdiblanco logró ganar la Liga, decía que el sevillano vivía como si el mundo se fuera a terminar al día siguiente.

La capital hispalense entrarán en un selecto club formando, hasta el momento, por cinco ciudades europeas: Londres, Milán, Bucarest, Barcelona y Madrid. Por todo esto es importantísimo que los aficionados más radicales de los dos equipos estén bien controlados por las fuerzas del orden público. Es injusto que estos energúmenos manchen el nombre de una ciudad histórica y de dos equipos con dos aficiones ejemplares, que para nada son la imagen que los ultras dan con una frecuencia mayor a la deseada.

Ojalá dentro de diez días solo tengamos palabras buenas y motivos para estar orgullosos de cómo han discurrido estos dos partidos. Sevilla y los dos clubs se juegan mucho de cara a la opinión pública. Hay que saber estar a la altura de las circunstancias. Ah, y que gane el mejor (y que el mejor sea el Real Betis).