Parecen ya lejanos los tiempos en los que vencer en los derbis era una rutina para el Real Madrid. Ahora, tras una racha de catorce interminables años sin que el Atlético de Madrid derrotara al Real Madrid, el punto de inflexión de la final de Copa de 2013 marcó el inicio de la era del dentista del madridista. Y es que, si estos partidos fueron durante década y media para los merengues como una visita al spa, ahora son como ir a la consulta del dentista, ganen o pierdan saben que lo van a pasar mal.

Aunque no sea necesario especificarlo a estas alturas de la vida, ni que decir tiene que el dentista puñetero que tortura al madridismo no es otro que Simeone. Esa bendición colchonera ha ido cambiando los esquemas mentales típicos de este club y ha acabado con un complejo frente a sus vecinos que ni la derrota de Lisboa ha conseguido revivir.

En este último enfrentamiento concreto, el Atlético volvió a demostrar su poderío como bloque. Fue un conjunto que se movió siempre unido, con una casi robótica obsesión posicional, mostrando un entramado capaz de funcionar como un solo organismo. Por su parte el Real Madrid sigue siendo la unión de unos grandes futbolistas cuyo engranaje se supedita a la calidad individual, ese equipo de videojuego del que hablaba en un artículo anterior.

Mandzukic lucha con Ramos

Mandzukic,como todo el Atlético de Madrid, no rehuye el choque

Simeone dispuso una alineación con la sorpresa del inmaduro delantero mejicano Raúl Jiménez como acompañante de Mandzukic en la punta, uniendo a sus dos arietes más puros. Sumados a Raúl García, en la derecha del mediocampo, colocaba potencia para la pelea de balones largos que pudieran venir de atrás y obligaba a una guerra que desgastaría a la defensa blanca.

Fue mayor el sacrificio que la efectividad de los dos delanteros atléticos, que mostraron poca presencia y ahondaron en la sensación de no estar aun muy a gusto en la disposición táctica de Simeone. El croata no es Diego Costa, es un delantero de área que no saca rendimiento a balones cazados fuera de esa zona ni a los envíos en profundidad, como las prolongaciones de cabeza que Raúl García prodiga. Mientras, el mejicano aun no se sabe muy bien ni lo que es… ni tan siquiera se le espera demasiado.

Ancelotti dijo tras la derrota de Anoeta que algo tenía que cambiar, en lo que parecía anunciar modificaciones en la alineación que no se produjeron, tal vez influido por la lesión de Khedira y la semana (larga) de ausencia de sus múltiples pupilos internacionales. Sí hubo algún cambio en la dinámica de los jugadores sobre el campo. James apareció algo más adelantado respecto a Modric y Kroos, intercambiando posiciones constantemente con Cristiano.

Esto, que podría ser más natural para el colombiano, fue mejor interpretado por el portugués, que con esa libertad añadida creo algún acercamiento de peligro en asociaciones con Bale o Benzema, apareciendo en zonas que la defensa rival no esperaba. Pero los males merengues siguen siendo parecidos, James sigue sin terminar de romper (me atrevo a predecir que acabará probando de falso nueve) y el centro del campo no está compensado, haciendo muy difícil el repliegue.

El partido arrancó con Kroos manejando la zona ancha y con el Atlético de Madrid esperando y tratando de salir en largo, hasta que en una de esas tímidas salidas un córner al primer palo que hasta tres defensas blancos vieron pasar sobre sus cabezas acabó en el fondo de la portería de Casillas impulsado por Tiago. De paso, alimentó dos fantasmas: el de la diferencia de efectividad en las jugadas de balón parado entre ambos equipos y el de la relación amor / odio del Bernabéu con Casillas, que fue pitado las siguientes veces que tocó el balón pagando los platos rotos de una situación en la que no es el máximo culpable.

Cristiano decidió echarse el equipo a sus espaldas tratando de romper la poblada defensa rival por su lado más débil, el de Siqueira (que no está curando de momento la nostalgia por Filipe Luis), pero bien la ineficacia rematadora de sus compañeros o las intervenciones de Moyá (este sí está cumpliendo en la función de hacer olvidar a Courtois) evitaban el empate. El Atlético pasaba de estar cómodo en defensa a empezar a verse desbordado, los dos delanteros no conseguían conectar los balones largos que les llegaban y Koke tan solo encontraba conexión con Tiago muy lejos de la portería blanca.

La potencia de Ronaldo consiguió sacar un penalti a la inocencia de Siqueira y llegó el empate, desde entonces hasta el descanso el acoso se agudizó sin éxito.

Cristiano celebra gol de penalti

Cristiano anotó el empate de penalti

En el descanso el Atlético de Madrid cogió aire y fe, arrancando la segunda parte de nuevo bien pertrechado en defensa y dejando al Real Madrid un dominio algo ficticio con el que solo conseguían inocuos disparos lejanos. Hasta que llegó Arda.

El turco Arda Turan empezaba a ser visto con desdén por la afición colchonera. Arrastrando aun la lesión que le impidió jugar la final de Champions, se fue a jugar con su selección sin haberse estrenado este curso con la rojiblanca, lo cual había notado en los dos partidos previos de Liga. Él es la pieza diferencial del conjunto de Simeone, el que cataliza el esfuerzo de los demás para convertirlo en fútbol de alto nivel. Su entrada por Gabi mandó a Koke al eje de la medular aumentando el flujo de fútbol ante un centro del campo madridista incapaz de correr hacia atrás y una defensa desgastada de bregar con Mandzukic, Raúl Jiménez y, eventualmente, Raúl García.

La entrada de Griezmann por Jiménez terminó de dar claridad a la transición del ataque visitante y el Atlético empezó a llegar al área. Si el Cholo y el Mono tenían previsto sacar a los jugones para dar la puntilla en la última media hora o si fue una decisión tomada sobre la marcha, nunca lo sabremos, pero el plan resultó.

El Ardaturanismo consiguió resultados en el minuto 75. Bella combinación de Griezmann y Juanfran en banda derecha, cuyo centro es magistralmente dejado pasar por Raúl García para que Turan lo cruzara al fondo de la red. Nuevo gol que reciben los de Ancelotti por una llegada de un centrocampista en segunda línea mientras Kroos o Modric se dedican a verles pasar.

Desde ahí hasta el final, ni el debut de Chicharito ni la salida de Isco por Bale hicieron que el Real Madrid de un desfondado Cristiano hiciera peligrar la victoria visitante. Incluso hubo ocasiones para el 1-3.

Una derrota que deja muy tocado al Real Madrid, a 6 puntos del Barça y 4 del Atleti; a Ancelotti, que tendrá que afrontar modificaciones serias para acotar los  problemas; a Casillas, pitado y cada vez más severamente juzgado; incluso a Arbeloa, quien, sustituido por Varane en el segundo tiempo, puede verse relegado el tercer lugar de los laterales derechos; pero también a Florentino Pérez, que tuvo que soportar gritos de Florentino dimisión (probablemente obra de Ultras Sur dolidos por la pérdida de privilegios) en una situación que empieza a recordar a 2006, cuando tuvo que abandonar la presidencia. Su calidad individual le sobra para ganar 30 partidos de Liga, pero en los exámenes exigentes de la temporada le puede pasar factura.

Para el Atlético de Madrid, la gloria de la victoria no debe ocultar algunas desconexiones, como la forma de acoplar a los nuevos o las soluciones a encontrar cuando Arda Turan no esté disponible. Pero, sin duda, partidos como éste hacen crecer (más si cabe) la fe rojiblanca en sus posibilidades mientras el Cholo, el dentista del madridista (y de cualquier otro equipo grande, por extensión), siga de guardia.

Los compañeros alzan a Arda Turan tras marcar al Real Madrid

Los compañeros alzan a Arda Turan tras marcar al Real Madrid

Una Respuesta

  1. Toni Mateo

    El gol de Arda es el mayor reflejo de lo descompensada que está la plantilla del Madrid y de los pocos recursos que tiene Ancelotti para poner solución a la obsesión que tiene Florentino por vender camisetas.

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