Podría hablar del gran espectáculo que nos brindaron ambos equipos. Del “problemón” que tiene Zidane con Bale, un jugador de cristal al que alinea por Decreto despreciando la meritocracia. De los magníficos porteros que son Ter Stegen y Keylor Navas. Del miedo que daba mirar el banquillo del Barsa, miedo convertido en pavor cuando Luis Enrique se giraba para hacer un cambio. Pero permítanme hablar, otra vez, de Lionel Messi.

Quien escribe lleva años disfrutando de sus exhibiciones año tras año, supongo que a cualquier amante del fútbol le sucede lo mismo. Sin embargo, el culé siente que disfruta de algo que nadie jamás ha visto y probablemente verá, algo que formará parte para siempre de sus recuerdos. Una obra de arte vestida de azulgrana ante la que Stendhal no haría sino temblar.

El aficionado blaugrana es consciente de que tiene al mejor de todos los tiempos en su equipo lo que provoca que sucedan cosas como la de anoche, que pese a venir de una eliminación en Champions, de la baja de Neymar o de tener la peor plantilla de hace muchos años uno tenga en cuenta todo eso y aun así siempre piense, si Messi tiene el día no hay imposible. Y es que al contrario de lo que sucede en la fábula de Esopo, cuando Messi promete lo imposible, sabe que siempre cumplirá.

Messi cumple años como cualquier mortal, pero esto no provoca tristeza en el culé sino expectación por saber qué podrá hacer cuando retrase su posición y pase de meter las cartas en el buzón a repartirlas.

Messi es un genio, un Mozart del balón que surge una vez en la historia. Messi engrandece el fútbol. Y es que…

El fútbol es Messi.

Lionel Messi mostrando camiseta al Bernabeu

Messi viniendo a decir: “Soy el Rey, y también reino aquí”

Sobre El Autor

Fundador y Director

Nací en Murcia y crecí viendo al Barcelona de los Romário, Laudrup y Stoichkov. El fútbol de posesión y la figura del 4 son las claves.

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