Horrorizado e incrédulo, leo la noticia del apuñalamiento de un jugador del Alhaurín de la Torre B al término del partido que disputaron frente a El Palo B, de la Tercera Andaluza. Mi estupor y sorpresa se multiplican cuando veo que, presuntamente, dos jugadores del equipo rival son los que llevaron a cabo la agresión. De hecho, uno de ellos ya se ha entregado a la Policía.

Un hecho de tal gravedad, afortunadamente, es aislado, pero no debemos obviar que, en los partidos de divisiones bajas, hay agresiones, peleas y situaciones lamentables todos los fines de semana. Y lo se porque lo he vivido en primera persona. Pero lo del pasado domingo en Málaga va más allá.

Los presidentes del El Palo y el Alharín a las puertas del hospital

Estamos hablando de una agresión que ha estado a punto de costar una vida. La víctima, tuvo que ser operada de urgencia dada la gravedad de las heridas, que dañaban el esternón y el corazón del joven futbolista de 24 años. El jugador del Alhaurín B, que se encuentra estable, dentro de la gravedad, ya ha abandonado la UCI del Hospital Carlos Haya de Málaga.

Yo no voy a entrar en analizar lo que ocurrió durante el partido porque lo desconozco. Pero me da igual. Me importan muy poco los motivos que originaron la agresión. No se si fue tras una provocación de la víctima o fue sin ella. Ninguna de las dos hipótesis justifica que dos personas apuñalen a otra y estén a punto de acabar con su vida.

El fútbol es otra cosa, no lo que se vivió en el partido entre estos dos equipos. Este bendito deporte es muy bello y apasionante y no merece que individuos de tan baja condición moral y humana se acerquen a él. Solo espero que el joven agredido se recupere satisfactoriamente y que los culpables de esta asquerosa agresión paguen contundentemente por ello.

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