No sé si es debido a la entrada de dinero de las televisiones, o la irrupción de millonarios excéntricos o el trabajo de directores deportivos incompetentes… pero la realidad es que el fútbol se nos está yendo de las manos. O quizá, para ser más precisos, se nos ha ido. Se nos fue ya. Hace algunos años…

Está claro que los futbolista no valen, bajo ningún concepto, lo que se paga por ellos, pero en esto de los sobre costes hay verdaderos especialistas. Esos jugadores que, curiosamente, cada traspaso que protagonizan tiene unos costes inauditos con tendencia al alza.

Este año hemos asistido, impertérritos, al fichaje de Paul Pogba por el Manchester United por unos 105 millones de euros (las cifras reales, de este y de cualquier otro traspaso nunca las conoceremos…). Teniendo en cuenta que Pogba fue un jugador criado en la cantera del United y que dejó el club en 2012 por la nada despreciable cifra de cero millones de euros, la operación es redonda en todos los sentidos. En Turín todavía se están riendo, aunque menos después de tener que desembolsar ellos 90 millones por uno de los jugadores más sobrevalorados de los últimos años: Gonzalo Higuaín. En realidad, la génesis de este artículo se movía por las sombras de este jugador. Y luego he ido encontrando más pegamento.

Presentación Higuaín JuventusHiguaín es un buen jugador, faltaría más, pero ¿vale lo que ha pagado la Juventus por él? Ni de coña. Ojo, ya he descartado que pagar esas cifras, e incluso la tercera parte, por un ser humano sea lógico o racional. Me intento mover en las dinámicas de los mercados. Y ni aún así comprendo que la Juve haya aceptado semejante robo de tan buen grado.

En este club de los sobrevalorados el Real Madrid sabe hacer buenas operaciones. Vendió a Higuaín al Nápoles por casi 40 millones de euros (a los merengues les costó 12) y al año siguiente sacó al Manchester 75 kilos por Ángel di María. Por rendimiento, por trayectoria, por edad, por mil razones, ninguno de estos dos jugadores valen esas cifras. Pero ahí les tienes…

Claro, como le dije yo a un amigo mío en plena burbuja inmobiliaria: no importa lo que valga una casa de verdad, lo  importante es que aparezca un tipo y pague lo que se le pide por ella. Y con los futbolistas pasa tres cuartos de lo mismo. Puedo pasarme las semanas predicando en el desierto, que si llega la Juve y suelta 90 millones por Higuaín, ya está dicho todo.

Otro tipo de fichaje que me llama la atención es la del jugador que no está, bajo ningún concepto, a la altura del club comprador, pero por algún extraño arcano, el club comprador no piensa lo mismo… al menos en el momento de la compra. Estoy pensando, por ejemplo, en Aleix Vidal, que después de una temporada en Sevilla, lo vendió al Barcelona por 17 millones. En fin, eso es tirar el dinero. Vidal es un buen jugador para su penúltimo club -donde, no lo olvidemos, era un jugador importante pero no indiscutible– o para el Valencia o el Villarreal…

Aleix Vidal celebra gol SevillaPero tipos como Vidal los puede encontrar el Barcelona por la mitad de lo que pagó por él si de verdad tuvieran una dirección deportiva seria y competente. En defensa del Barcelona también hay que decir que a estos equipos les cuesta mucho comprar barato.  Si ese mismo verano, hubiera sido el Valencia el que hubiera ofertado por Vidal, dudo mucho que en Sevilla hubieran pedido más de 8 ó 1o millones. De su rendimiento, poco puedo añadir salvo que su situación deportiva, a mi, personalmente, no me sorprende en absoluto. Si acaso, que todavía siga en el club azulgrana…

El último sablazo del verano lo han vivido, para regocijo coruñés, con el traspaso de Lucas Pérez al Arsenal por 20 millones de euros. Concurren en este caso dos agravantes.  Por ejemplo, ¿quien decide en el club inglés que Lucas Pérez vale ese dinero? ¿Tan saneada está la economía del club londinense para soltar con esa alegría toda esa pasta? Es decir, la primera cuestión es que Lucas, a su nivel, no vale esa cantidad. Y la segunda, con franqueza, Lucas no tiene la calidad suficiente para jugar en el Arsenal, al menos en ese Arsenal que nos vende Wenger todos los años para pelear la Premier y hacer un papel digno en Champions. Al final de temporada, Lucas habrá jugado 20 ó 25 partidos, anotado 10 ó 12 goles -en un arranque de optimismo-. Y en un verano o dos estará de vuelta en el Depor. Y todos tan felices.