En algún sitio he leído a Cristiano Ronaldo decir que nunca podrá olvidar el año 2016. Campeón de Europa con Portugal y de la Champions con el Real Madrid, y Balón de Oro. Desde luego, es un hito para tener siempre en la memoria. No creo que haya sido el mejor año del portugués en cuanto al juego, que es lo que debería tener en cuenta un galardón que es INDIVIDUAL, pero eso ya es lo de menos.

Las loas y elogios que CR7 ha recibido en el último semestre del año empiezan a tornarse en críticas por su bajón de juego. Pero esto no debe sorprender a nadie. El Real Madrid de Zidane, que ha batido el récord de partidos invictos, que empezó el año (2017) con un 3-0  en Copa del Rey frente al Sevilla -para muchos el mejor partido de la era Zidane- ha pasado en cuatro días (los que van del 15 al 18 de enero) a estar en crisis, al sumar dos derrotas consecutivas y ganar en la última jornada de Liga al Málaga sin mucho brillo.

Cuando vives en un país en el que tanto la opinión pública como el aficionado de la calle es capaz de bandear su estado de animo de un día para otro y pasar del éxtasis a la profunda depresión sin mediar explicación alguna, CR7 y Zinedine tienen que acostumbrase a estas cosas, si no lo están ya. La afición del Bernabéu, que dicen que es lista de narices, runrunea (y no de placer) cuando CR7 toca el balón y algunos valientes incluso le pitan. Son los mismos que dentro un mes o dos, si es necesario, besarán (de nuevo) por donde pise el portugués.

Cristiano Ronaldo besando Copa Europa

Decía Zidane que los jugadores necesitan cariño y el entrenador, a veces, también. Y no le falta razón. Cuando tu público y la “prensa especializada” empieza a dudar de ti por dos resultados malos entre 43 buenos, ahí queda dicho todo. Lo que hace dos semanas eran virtudes en la dinámica de trabajo de Zidane, ahora son claros errores de planificación. Con tal profundidad de análisis es tontería intentar dialogar con nadie que defienda estas posturas.

Pero iba este artículo, mayormente, para intentar explicar el bajón de juego de CR7. Se me ocurren mil razones, quizá la principal es que “el bicho” es tan humano como servidor, y a pesar de todo, pasa por momentos buenos, regulares y malos como todo ser viviente. Si la vida es una montaña rusa, después del pico que ha supuesto su coronación en 2016, es comprensible el bajón de juego que está sufriendo. No obstante, defiendo otra teoría, aparte de lo ya comentado, que paso a explicar, para lo cual necesito remitirme a otro deporte: el tenis.

A pesar de la tiranía exhibida en los últimos años por Novak Djokovic, creo que la rivalidad que han mostrado en la pista de tenis Rafa Nadal y Roger Federer ha sido antológica. Han jugado partidos memorables (las finales de Wimbledon de 2007 y 2008, la del Open de Australia de 2009), encarnando dos estilos de juego diametralmente opuestos. Nadal es, por encima de todo, un tipo que basa buena parte de su juego en el físico. Cuando este le acompaña, es imbatible. Cuando surgen los problemas, las molestias y las lesiones, su nivel de juego se resiente. Por el contrario, Federer es el talento puro. Su tenis es elegante, sus golpes parecen envueltos en la seda más lujosa y a diferencia de Nadal, que gana porque devuelve siempre la bola imposible, Roger hace que la bola sea imposible de devolver.

Actualmente, Federer tiene 35 años y luce el puesto 17ª en el Ranking ATP debido, sobre todo, a una larga baja por lesión en 2016. Nadal es 9º a sus 30 años, también con muchas lesiones en los últimos dos o tres años. Es de esperar que en las próximas semanas, ambos mejoren su ranking pues su nivel de juego parece recordar, siquiera lejanamente, al de hace unos años. Sin embargo, me juego lo que sea a que Nadal no llegará tan lejos en su carrera profesional. Nadal no cumplirá 35 años jugando al tenis y si lo hace, no será en los puestos más altos de la ATP. Su cuerpo no se lo va a permitir. Su estilo de juego necesita a su físico, y el físico, poco a poco, le va fallando. No sé cuanto le queda de carrera a Federer, pero por encima de su ranking, que poco a poco irá bajando, le veo capaz de seguir ganando cada año dos o tres torneos, aunque sea casi a modo de divertimento. Saco, voleo, una derecha ganadora, pin, pam, pum. Partido ganado con un esfuerzo mínimo. Su talento le dará para esto, si él quiere.

Cristiano Ronaldo celebrando gol Portugal

Vaya todo esto porque creo que Cristiano Ronaldo es el Rafael Nadal del fútbol mundial. CR7 es el futbolista súper profesional, ese que se cuida al milímetro, un trabajador infatigable, ese tipo que sabe que necesita estar al 100% para dar todo lo que tiene, que se cuida hasta extremos imposibles para ser ese jugador que ha deslumbrado durante muchos años (y seguirá todavía dando alegrías, que nadie se preocupe por ello).

Pero deber quedar claro que el mejor CR7 ya le hemos visto y no va a volver. De aquí en adelante, lo que le espera al portugués es un suave declinar deportivo. Muy suave, vale. Pero hay que olvidarse de esas temporadas de 50 ó 60 goles. CR7 no volverá ser el que ha sido. ¿Por qué? Porque la exigencia física que ha pedido a su cuerpo termina pasando factura, y la suya será esa. No digo que no siga siendo uno de los mejores jugadores del mundo, ni que pueda acabar la Liga con 25, o quizá 30 goles. Pero esta temporada no llegará a los 50, y quizá la que viene ya no pase de los 40 (ojo, que eso no es moco de pavo: cuantos jugadores firmarían la mitad de sus estadísticas).

Por el contrario, Leo Messi sería el némesis futbolero de Federer. Más elegante, más técnico, menos físico, su problema de cara al futuro puede no ser tanto el agotamiento corporal como el mental y competitivo. Ha dado lo mejor de sí mismo gracias a la brutal exigencia que le ha impuesto CR7 y puede que a medida que éste le exija menos, su rendimiento baje. Pero Messi podrá seguir siendo el rey todavía varios años más porque su fútbol no se basa en su forma física si no en un talento descomunal que el portugués, desde luego, no posee. La clave estará en su cabeza y en la capacidad de mantener el hambre competitiva. A Messi le quedan muchos años buenos aún por delante.

Así pues, vayamos despidiéndonos de esa cotidianidad en las hazañas deportivas del portugués. Poco a poco, su rendimiento irá bajando. Su aportación al equipo será menor. Su presencia en las estadísticas será menos relevante. Dicho con otras palabras, si llegara este verano una buena oferta por él y yo fuera el hombre con el rostro de la dureza del cemento armado, no lo dudaría: lazo, agradecimiento por los servicios prestados y a pasar página.

Sobre El Autor

Existen 2 frases que me definen futbolísticamente: “Ningún jugador es tan bueno como todos juntos” (Alfredo Di Stéfano) y “En fútbol se pasa de puta a monja en cinco minutos” (Joaquín Caparrós).

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