Seamos sinceros, pocos en la ciudad de Sevilla esperaban un comienzo tan brillante del equipo del barrio de Nervión. Las alabanzas en la fase de planificación y confección de plantillas iban dirigidas en su totalidad al buen trabajo que está haciendo Lorenzo Serra Ferrer en el Real Betis Balompié. El murmullo en la ciudad aprobaba el trabajo de uno mientras que, como mínimo, dudaba del trabajo del motivador Joaquín Caparrós. Pero las dudas eran fundadas.

Fue el mismo Caparrós el que indicó que lo suyo no era el cargo de director deportivo. Reconozco que mi impresión fue que el amateurismo con el que Jorge Sampaoli colonizó las mentes de más de un aficionado y de buena parte de la dirección ejecutiva del club, se había desplazado del equipo a los despachos. Caparrós negaba ser director deportivo pero se presentaba como director de fútbol. Todo parecía fruto de la improvisación allá por los meses de junio y julio. Paco Gallardo y Carlos Marchena se unían a Caparrós de forma que el cuerpo técnico de los últimos partidos de la liga pasada, que sí, que todos sevillistas y muy profesionales, pero que habían llegado a finales de abril con unas condiciones y con unos objetivos, de la noche a la mañana comienzan a regir los designios deportivos de una sociedad de las dimensiones del Sevilla Fútbol Club.

Cuanto menos esas semanas fueron desconcertantes. Pero, a toro pasado, nos damos cuenta de la lógica de las decisiones tomadas. La primera fue la de acertar con el entrenador. El perfil era claro, alguien que necesitase del Sevilla para crecer. Joven, con carácter, trabajador y con todo por demostrar y, a su vez, todo por conseguir. Llegó Pablo Machín. En la plantilla existían dos problemas fundamentales, el desgaste de la relación de Sergio Rico con la afición y las salidas de tono de Steven N’Zonzi. No es baladí que dos de los primeros en llegar fuesen futbolistas como Tomas Vaclik o Ibrahim Amadou.

Presentación de Pablo Machín en el Sevilla

Pero estos futbolistas gozaban de una fama y reconocimientos muy relativos y, recordemos, que no eran traídos por la magia y el conocimiento de Monchi, sino por Caparrós, alguien muy verde en las negociaciones, como muchos nos encargábamos de recordar casi a diario. Llegaron más futbolistas y todos con una cosa en común: ninguno despertaba tanta ilusión en el socio y el aficionado como el que no se fichaba. Por el camino no se ficharon a jugadores como Duje Caleta Car, que está teniendo un difícil comienzo en Marsella, Michy Batshuayi o Mariano Díaz. Caso sangrante es el del delantero, ya que al no lograr el fichaje de los rutilantes jugadores del Valencia y Real Madrid, Caparrós apostó por André Silva como único refuerzo en punta, que había anotado dos goles en el AC Milan la temporada anterior.

El Sevilla se presentaba en los partidos de las previas de la Europa League sin brillo pero con solvencia. Generaba dudas. Nuevo sistema, jugadores no reconocidos, veteranos que ya no mantienen el nivel suficiente para las pretensiones del equipo, demasiados problemas. La presentación ante el Rayo Vallecano en Liga fue engañosa. El Rayo también había tenido sus problemas de planificación y al Sevilla le salió un partido lleno de eficacia. Después llegaron el empate ante el Villarreal en el Ramón Sánchez Pizjuán, la derrota ante el Betis y la impotencia ante el Getafe, de nuevo en casa. 0-2 y una importante pitada del respetable en contra de la gestión del presidente Pepe Castro.

El equipo sufría lesiones graves, daba síntomas de falta de inteligencia técnica y no tenía gol. No tenía gol. Las lesiones sirvieron para realizar dos movimientos fundamentales. El primero, la necesidad de reconvertir a Franco “el mudo” Vázquez en medio centro creativo. El segundo, la entrada de Wissam Ben Yedder como pareja atacante de André Silva. Desde ese momento todo funcionó, como si fuese un engranaje que ya estaba ahí, pero que nadie había enchufado.

Hoy todo el mundo conoce a André Silva y a Tomas Vaclik como dos de las sensaciones de la Liga. Con ellos el Sevilla recupera dos valores que se habían perdido en temporadas anteriores, el dominio de las dos áreas. Franco Vázquez, acompañado del talento de Éver Banega forma un centro del campo técnico y no exento de fortaleza, la defensa se muestra sólida, los delanteros acertados, y además, en el Sevilla juega un tal Jesús Navas…

Pocos se acuerdan ya de los inicios de Caparrós en los despachos, pero seamos prudentes, esto acaba de empezar, desde el equipo nos recuerdan el mensaje de mirar solo al partido siguiente. Hay muchos lesionados y algunos jugadores parece que no se quieren subir al carro.

Equipo titular en la Final de la Copa de la UEFA del año 2007

El Sevilla no era líder en una jornada tan avanzada desde la temporada 06/07, cuando era entrenado por Juande Ramos, objeto de pitidos en sus comienzos como entrenador del club. En aquel equipo jugaban Palop, Daniel Alves, Javi Navarro, Poulsen, Kanouté, Renato o Luis Fabiano (también Navas). Piensen en quiénes eran antes de llegar al Sevilla FC. Pues eso. Recuerden las palabras de quien trajo a todos estos jugadores: “no existen malos fichajes, sino malos rendimientos”. Octava jornada, disfruten porque no siempre se puede ser el líder inesperado.

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