Durante toda la temporada (ya se venía rumoreando la 2014-15) al clon ibérico de José Mourinho lo situaba la leyenda urbana en Cataluña, concretamente, sentado en el banquillo del F. C. Barcelona. Sí, me estoy refiriendo a Luis Enrique, ese hombre hosco, antipático, de mentón prominente, el rey del monosílabo cuando no está de humor… Podemos estar de acuerdo en que, efectivamente, Luis Enrique, en la sala de prensa, no es el hombre más popular del mundo.

Mi suicida tendencia a defender lo indefendible me hace poner el foco en el otro lado de la barricada, en la prensa, en las preguntas que tiene que responder a veces, en las insinuaciones que tiene que desmentir a veces, en las explicaciones técnicas, tácticas o físicas que tiene que dar a veces. Y pienso, “joder, si a mi me preguntaran eso, contestaría igual… o peor”. Pero centrémonos. El antipático Luis Enrique no creo que sea el Mourinho español. Su antipatía por la prensa, justificada o no, es todo aquello que podemos equiparar con el gran técnico portugués. Pero yo no le he oído quejarse de los árbitros, del césped, de las confabulaciones de la LFP, de la UEFA o de la FIFA o de sus propios jugadores. Será poco simpático, no digo yo que no, pero no ha resultado, en líneas generales, un tipo tan polémico como el de Setúbal.

Pero sí tenemos en la Liga española un clon mediático de Don José. Me estoy refiriendo a Marcelino García Toral, ese hombre de rostro agriado, peleado con el mundo y su entorno, capaz de encontrar siempre una justificación a un mal resultado, y sólo esporádicamente, esa justificación ha podido salpicarle. Sí. Marcelino es el Mou español. Y el día que fiche por un equipo grande, y eso, tarde o temprano, terminará sucediendo porque es uno de los mejores entrenadores españoles, lo veremos con claridad. Expondré mi teoría.

Su trayectoria como entrenador me encandiló desde el principio. Empezando desde abajo, como hay que empezar. Entrenando al Lealtad, luego al filial del Sporting, más tarde al primer equipo, y luego al Recreativo de Huelva, y luego al Racing… Marcelino se especializó en conseguir petróleo con un par de guijarros, y obtenía de sus plantillas rendimientos insospechados. Al Sporting le dejó casi a las puertas de Primera, al Recre le ascendió, y en el año de su regreso a Primera acabó octavo -el Recre, ojo-; luego, al Racing de Santander le clasificó para competiciones europeas y le llevó hasta semifinales de la Copa del Rey. Cogió al Zaragoza en Segunda y le dejó en Primera; cogió de nuevo al Racing a puestos de descenso y consiguió mantener la categoría… No se puede hacer más con menos. Me gustaba su talante, su humildad, su ética de trabajo… Se veía que su trayectoria podía ser grande, buena, excelente, de menos a más…

Su primera gran oportunidad le llegó cuando el Sevilla le ficha en la temporada 2011-12, un Sevilla que ya se parecía a lo que es ahora. Era su gran oportunidad. Pero le vino, insospechadamente, grande. Fue destituido después de 22 jornadas, paradójicamente después de perder contra el Villarreal. Su paso por la capital hispalense se caracterizó por la bronca continua, por el enfrentamiento con la afición, con jugadores, por las justificaciones inocentes de derrotas increíbles… Cierto es que en su rueda de prensa de despedida, Marcelino derramó unas lágrimas, y no seré yo quien diga que eran falsas, pero sí que el Marcelino García Toral que se vio en Sevilla esbozaba ya las características que en el Villarreal ha hecho su marca de casa.

Mediada la temporada 2012-13, el Villarreal, recién descendido a Segunda división le fichó como revulsivo para lograr el ascenso. Y Marcelino lo logró. En 21 partidos su balance fue de 13 victorias, 6 empates y 2 derrotas, lo que la valió la segunda posición y por lo tanto, el ascenso directo a la Liga BBVA. Desde entonces, su trayectoria en el equipo castellonés es impecable. 6º en Liga en la temporada 2013-14 y 2014-15, 4º este año, semifinalista de Copa en 2015, semifinalista de la Europa League este año… Sería injusto pedirle mejores resultados.

Marcelino rueda prensa Villarreal

Sin embargo, su paso por el Villareal nos está mostrando a un entrenador antipático -no menos que Luisen-, con quejas continuas por los arbitrajes, del estilo “en la jugada que precede al saque de banda que vino precedido de una falta inexistente de no sé quien…”. En fin, puedo decir porque así me lo parece que Marcelino es de esos entrenadores que empiezan a preparar el partido en la rueda de prensa del último que han jugado.  Parece tener especial tirria al Athletic (ha tenido broncas con Valverde, con Aduriz, les acusó hace un año de que los árbitros les beneficiaban mucho…) y este año también ha montado su especial numerito con Jurgen Klopp. Y todo, siempre, salpimentado por críticas continuas y permanentes al colectivo arbitral.

Pero el colmo de los colmos tuvo lugar en la última jornada de Liga. El Villarreal, ya clasificado para la fase previa de la Champions, jugaba el último partido en El Molinón contra el Sporting. Su equipo no se jugaba nada, sería cuarto pasara lo que pasase, pero si el Gijón ganaba, se mantendría en Primera División, con independencia de lo que hicieran el Getafe y el Rayo Vallecano, los otros dos equipos implicados en el descenso. En la rueda de prensa del post-partido Villarreal-Depor (0-2) dijo que “ojalá el Sporting se mantenga porque es lo que siento”. Y remató la faena su señora esposa con un twit después de la derrota del Villarreal por 2-0 frente al Sporting: “Me voy de Asturias con el trabajo hecho!!!! Os dejamos en Primera”.

Las reacciones fueron inmediatas porque hay que ser muy inocente para no pensar mal. Pero no es mi caso. Yo estoy segurísimo, vamos, metería la mano en el fuego, y no estoy ironizando, porque Marcelino no “incentivó” la derrota de su equipo. No me le imagino en el vestuario diciendo a sus chavales, “Venga, al tran tran, que nos metan dos tranquilamente y nos vamos de vacaciones”. Lo siento, dudo mucho que ningún profesional, y Marcelino lo es, se deja ganar un partido aunque esté su equipo del alma implicado, como era el caso. El día que me lo demuestren, pues me la envainaré. Pero mientras tanto, a pesar de la antipatía que por él profeso, defiendo la honestidad de Marcelino. Así que por ahí no paso.

Ahora bien, no puedo compartir sus quejas, una vez más, después del partido. Una vez más, la gestión del conflicto que ha hecho Marcelino ha vuelto a situarle a él como víctima del mismo, y se ha negado a pedir disculpas por lo poco oportuno de sus declaraciones y las de su esposa. En este caso, han sido dos sus líneas de defensa: “Por lo visto lo que dije fue inoportuno, sabiendo lo que ha pasado igual no lo volvería a decir. Quizá pequé de sincero, hablé con el corazón, igual no estuve listo”. La segunda: “Lo que más me ha dolido es la utilización que se ha hecho de mi mujer. De lo que escribió mi mujer en las redes sociales me enteré cuando aterrizamos en Castellón”.

Marcelino VillarrealQuerido Marcelino, si en el último partido de Liga tu te estás jugando el descenso, y para ello necesitas que en un Espanyol-Athletic, el Espanyol pierda; y antes del partido, Ernesto Valverde dice que el no quiere que el Espanyol baje a Segunda; y luego el Espanyol gana 1-0 y la mujer del Txingurri comenta en una red social “Lo hemos conseguido, nuestro Espanyol sigue en Primera, donde tiene que estar!!!”, ¿tú qué habrías dicho? Exactamente lo mismo que hemos oído en Vallecas y Getafe.

Habría bastado pedir disculpas, reconocer el error, reconocer que cuando hay tanto en juego, el cuidado con lo que hacemos y decimos tiene que ser extremo. Pero no, una vez más, decidiste subirte al balcón de la soberbia para acusar a tus enemigos.