Cuando hace un año Leo Messi escuchó a Cristiano Ronaldo, mientras recogía su tercer Balón de Oro, decir que esperaba empatarle a cuatro en la siguiente edición, algo despertó en su interior. Fue en ese momento en el que La Pulga que se había vuelto algo caprichosa e indolente, molesta con su entrenador, desubicada en el campo, renqueante de lesiones pasadas, herida por las oportunidades perdidas con la Selección y por el consiguiente desdén de sus paisanos, decidió que ese par de años oscuros habían llegado a su fin. La infinita determinación del portugués le acechaba en el palmarés de tan glorioso premio y no le quedó más remedio que reaccionar para retomar su lugar en la historia.

Pero el Messi de 2015 no ha sido el de años anteriores, como el recientemente fallecido David Bowie, ha sabido reinventarse desde la genialidad, se ha acoplado a sus dos compañeros de delantera, Neymar y Luis Suárez, y, como los tres mosqueteros, se han beneficiado del “uno para todos y todos para uno” para brillar individualmente desde la generosidad colectiva. Este nuevo Messi baja a recibir y elaborar, ocupa la mediapunta, distribuye en tres cuartos de cancha, recibe pegado a banda o termina las jugadas llegando desde atrás. Ha olvidado su función de falso nueve, en la que muchas veces acababa ahogado y sin salidas posibles ni tan siquiera para él, y ha diversificado las opciones que da con su juego.

Este cambio de juego y de actitud le ha restado, a buen seguro, capacidad de golear, pero le han convertido en mejor futbolista, en mucho más completo. Se trata de una reconversión madura muy diferente a la de su gran rival, Cristiano Ronaldo, que con la edad ya no muestra largas cabalgadas y se centra en el remate en área, para lo que su físico le convierte en un súperdotado. Mientras uno se aleja del área para participar más en el juego, el otro se acerca más a la portería rival para centrarse en el gol. El resultado ha sido claro, el argentino ha recuperado el trono.

Personalmente, me parecía exagerado pensar que Neymar podría superar a Cristiano en el segundo escalón por varios motivos. El primero y fundamental, que a pesar de la gran temporada del brasileño y de la orgía de títulos blaugrana, el portugués volvió a ser mejor. La superioridad que en esta época tienen Messi y Cristiano es aun inalcanzable para el resto, aunque en lo que va de la presente temporada Neymar pueda estar plantándoles cara. Un segundo motivo nada desdeñable es el voto “por costumbre”. En muchos casos se vota a algunos jugadores porque se sabe que son muy buenos, no tanto porque lo hayan sido en el año anterior. Fue el caso de Messi en anteriores ediciones, que logró segundos puestos en años en los que había estado bastante por debajo de su nivel.

Hablando del resto de premios de la gala, también cabría citar ese voto por costumbre para designar el once del año. En esta ocasión, repite Neuer en portería, también Ramos y Thiago Silva en la defensa, donde entran Marcelo y Dani Alves por Lahm y David Luiz. En el centro del campo solo repite Iniesta (el único español del once) y llegan Modric y Pogba por Kroos y Di María. Arriba, los tres mejores del año: Messi, Cristiano y Neymar, que sustituye a Robben de la terna pasada.

Gala FIFA 2015

Sorprendió el mejor gol del año, para el modesto brasileño Wendell Lira por encima de Messi y el romanista Florenzi. Entre los entrenadores no hubo sorpresas, el multicampeón Luis Enrique fue el ganador aunque, en una muestra más de su extraño carácter, no fuera a recogerlo. Tampoco acudió Guardiola, de manera que el único de la terna presente en la gala fue el tercer clasificado, el seleccionador de Chile Sampaoli.

El Mundial marcó la elección en el ámbito del fútbol femenino. Así, el campeón, Estados Unidos, copó los premios de entrenadora y jugadora. El podio de los técnicos estuvo copado por seleccionadores: Jill Ellis, la entrenadora campeona del Mundo, se llevó el premio superando al de Inglaterra, Mark Sampson (estaría bien ver algún día a una entrenadora en el podio del premio masculino), y a la japonesa Norio Sasaki. Entre las jugadoras, el galardón fue la gran estrella del Mundial, Carli Lloyd, inolvidable fue su gol desde el centro del campo en la final e incomprensible que no estuviera entre los tres mejores goles del año. La jugadora de los Houston Dash lanzó a las norteamericanas a por su tercer título Mundial.

Pero, más allá del brillo y el oropel propio de la fiesta, me gustaría destacar, cuando todo en el fútbol nacional parece una disputa entre Messi y Cristiano como analogía de la eterna batalla entre Real Madrid y Barça, la gran cordialidad con la que ambos astros se tratan, casi cercana a la amistad o, al menos, a la complicidad de quienes habitan en el Olimpo retándose continuamente uno al otro. Muchos deberían aprender de ellos.

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