En un partido tenso y trabado, jugado con más igualdad que lo que el 3-0 final pareciera reflejar, el PSG se llevó los tres puntos ante el Olympique de Marsella en el duelo de rivalidad más clásico del fútbol francés. Pudo haber salido más contento del duelo el equipo de Émery, pero la lesión en los últimos minutos de Neymar, con un esguince de tobillo de gravedad no confirmada, supone un importante contratiempo en las fechas clave de la temporada.

Los 13 puntos de diferencia a favor de los líderes parisinos descafeinaban de antemano el choque en lo que a importancia para la clasificación se refiere, pero teniendo en cuenta que el Mónaco, segundo clasificado, ya estaba a doce y que el Olympique de Lyon, cuarto, está ya a 19, nada tiene emoción en lo referente a la pelea por el título en Francia. Si acaso, para el Olympique, tiene interés la lucha por la segunda plaza para tratar de evitar la previa de Champions.

Pero el interés estaba más en la rivalidad existente, que derivó en un partido duro que acabó con once tarjetas amarillas, y en el hecho de que el miércoles repitan de nuevo cruce en los cuartos de la Copa de Francia. Aparte, ambos equipos andan metidos en competición europea y, sobre todo para los parisinos, la Champions debe ser esta campaña el objetivo fundamental.

Émery, con las bajas de Verratti y Yuri, planteó el partido con su 4-3-3 habitual, centrado en que los de arriba rompieran la baraja con su gran calidad. Así, formó con Areola bajo palos, una de las asignaturas pendientes por reforzar en este PSG, un Kurzawa algo impreciso en banda izquierda y Alves, que asomó con acierto en ataque, por la derecha. Los centrales, Thiago Silva y Marquinhos, sufrieron mantener a raya los intentos ofensivos de los marselleses.

El veterano Lass Diarra ejercía de escoba en el centro del campo sin muchos problemas. Le acompañaban Rabiot, cubriendo tanto terreno como de costumbre, y Lo Celso, más liberado como interior que en la posición de mediocentro que ocupaba últimamente. Arriba, empezó el tridente de lujo. Neymar tuvo uno de esos días en los que está más pendiente de desquiciar al rival que en jugar de manera productiva, aun así, brilló hasta salir lesionado (y dejó enfadados a los del OM con su actitud). Cavani anotó un golazo de ariete puro, oxígeno el juego del equipo con su movilidad y lideró la presión sobre la defensa. Mbappé fue, en mi opinión, el mejor jugador del partido, a pesar de que Émery le retirara a falta de media hora para el final, hecho por el cual se fue visiblemente enfadado abriendo un nuevo cisma en el convulso vestuario parisino. También jugaron, saliendo desde el banquillo, Motta, con la intención de ir cogiendo ritmo, Di María, como opción para la contra, y Draxler, un talentazo algo infrautilizado.

Neymar abraza a Mbappé

Ampliando sobre Mbappé, no solo abrió el marcador mostrando fe y calidad, sino que fue el atacante que más quiso participar en los últimos 30 metros parisinos, siempre vertical, encarando con brillantez y desparpajo. Le falta controlar un poco mejor su salvaje potencia, que le hace descarrilar en ocasiones, pero estamos, sin duda, ante un crack para muchos años.

El Olympique de Marsella, a las órdenes de Rudi García, formó con un 4-2-3-1 que demostró un buen trabajo previo de preparación del partido, pero que no obtuvo resultado en el marcador. Pelé sustituyó al ausente Mandanda en portería, sin dejar demasiada sensación de firmeza. Los laterales Amaví y Sakai sufrieron mucho con Neymar y Mbappé, a los que a duras penas podían frenar. En el centro de la defensa, Rolando y Rami estuvieron sobrios sin grandes brillos. Sobre todo el brasileño, que se anotó en propia puerta el segundo tanto y sufrió la magistral maniobra de Cavani en el tercero.

Luiz Gustavo, el motor que mueve a este equipo desde el centro del campo, estuvo bien defendido por los locales, Emery preparó bien al equipo para cerrar la salida por esa vía. Le tocó cargar con la organización del juego a Zambo, el camerunés estuvo voluntarioso, pero no muy dotado para esas lides. Por delante, Lucas Ocampos en la izquierda estuvo poco fino, pudo ganarse la expulsión por un pisotón en el tobillo de Alves, y se acabó ganando el cambio antes del descanso por su escasa aportación. En la derecha, Thauvin, el desatascador de este equipo, un geniecillo que ayer dejó detalles pero no pudo mostrar todo su repertorio. Por el centro, Payet atrajó, como es habitual, mucha presencia, pero no encontró portería. En punta, el trabajador Valerie Germain, que tampoco tuvo mucho éxito en los últimos metros. Desde el banquillo aparecieron Sanson, que dio más presencia ofensiva al equipo, Bouna Sarr, que fortaleció la defensa desde la banda, y Clinton N’Jie, que revolucionó aunque tal vez estuvo un poco descontrolado.

Fue un partido abierto en el desempeño del juego de ambos equipos. Ninguno de los dos tuvo continuidad en el dominio del balón en el centro del campo, pero ambos lograban acercarse al área rival con sensación de peligro. Tras algún balón colgado sobre el área del PSG, pasaban solo diez minutos del arranque cuando Alves buscó por la derecha en profundidad a Mbappé. El corte que parecía bueno del lateral Amaví se quedo en tierra de nadie, allí la velocidad y disposición de Mbappé resultaron implacables. Cazó el balón muerto, tiró un par de amagos y remató certeramente al palo corto mientras el portero la buscaba en el lado contrario. El PSG se adelantaba antes de merecerlo.

Hasta el segundo gol de los locales, a los 27 minutos, se vivieron los mejores minutos de fútbol del PSG en el partido. Tras varias llegadas y con el OM algo desactivado, Rabiot galopó por la izquierda en pared con Kurzawa, puso un balón atrás al punto de penalti desde línea de fondo, Neymar remató desviado, pero su compatriota y rival Rolando la impulsó hacia su propio marco. En ese último cuarto de hora y con la entrada de Sanson por Ocampos, el Marsella se acercó más, aunque con disparos lejanos o centros al área, sobre todo de Payet, que no encontraron peligro.

Tras el descanso, Thauvin protagonizó dos ocasiones de peligro gracias a su habilidad que fueron contestadas por el definitivo 3-0 a los diez minutos. Gran arrancada de Neymar por la izquierda, que centra raso a la frontal del área pequeña, donde Cavani recibe de espaldas, fija a Rolando, se gira a toda velocidad y bate con un zapatazo cruzado a Pelé. El Olympique llegaba, el PSG también, pero la efectividad estaba claramente del lado de los locales.

Entre discusiones, peleas, entradas duras y tarjetas, los visitantes tiraron de fe para multiplicar sus llegadas sobre el arco de Areola. En los locales se fueron Diarra y Mbappé (en un cambio que solo Émery entendió) y después Lo Celso, y trataron de buscar el cuarto en contras que, por imprecisión, no culminaron en gol. A pesar de unos 25 minutos de mayor dominio visitante, el marcador no se movió y terminó con 3-0 exagerado en cuanto a méritos pero justo en cuanto a pegada. Solo quedaba por ver la descomunal bronca en la que se vio involucrado Clinton N’jie con Marquinhos al poco de salir y la noticia con más recorrido del día: la lesión de Neymar. Tras un partido en el que recibió golpes y patadas, pero no dejó de intentar mostrarse y encarar con su estilo algo guasón, en un forcejeo con Sarr en el centro del campo pisó mal y cayó dolorido. Veremos si le da para llegar a la vuelta de Champions frente al Real Madrid.

Así las cosas y toda vez que Lyon y Mónaco pincharon, sigue líder el PSG, ampliando su distancia a 14 puntos sobre el Mónaco, 16 sobre el OM y 21 sobre el OL, que tratarán que luchar por el segundo puesto sin soñar ya siquiera con el campeonato.

Con la liga un poco más sentenciada si cabe, el PSG mira al próximo objetivo, volver a vencer a los marselleses en la Copa para buscar el doblete. Pero de reojo, y con Neymar en el dique seco, miran también hacia el gran día, la vuelta de Champions ante el Real Madrid, que presenta desde ayer un nuevo problema más.