Si tras varias semifinales con Real Madrid y F.C. Barcelona nunca se ha concretado la “final del siglo” entre los dos trasatlánticos del fútbol español, la “final madrileña” va camino de convertirse en fija para los años pares. Si el martes los atléticos hicieron un ejercicio de resistencia para pasar, lo de ayer parecía otra competición, casi otro deporte. Con un ritmo más suave, los locales merecieron cerrar el pase antes, pero ni siquiera en el arreón final de los ingleses parecían estar jugándose el pase a una final de la Champions.

Desde su clara inferioridad como equipo y como plantilla, el City decidió no rebelarse, pareció ir a dejar pasar el tiempo hasta los últimos minutos y, aun no sabe cómo ni por qué, llegó vivo en la eliminatoria hasta el final, aunque solo diera un susto con el disparo lejano de Agüero en el minuto 88.

Así las cosas, el Real Madrid, con el aviso de las importantes bajas de Casemiro y Benzema, se tomó el partido en serio, fue mucho más consciente que su rival de lo que se estaban jugando e hizo prevalecer su calidad, experiencia y hambre. Notó mucho menos que su rival las bajas (al City le pesó no tener a Silva, perder a Kompany a los 10 minutos y que Sterling aun no haya recuperado la forma), tuvo en Jesé a un buen aliado para Bale y para el milagrosamente recuperado Cristiano, e incluso tuvo un punto de fortuna con la forma de conseguir el gol.

A los 19 minutos, la arrancada de Bale en la parte derecha del área citizen culminó con un pase cruzado que Fernando convirtió involuntariamente en dinamita para su portería. La pelota rebotada en el defensa encontró la escuadra diestra del marco de Hart. No creo que se lamenten en exceso los ingleses por haber quedado eliminados con un gol así, ya que la diferencia de méritos durante toda la eliminatoria ha sido notable.

Gareth Bale celebra gol

Siguió dominando el Real Madrid, donde la categoría de Modric, que vale por Casemiro, por él mismo y hasta por Kroos cuando hace falta, les dio el control del centro del campo. Enfrente, el duo Fernando – Fernandinho, con la inestimable colaboración de un Yayá Touré con formas de exfutbolista, lucían claramente insuficientes para gestionar la medular de un equipo con estas aspiraciones (Guardiola habrá tomado nota). Con las esporádicas oleadas de Cristiano o de un animoso Bale, los blancos daban una sensación de peligro infinitamente superior a un City en el que Navas lo intentaba sin compañía a la que mandar un centro, el Kun naufragaba peleando incómodos balones entre dos centrales físicamente muy superiores y De Bruyne se mostraba como un talento algo inmaduro aun.

Cuando Pellegrini decidió acabar con la broma de Touré para dar entrada a Sterling, el City se volvió algo más vertical, pero sin presencia en el área. Parecía el escenario propicio para que el Real Madrid sentenciara a la contra, pero Hart, la fortuna adversa o algún desacierto lo impidieron. Incluso pudo haberse complicado el Real Madrid si el entradón de un sobreexcitado Lucas Vázquez a Sterling hubiera sido sancionado con expulsión, pero no hubiera sido justo en absoluto.

Se planta el Real Madrid ante el reto de volver a levantar la Copa de Europa repitiendo su última final. Aquella vez, en Lisboa, les tocó remar hasta el minuto 93 para sentenciar en la prórroga. Saben que esta vez tampoco será fácil, el Atlético ha eliminado a dos de los tres últimos campeones y siente que ya le toca traerse el título después de dos finales a las que les sobraron pocos minutos. Será el 28 de Mayo en Milán y, por encima de los colores de cada uno, esta repetición es un motivo de orgullo para todos los madrileños.

Por cierto, que según dejó caer Cerezo hace algún tiempo, tras la final de 2017, que será en Cardiff, la de 2018 (de nuevo año par, como el 2014 y el 2016) será en el nuevo estadio del Atlético de Madrid ¿se apuntarán los mismos contendientes a repetir final en casa?

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